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Otra Vez Chávez contra Colombia

Hugo Chávez y sus aliados en América Latina tienen un nuevo argumento para estar delante de las cámaras de televisión: los acuerdos militares entre Estados Unidos y Colombia.

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En la reciente reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), Chávez dijo que era su obligación "alertar sobre el clima de inestabilidad que hay en la región" debido a la presencia militar norteamericana en Colombia. Según Chávez, Venezuela "se siente amenazada". Dijo inclusive que si se produce una agresión contra Venezuela, su país no tendría otra alternativa que "responder militarmente".

Su colega ecuatoriano Rafael Correa, presidente pro témpore de Unasur, anunció que el asunto será analizado el 24 de agosto en el seno del Consejo Sudamericano de Defensa y subrayó que "el tema planteado por el mandantario venezolano es real". Otro aliado chavista, el boliviano Evo Morales, en otra de sus penosas declaraciones públicas, propuso que la región sea declarada en emergencia, porque había que "salvar al pueblo colombiano de los militares" de Estados Unidos. Ninguna de las propuestas de este grupo neocomunista fue aprobada en la cumbre de Unasur, en la que el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, estuvo representado por su vicecanciller, Clemencia Forero.

"No ha habido ni habrá bases militares extranjeras en Colombia. Ni las hemos pedido, ni Estados Unidos piensa instalarlas", dijo Forero a los mandatarios de Unasur.

La diplomática agregó que "se permitirá un uso y acceso limitado a ciertas bases para realizar actividades acordadas contra el narcotráfico y el terrorismo (...) sin afectar a terceros Estados”.

Uribe realizó una gira por siete países de la región, para explicar cara a cara a los líderes latinoamericanos la razón de estos acuerdos militares con Estados Unidos, en el marco de la ley colombiana y los tratados regionales.

Los gobernantes de América Latina saben perfectamente que los acuerdos militares entre Colombia y Estados Unidos no están concebidos para atacar a ningún país de la región. Saben perfectamente que se trata de un proyecto dirigido a destruir el narcotráfico y a paralizar las actividades terroristas de las narcoguerrillas de las FARC. Saben también que si algún presidente de Estados Unidos jamás emprendería una aventura militar en América Latina, es precisamente Barack Obama.

En la próxima reunión del Consejo Sudamericano de Defensa se deben discutir sin mayor dilación temas verdaderamente urgentes, por ejemplo, las relaciones existentes y manifiestas entre Hugo Chávez, Rafael Correa y las narcoguerrillas de las FARC, que han estado utilizando los territorios de Venezuela y Ecuador para protegerse de las ofensivas del Ejército de Colombia luego de cometer sus fechorías en suelo colombiano. Debía discutirse allí el peligro de los acuerdos militares entre Caracas y Moscú, especialmente la compra desproporcionada de armamento ruso que ha hecho Chávez. Debía discutirse allí la preocupación existente en gobiernos serios de este continente y de Europa, de que Venezuela cada vez más se convierte en un narcoestado. Y no podría faltar un análisis serio de las relaciones de Chávez con gobiernos irresponsables que constituyen verdaderas amenazas nucleares, como son los de Irán y Corea del Norte, dictatoriales y extremistas, además. Eso es lo que debe discutirse en las reuniones de Unasur y del Consejo Sudamericano de Defensa. Esos son los verdaderos peligros que se ciernen sobre la paz latinoamericana, matizados por las ínfulas expansionistas de Chávez.

A modo de información, es importante que se sepa además que Brasil tiene acuerdos similares con Francia, que nadie considera una amenaza para la región.

Pero el fondo del asunto no tiene mucho que ver con acuerdos militares. Sencillamente, el grupo neocomunista encabezado por Chávez necesita desviar la atención de los escándalos que ha provocado la decisión del gobierno venezolano de asestar otro golpe feroz a las libertades públicas, al cerrar 34 emisoras de radio y mantener las continuas amenazas de clausurar la cadena Globovisión. El cierre de las radioemisoras ha sido condenado inclusive por el relator para la libertad de expresión de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Frank La Rue, quien exigió a Chávez devolver las señales a estos medios de comunicación.

Algunos expertos han comenzado a destacar también otro hecho que ha desatado la furia de Chávez: la tecnología militar que Colombia y Estados Unidos utilizarán desde territorio colombiano, podría descubrir muchas maniobras chavistas que van desde un presunto apoyo a las narcoguerrillas de las FARC hasta permitir el paso de drogas a través de Venezuela, rumbo a Europa y Estados Unidos. Washington ya definió a Venezuela como un narcoestado.

Es obvio que este grupo neocomunista, al que se han sumado algunos gobiernos centroamericanos, tiene un objetivo claro: usar la democracia para llegar al poder y luego destruirla desde adentro, con el fin de conservar el poder tanto como sea posible. Si para ello hay que desviar la atención con cualquier excusa, algo que aprendieron de su mentor cubano Fidel Castro, se hace; si hay que inventar amenazas, agresiones, atentados, sin la más mínima prueba, se inventan. Si hay que encarcelar opositores pacíficos, se encarcelan. Si hay que acorralar a un país agredido desde hace más de 40 años por guerrillas y narcotraficantes, se acorrala. Si hay que cerrar medios de comunicación social para que no haya críticas, sólo la voz del caudillo, se cierran. Los escrúpulos nunca fueron un problema para los comunistas desde los días de Lenin, no tienen por qué serlo dentro de la ola latinoamericana que se propone ahora reproducir sociedades y sistemas, cuyos líderes de finales del siglo XX, por voluntad propia, se rindieron ante la evidencia del fracaso de una ideología bajo la cual nadie quería vivir.

(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José, Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).

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