

La mafia de La Habana y sus colaboradores en Estados Unidos estuvieron de fiesta, pero brevemente. El Comité de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes decidió congelar los fondos de ayuda para el desarrollo de la democracia en Cuba, de unos 45 millones de dólares, por irregularidades presuntamente cometidas por dos individuos de dos organizaciones cubanoestadounidenses, de un total de 11 grupos que reciben fondos de este tipo. Finalmente, los fondos fueron descongelados, con la promesa de mejorar las actividades del programa.
Una de las organizaciones que fue blanco del presidente de ese comité, Howard L. Berman, demócrata de California, fue el Centro para una Cuba Libre, dirigida por Frank Calzón. El centro es uno de los grupos más serios del exilio cubano. Calzón disfruta de un enorme prestigio entre los estadounidenses y cubanoestadounidenses que lo concocen, quienes le atribuyen un alto grado de integridad y de efectividad en la gestión de denunciar las violaciones de derechos humanos en Cuba. El propio Calzón descubrió el fraude cometido por uno de sus empleados, por un total de 500 mil dólares. No sólo recuperó el dinero, sino que había denunciado el caso a la Agencia para el Desarrollo Internacional, que administra los fondos, antes de que se produjera la decisión de congelar la entrega de la próxima partida de dinero federal.
El otro caso se dio a conocer el pasado 18 de julio. Otro empleado pero del Grupo de Apoyo a la Democracia, dirigido por Frank Trujillo, había igualmente tomado por lo menos 11 mil dólares para gastos personales. Ese dinero también se recuperó, aunque se está desarrollando una investigación más a fondo de este último caso.
La mafia de La Habana, la de alto vuelo, la que vive y disfruta de privilegios extraordinarios con el dinero del pueblo cubano, a costa de la pobreza de ese mismo pueblo, descorchó las botellas de champán. En cuestión de horas, se acabó la fiesta. El programa de ayuda al desarrollo de la democracia fue restituido.
Los críticos de estas organizaciones, muy especialmente los que están en Estados Unidos, exigen que el dinero que se designa para el desarrollo de la democracia en Cuba, se entregue directamente a los disidentes dentro de Cuba. Suena excelente, pero ¿acaso no estaban en esta galaxia cuando se produjo la "primavera negra" de 2003? ¿Por qué fueron condenados a cumplir penas de hasta 28 años de cárcel los 75 disidentes encarcelados en aquella ocasión? Pues fue por recibir dinero de Estados Unidos. ¿Qué se proponen esos críticos, que la dictadura de los hermanos Castro meta en la cárcel a toda la sociedad civil que lucha pacíficamente por una Cuba democrática?
Mucho del dinero, por supuesto, se está enviando discretamente a los familiares de los prisioneros políticos y a organizaciones internas. Otros fondos se están usando, con absoluta lógica, para desarrollar campañas internacionales de solidaridad con prisioneros cubanos y disidentes acosados por la policía política y sus turbas civiles. Después de todo, los Castro se han gastado gran parte del dinero público cubano en campañas de este tipo, con el objetivo de que las víctimas del castrismo parezcan victmarios, de que el exilio parezca una mafia, de que la prisión política parezca un acto de generosidad revolucionaria.
Es curioso que este fenómeno haya salido a la luz cuando, cada vez más, están apareciendo en los medios de comunicación imágenes de los lujos y los privilegios de que disfruta la clase gobernante cubana. Por lo menos cuatro desertores de rango medio de los servicios de inteligencia, la economía y un escolta de Fidel Castro han estado haciendo declaraciones comprometedoras para la élite política cubana, en la televisión de Miami. Han revelado inclusive gravísimos casos de corrupción de los hermanos Castro y de sus familiares directos, de ministros, de generales, de funcionarios del Partido Comunista. Esas imágenes, esas declaraciones, están llegando a los hogares de la isla gracias al ingenio cubano de colocar ciertas antenas clandestinas en sus casas. Mala noticia para la dictadura.
Por supuesto, aun con la restitución del programa, las organizaciones que reciben fondos federales deben actuar, ahora más que nunca, con absoluta transparencia, con legalidad meridiana y cristalina, porque los que roban el dinero destinado a aliviar a los que sufren lor rigores de la despreciable dictadura cubana, están, además, contribuyendo a prolongar ese horrible sufrimiento.
Bienvenidas sean las investigaciones federales. Aplausos
y ovaciones para quienes lo están haciendo bien. Una lágrima
viril por aquéllos
que, como el doctor Oscar Elías Biscet y sus muchísimos compañeros
de prisión, se mueren en las mazmorras del olvido y de la infamia.
(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine,
revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha
sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José,
Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano
del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo
de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
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