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Cuba Más Allá del Concierto de Juanes

Cuando finalmente se produzca el polémico concierto del cantautor colombiano Juanes en La Habana, habrán pasado casi dos meses de controversias, y mucha gente se habrá enterado de cosas que ocurren diariamente en las profundidades del surrealismo cubano, que no conocían. Entre ellos, el mismo Juanes.

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De la misma manera que el mundo supo gracias a la visita del Papa a la pequeña y agobiada isla del Caribe, en 1998, que las Navidades habían sido prohibidas allí durante casi 30 años, sabrán ahora que Gloria Estefan, a pesar de haber nacido en Cuba, no puede entrar en su propio país, como tampoco lo pueden hacer el salsero Willy Chirino y el actor Andy García. Se han enterado ya de que a Celia Cruz, la Reina de la Salsa, el gobierno cubano le prohibió asistir en Cuba al entierro de su madre, por vivir exiliada en Estados Unidos.

Las controversias tienen sus ventajas, aun cuando en medio de ellas se produzcan sucesos penosos, como la destrucción de discos de Juanes que protagonizó en Miami, con todo derecho, un pequeño grupo de exiliados cubanos al que otros muchos criticaron, también con todo derecho. Entonces el tema de los derechos ocupará un lugar de tanto relieve como el que ocupa hoy día el propio Juanes en la música popular, con sus 12 premios Grammy Latinos, su Grammy en inglés y su extraordinaria popularidad mundial y, por supuesto, con su derecho a actuar en la Plaza de la Revolución. A propósito, muchos ya se han enterado también de que los dos cautautores que compartirán escenario con Juanes el día del concierto habanero, Silvio Rodríguez y Amaury Pérez Vidal, fueron firmantes de un documento de apoyo al fusilamiento de tres jóvenes y al encarcelamiento de 75 disidentes, en abril de 2003.

Cuba ha sido un caso excepcional durante los últimos 50 años. Su historial de protagonista de la Guerra Fría, escenario de una revolución popular que se transformó en comunista en menos de 18 meses, lugar en que se instalaron misiles nucleares apuntando hacia Estados Unidos, centro de entrenamiento militar e ideológico del movimiento guerrillero latinoamericano, eje de un largo conflicto con Estados Unidos y laboratorio de un experimento político, económico y social que ya fracasó hace casi 20 años, la convierten en una especie de fruta prohíbida que muchos quieren ver por dentro. Es inevitable, y tratar de impedirlo, es agotador.

En alguna ocasión compartí un momento con un colega suramericano que mostraba cierto grado de simpatías hacia la revolución de Fidel Castro. En nuestra plática, aquel hombre se enteró de que en Cuba no existía la propiedad privada, que los cubanos no tenían derecho a abrir una empresa. No lo podía creer. Otro colega, de nacionalidad chilena, me habló una vez de sus 15 días de confinamiento en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, durante los primeros momentos del golpe militar dirigido por Augusto Pinochet. Se asombró de mi comprensión hacia su experiencia, no lo esperaba de mí. Al final quedó estupefacto, al enterarse de que a la edad de 17 años yo había sido enviado a un campo de trabajos forzados durante tres años en la Cuba de su gran ídolo político.

En mis casi 30 años de ejercicio periodístico, he aprendido muchas lecciones. Debo admitir, como comunicador social, que la más importante ha sido la del valor del flujo de la comunicación, con la difusión seria y documentada de las ideas y los sucesos que nos han hecho sufrir. Nunca debemos dar por sentado que nuestros semejantes, ajenos a nuestra realidad, saben a ciencia cierta lo que hemos padecido. Nosotros tampoco sabemos en detalle lo que han sufrido nuestros semejantes. Hay que contar lo que nos ha pasado, y contarlo en lugares en los que haya mucha gente dispuesta a escuchar, fuera de nuestros círculos, sin rencores, sin reproches, sin arrogancia.

El concierto de Juanes dejará ver muchas tragedias de la Cuba profunda, que van a trascender la propaganda oficialista de presuntos logros revolucionarios en beneficio de un pueblo que hoy vive muerto de hambre y de miedo. Y todo ello va a ocurrir mucho más allá del concierto de Juanes, no por Juanes, sino a pesar de Juanes.

(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José, Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).

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