
La Opinión Puede Sobrevivir a su Crisis
Vientos huracanados, con rayos y centellas, soplan en casi todos los medios de comunicación en español de Estados Unidos, pero muy especialmente en el diario La Opinión de Los Angeles, que en septiembre pasado celebró su aniversario número 82 en medio de una crisis creciente y no pocos despidos.
Todo parece indicar que la publicidad, nutriente de vida de los medios, ha caído aproximadamente en un 50 por ciento en ese importante diario hispano. Se teme que la situación obligue a la dirección de La Opinión a reducir, tal vez a eliminar, una serie de beneficios que ahora disfrutan los empleados, y muy posiblemente a despedir a otros trabajadores.
No es común que el director de un medio hable de la crisis de otro medio. Lo hago porque desarrollé una parte muy importante de mi ya larga carrera periodística en La Opinión de Los Angeles. No me gustaría que el alma mater de muchos profesionales valiosos y el patrimonio de una familia que es toda una institución en esta enorme y diversa ciudad, se viniese abajo por causa de esta profunda turbulencia bancaria, financiera, crediticia y, sobre todo, publicitaria.
Cuando se produjo la Gran Depresión de 1929, La Opinión tenía tres años de vida. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, La Opinión tenía 12 años de historia. Cuando se agudizó la guerra de Vietnam, La Opinión había conmemorado ya su aniversario número 40. Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 ocurrieron cuatro días antes de la celebración de su aniversario 75. En todos los casos, La Opinión sobrevivió a las causas y las consecuencias de la adversidad. ¿Por qué habría de sucumbir ahora?
Siempre he creído, inclusive desde mucho antes de entrar en La Opinión en 1988, que este diario histórico ha sido sostenido por una fuerza superior a sus directivos actuales. Esa fuerza superior no es otra que el legado que dejó Ignacio Lozano, el inmigrante mexicano que lo fundó en 1926, de crear lazos muy fuertes con su comunidad de lectores, de ser portavoz de sus inquietudes y de sus sueños, y de sus ansias de superación y progreso.
Por supuesto, para no sucumbir ahora, los directivos del diario tendrían que dar pasos estratégicos radicales. De no darlos, el periódico podría correr una suerte diferente a la que corrió en 1929, en 1941, en 1968 y en 2001.
Si yo fuese el director general de La Opinión, daría los siguientes pasos:
- Desmantelaría de inmediato ese eufemismo llamado Impremedia, que no nació de un razonamiento lógico sino de una rabieta por el alarmante número de periódicos en español propiedad de medios anglosajones, que vinieron a aprovecharse de un mercado que había sido cultivado y representado por los medios hispanos históricos, entre ellos La Opinión. Pero una rabieta no es una buena razón para hacer un mal negocio. Con el desmantelamiento de Impremedia, se tendría que desmantelar también ese otro disparate llamado impre.com. Y jamás me dejaría tomar el pelo otra vez, por cualquiera que tocase a mi puerta para venderme una tóxica idea "genial".
- Concentraría todo el capital económico y humano que me queda, en el desarrollo único y exclusivo de La Opinión y de laopinion.com. Sería una obligación moral e histórica, y además el mejor negocio que podría hacerse en estos momentos.
- Eliminaría el anticuado esquema de circulación pagada e imprimiría no menos de 200 mil ejemplares diarios, y mediante una fórmula de distribución gratuita mucho más eficiente pondría el periódico en las manos de otros muchos segmentos del mercado hispano, que actualmente no lo leen.
- Entendería de inmediato que si bien soy el rey del pueblo, estoy en crisis, e ir a Internet no garantiza tener allí el mismo éxito y prestigio que tengo en el pueblo, porque no voy a competir solamente con Hoy y algunos semanarios, sino con las grandes ligas del periodismo en español, como BBC Mundo, El Universal, Reforma, La Jornada, El Tiempo, La Tercera, Clarín, y el impresionante portal del diario español El País, llamado ahora elpais.com, sin duda alguna una de las revoluciones más formidables del periodismo en castellano de los últimos tiempos.
- Aceptaría humildemente que por lo menos durante los últimos
25 años, más y más, he estado excluyendo a lectores
de diversos credos, ideas políticas, niveles de educación, nacionalidades
y poder adquisitivo superior, por empeñarme en hacer un periodísmo
simplón,
en ocasiones muy aburrido, y con inclinaciones políticas demasiado
previsibles. Y, sobre todo, sin rostro propio.
- Me olvidaría de la peregrina idea de que los hispanos de Estados Unidos sólo
leen periodismo en español cuando no hablan inglés. Me consta que el científico
mexicano Mario Molina, Premio Nóbel de Química por sus trabajos en el Instituto
Tecnológico de Massachusetts, lee muy bien el español, al igual que el pionero
latino de los vuelos espaciales, el astronauta costarricense de la NASA Franklin
Chang Díaz, la escritora chilena Isabel Allende, el senador cubanoestadounidense
Mel Martínez y tanta gente común que conozco, empezando por todos nosotros.
- Tomaría sólo el verdadero talento periodístico que tengo a mano, inteligente y capaz, y si fuese necesario contrataría a otros periodistas con las características que necesito, para producir un periódico de contenido único, reflejo de la comunidad hispana de Los Angeles y de Estados Unidos, con capacidad real para competir con los medios mencionados anteriormente. Olvidaría la antigua misión de publicar noticias mañana por la mañana, que mis lectores ya conocen desde el día anterior, y publicaría análisis del acontecer, pronósticos, entrevistas exclusivas, reportajes especiales, crónicas de color. Internet ha resucitado el valor primordial del contenido, con la ya famosa frase de que "el contenido es el rey". Aunque los directivos ajenos a la profesión periodística no lo entiendan, esto último ayuda a que no sólo entren al periódico las cuentas publicitarias de Kia, Ford y Toyota, sino también las de Mercedes Benz y Jaguar.
Si una primera lectura de este artículo no convence a los directivos de La Opinión de lo que necesitan hacer para sobrevivir, no sólo en esta crisis económica temporal, sino a lo largo de la revolución digital en que vivimos..., rogaría humilde y directamente que, por favor, lo leyeran otra vez. Porque La Opinión necesita sobrevivir. Un periódico no puede desarrollarse con éxito, separado de sus almas gemelas, es decir, separado de su comunidad y de su época. La tormenta pasará, sólo si es posible sortear con éxito los vientos y la lluvia.
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(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo
de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
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