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La Inteligencia Social y el Liderazgo

Hace casi 20 años asistí a un seminario especial de liderazgo, en el que me enseñaron que el estilo vertical de mando y ordeno en las empresas, ese estilo intimidante del jefe/ogro, había llegado a su fin. Aprendí que las nuevas fórmulas de dirección se basaban en el trabajo de equipo, y que la misión más efectiva de los jefes era estimular las ideas de sus subalternos, de sus propios jefes y de sus iguales, con el fin de que ese equipo se convirtiese en un aparato verdaderamente productivo, con capacidad para funcionar en un ambiente de absoluta armonía, como un reloj. Nada de lo anterior significaba que el jefe tenía que dejar de ser jefe.

Por experiencias recientes de ciertos amigos, pensé que la era de estimular a un equipo humano para lograr ese objetivo, había muerto antes de consagrarse. Los nuevos estilos parecen estar encaminados fundamentalmente a dejar muy claro que el jefe es el jefe y el subalterno es el subalterno. Punto. Que el talento y la experiencia no cuentan. Que las ideas del equipo carecen de valor. Que es peligroso, inclusive, ganar mucho dinero como supervisor o empleado, porque te pueden despedir para contratar a un joven por menos dinero. Que la competencia viva del mercado laboral que hizo grande a Estados Unidos y otros países, agoniza en medio de sacudidas tecnológicas, mediocridades y miedos de los jefes y presiones de accionistas, elementos que provocan un derrumbe moral de los empleados.

Cuál fue mi sorpresa al descubrir en la revista Harvard Business Review, un formidable ensayo firmado por los académicos Daniel Goleman y Richard Boyatzis, con el espectacular título de Social Intelligence and the Biology of Leadership (La inteligencia social y la biología del liderazgo). Nada de especulaciones ni ficciones del intelecto. A puro golpe de neurociencias, los autores narran el descubrimiento de las "neuronas espejos", células cerebrales dedicadas a la interacción, que captan y reproducen los estados de ánimo de la persona con quién hablamos. En materia de liderazgo, el que sabe estimular esas neuronas en otros, puede mover montañas, mucho mejor, por supuesto, puede movilizar a un equipo de trabajo que compite en la compleja economía global, de nuestros días.

Estudios citados por los autores revelan que hay una brecha gigante de funcionamiento, entre el líder con inteligencia social y aquél con un pobre desempeño en ese campo. La inteligencia social de los jefes se crece, sobre todo, en los momentos difíciles, en los momentos de crisis. Ese líder está muy por encima de un colega suyo, cuya inteligencia es sólo emocional.

Lo más impresionante es que esos estudios científicos muestran que los empleados que trabajan bajo las órdenes de un jefe con un cociente bajo de inteligencia social consiguen tres veces menos los niveles productivos que se requieren, y se agotan emocionalmente cuatro veces más que aquellos que tienen un jefe con una inteligencia social alta.

Los resultados de estas investigaciones acerca de las modificaciones químicas del cerebro en el proceso de interacción entre líderes y subalternos, comenzaron a salir a la luz hace apenas cinco años. Los autores citan un estudio preciso hecho por su colega Claudio Fernández-Aráoz sobre supervisores de nivel C. Esa investigación revela casos de jefes que fueron contratados por su disciplina, nivel de motivación e intelecto que poco después tuvieron que ser despedidos por carecer de habilidades sociales. Lo ideal y difícil de conseguir, es una combinación de todas esas cualidades.

Este ensayo de Goleman y Boyatzis, seguramente, está calando en las mentes de decenas de miles de accionistas, ejecutivos de alto rango y estrategas de negocios que habitualmente leen la Harvard Business Review. Es obvio que en medio de una economía cambiante, el mundo empresarial requiere de cambios radicales de estrategias.

La moraleja es simple..., las empresas necesitan competir de manera sabia, con un equipo humano profesionalmente capaz y socialmente inteligente. De no hacerlo así, deben saber que van a morir en el campo de batalla frente al enemigo que esté mejor preparado, boca arriba, con los ojos abiertos y la lengua afuera.

(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José, Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).

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