
Una sorpresiva conferencia del Partido Comunista de Cuba (PCC) se está celebrando este fin de semana del 28 y 29 de enero de 2012 en el Centro de Convenciones de La Habana. Informes de prensa subrayan que el PCC se propone conseguir un "cambio de mentalidad" en la dirección de esa organización política, única legal en Cuba. Que si bien el congreso del PCC, celebrado en 2011, es el que traza las pautas para el grupo en el poder, no fue posible hablar de política en el último cónclave. Sólo hubo tiempo para hablar de economía. La política se abrirá paso en esta conferencia, a la que asisten 811 delegados.
Compleja tarea la de conseguir un "cambio de mentalidad" en la élite gobernante cubana. Muy compleja. Para que se produzca ese cambio de manera efectiva y funcional, los miembros del PCC, incluidos Fidel y Raúl Castro, tendrían que aceptar la amarga realidad de que el marxismo-leninismo, como ideología, fue colocado en el basurero de la historia por los principales líderes del comunismo internacional, hace exactamente 20 años. No hubo invasiones militares, ni embargos, ni operaciones secretas del enemigo. El Kremlin y sus satélites llegaron a la conclusión de que era precisamente la ideología, y sobre todo la manera en que se había implementado en los países de la órbita soviética, la que resultaba inoperante e improductiva, además de cruel, por represiva. Una vez aceptada esta realidad, vienen otros muchos pasos, también muy difíciles de aceptar. No hay que olvidar que la trama política cubana actual, tiene 53 años de edad.
En esa conferencia, la experiencia china será, seguramente, un punto de referencia importante, al menos en los pasillos. La antigua China de Mao Zedong, con su terrible carga de casi 60 millones de muertos por las hambrunas y las olas represivas, es sólo una pesadilla del pasado entre los chinos de hoy. Gobierna allí el Partido Comunista de China, entre otras cosas, porque los chinos nunca antes conocieron las libertades fundamentales ni el imperio de la ley. Pero ha sido la economía de mercado, justamente, la que ha colocado a China en el mapa económico del planeta, y la que la ha convertido en el país que más rápidamente está eliminando la pobreza en el mundo. El punto es que la estrategia a seguir para que un país funcione económicamente, viene de una decisión política. Y sólo los dirigentes del Partido Comunista de Cuba, especialmente Fidel y Raúl Castro, pueden tomar esa decisión política. ¿Tomarían esa decisión los dirigentes cubanos como la tomaron los dirigentes chinos, desde la época de Deng Xiaoping?
La operación matemática que deben calcular los dirigentes del Partido Comunista del Cuba es que, si bien es cierto que no todos los países que han implementado el capitalismo y la democracia como sistema han logrado llegar al desarrollo, la verdad desnuda es que todos los países desarrollados viven bajo un régimen democrático y capitalista. Lo demás, valga una tardía redundancia, son cuentos chinos. La otra operación matemática a calcular es aún más dura de tragar: el cubano promedio que vive en cualquier país del mundo, fuera de Cuba, tiene una calidad de vida superior a la del cubano promedio que vive en Cuba. Esto último es demoledor para una revolución que ha sometido al pueblo cubano a sacrificios extraordinarios, en aras de un futuro mejor.
Sólo cuando los dirigentes del Partido Comunista cubano, incluidos Fidel y Raúl Castro, tengan la valentía de aceptar esas verdades, la vida nacional cubana comenzará a cambiar, y el cubano de hoy podrá tener la esperanza de que algún día disfrutará de una calidad de vida similar a la de sus semejantes, en el resto del mundo. Después de todo, Canadá y Australia, Francia, Alemania y Japón, también tienen educación gratuita y un sistema social de salud. Sin embargo, ninguno de ellos ha considerado oportuno implementar una dictadura, para preservar esos valores.
Es lógico que los sectores más retrógrados del partido manipulen la realidad para perpetuar el status quo. Eso ocurre en todas partes, y entre todos los amantes del caudillismo y la dictadura. Esos sectores seguramente van a utilizar como punta de lanza la idea de que el capitalismo no es la vía, y que el mejor ejemplo a mano es que la economía de mercado vive una dura crisis en estos momentos, como reflejo de inexorable fin del capitalismo. Otro argumento es la antigua excusa del embargo económico y financiero que Estados Unidos mantiene sobre Cuba desde principios de la década de los 60. Es de pensar que las nuevas generaciones cubanas, mejor informadas en la era de la información, puedan responder, si las dejan, con otros argumentos verdaderamente estremecedores. El capitalismo sufrió un golpe mucho más fuerte durante la Gran Depresión de los años 30. Poco después, no sólo se recuperó, sino que fue un capitalismo mucho más sólido, pujante y refinado, enriquecido por un elemento imprescindible de la vida social y política de nuestra época: la democracia real, esa que permite el libre flujo de las ideas y respeta los derechos humanos. En el caso particular del embargo, las nuevas generaciones podrán repetir lo que dijo el ex presidente norteamericano Jimmy Carter durante una conferencia en la Universidad de La Habana en 2002, delante del propio Fidel Castro. Carter dijo que se oponía al embargo porque creaba resentimiento entre las dos naciones, pero que esas sanciones no eran la causa de las penurias económicas cubanas, porque Cuba tenía y tiene relaciones comerciales con otros 180 países, en los cuales puede comprar lo que necesita a precios más baratos que en Estados Unidos.
La tarea de esta conferencia, de conseguir un "cambio de mentalidad" entre los líderes del PCC no sólo es compleja, seamos realistas, es imposible. Hace sólo unos días, en una de sus columnas, Fidel Castro repitió una de sus frases favoritas, para explicar el supuesto hundimiento del mundo occidental, el único mundo que ha tenido un éxito arrollador y palpable. Para él, lo que se está viviendo actualmente, es "la decadencia de Occidente". Vale decir que esta frase ha sido dicha desde los días de la Revolución Rusa de 1917, y desde entonces Occidente sobrevivió una horrible crisis económica, dos catastróficas guerras mundiales y una temida guerra nuclear que nunca sucedió, sólo para resurgir del humo de los tiempos y legarnos las nuevas tecnologías, las ciencias médicas de hoy, y la comunicación instantánea que disfrutamos en nuestros días. Si estamos viviendo "la decadencia de Occidente", ¿entonces en qué nivel de putrefacción se encuentra el marxismo-leninismo a 20 años de su entierro, en las gélidas calles de Moscú?
(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo
de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
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