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Jorge Luis Borges: Su Amistad
Personal con Alfonso Reyes

(Tomado del libro Diálogos, del poeta, periodista y escritor argentino Osvaldo Ferrari. Entre sus libros hay tres dedicados a estos diálogos con el gran escritor argentino Jorge Luis Borges. Ferrari nació en Buenos Aires en 1948. Ha publicado Poemas de Vida y Poemas Autobiográficos, entre otros libros).

-¿Quería, desde hace tiempo, conversar con usted, Borges, sobre dos escritores mexicanos. Uno de ellos, muy próximo a la Argentina, y a usted, creo, Alfonso Reyes, y el otro Octavio Paz.

-De Octavio Paz puedo hablar con escasa autoridad; no he leído nada suyo, tengo el mejor recuerdo personal de él. Hablemos sobre Alfonso Reyes.

-Muy bien.

- Yo lo conocí en la quinta de Victoria Ocampo, que está, creo, en San Isidro. Lo conocí a Alfonso Reyes, y recordé enseguida a otro poeta mexicano, a Othón, de quien recuerdo aquel verso: "Veo tu espalda y ya olvidé tu frente", y después: "Malhaya en el recuerdo y el olvido". Esto parece de Almafuerte, ¿no? Entonces, Alfonso Reyes me dijo que él había conocido a Othón, que Othón frecuentaba la casa de su padre, el general Reyes, que se hizo matar cuando la Revolución Mexicana. Una muerte bastante parecida a la de mi abuelo, Francisco Borges, que se hizo matar después de la capitulación de Mitre, en La Verde, en el año 1874. Alfonso Reyes me dijo que había visto muchas veces a Othón; entonces yo me quedé asombrado, porque uno piensa en los autores, y uno piensa en libros; uno no piensa, bueno, que los autores de esos libros eran hombres, y que hubo gente que pudo conocerlos. Yo le dije: pero, cómo, ¿usted lo conoció a Othón? Entonces Reyes dio, inmediatamente, con la cita adecuada, que eran unos versos de Browning, y me dijo: "Ah, did you want to see Shelley play?". Que es la misma situación: una persona asombrada de que alguien haya conocido a Shelley; y yo asombrado de que él hubiera conocido a Othón. Pero el hallazgo de esa cita, bueno, fue un hallazgo personal suyo. Qué curioso: en las novelas japonesas, uno de los hábitos de la gente de la corte es, cuando quieren decir algo, no decirlo directamente, sino citar un verso -chino o japonés- que antecede a lo que quieren decir. Y así se dicen indirectamente las cosas. Y otro mérito es el de reconocer inmediatamente a qué poema se refiere el otro. Bueno, pues Reyes, en aquellas primeras palabras que cambió conmigo, pasó de mi "pero, cómo, ¿usted lo conoció a Othón?", al "Ah, did you want to see Shelley play?": la "Memorabilia" de Browning. Entonces, desde aquel momento, nos hicimos amigos, y ... él me tomó en serio. Yo no estaba acostumbrado a ser tomado en serio. Creo que quizá sea un error tomarme en serio. Pero, en todo caso, ese error se ha difundido después; pero en aquel tiempo era nuevo para mí. Nos hicimos amigos -además, ya nos unía el gran nombre de Browning, y aquella cita oportuna-, y él me invitó a comer (él me invitaba a comer todos los domingos) en la embajada de México, en la calle Posadas. Y ahí estaba él, su mujer, su hijo y yo. Y hablábamos hasta bien entrada la noche: "till the small hours", como dicen en inglés, "hasta las horas breves", ¿no? Hablábamos de literatura, preferentemente de literatura inglesa; y hablábamos también de Góngora. Yo no compartía, y no comparto del todo, el culto que él le profesaba a Góngora, pero sabía de memoria muchas composiciones de Góngora. Hablábamos de literatura.. yo lo llevé a Ricardo Molinari a que lo conociera a Reyes. Y cuando salimos, me dijo Molinari: "Es la noche más feliz de mi vida". Claro, es una frase hecha, pero en aquel momento era cierta, "he conocido a Alfonso Reyes". Efectivamente, lo había conocido. Y después fui a verlo con Francisco Luis Bernárdez, también. Pero yo fui el que los llevó a los otros. Luego Reyes fundó una revista llamada Cuadernos del Plata; y me pidió que colaborara, y yo le contesté, y él me contestó después, lamentando lo que yo le decía: que en esa revista colaboraban Leopoldo Marechal y Francisco Luis Bernárdez. Yo era muy amigo de Bernárdez y conocía muy superficialmente a Marechal, pero sabía que eran nacionalistas, y yo no quería publicar en una revista donde publicaran nacionalistas, ya que la gente confunde todo fácilmente, y hubieran dicho que yo me había convertido al nacionalismo. Reyes me dijo que lamentaba esa ausencia mía, pero que -desde luego, no precisó decirlo- eso no afectaba en nada nuestra amistad (el que yo no publicara en la revista). Después, él publicó un libro mío que hubiera debido rechazar, y que yo trato de olvidar ahora. Se llamaba Cuaderno de San Martín y lo ilustró Silvina Ocampo, creo.

-¿Dedicado a Wally Zenner?

-No, había una composición dedicada a ella, nada más. No, el libro no está dedicado a nadie, no; había un poema dedicado a Wally Zenner, un poema bastante flojo que, bueno, he omitido después, porque realmente no la honra a ella, y puede deshonrarme a mí, ¿no? Era muy, muy flojo.

-(Ríe.) Pero usted me decía que Alfonso Reyes, además de ocuparse de usted y apoyarlo, en cierta medida, también se ocupó de otros escritores.

-Desde luego.

-Inclusive de Macedonio Fernández.

-Bueno, en el caso de Macedonio Fernández, yo le llevé los textos. Reyes no sabía nada de Macedonio, pero los aceptó para los Cuadernos del Plata. Y ahí se publicó ese libro de Macedonio, que Macedonio no quería publicar, y que yo, bueno, se lo "robé" un poco. Y corregí las pruebas con Alfonso Reyes. Era Papeles de Recienvenido; fue el primer libro que publicó Macedonio. El no quería publicar, me decía que él escribía para ayudarse a pensar, pero que no pensaba que lo que escribía tuviera algún valor literario. Lo hacía como ayuda a su propio pensamiento. Muchas eran cartas, que él había escrito un poco en broma. A él no le gustaba la idea de la publicidad, creía que era un error. Y luego, años después de la muerte de Macedonio, leí una biografía de Emily Dickinson. En esa biografía, ella dice que publicar no es parte necesaria de un destino literario, que un escritor puede no publicar. Bueno, posiblemente tuviera razón. Y recuerdo un caso análogo; el caso de uno de los máximos poetas de Inglaterra, lo cual ya es decir mucho: John Donne, quien creo que no publicó casi nada. El escribía versos, o pronunciaba sermones, y eso circulaba en forma manuscrita. Pero no creo que él publicara nada, aunque puedo equivocarme. En el caso de Emily Dickinson, ella publicó creo que cuatro o cinco poemas en vida, y todo lo demás lo encontraron en los cajones en su habitación. Y uno de los mejores cuentos de Herman Melville, "Billy Budd", creo que usted me dijo fue encontrado en uno de los cajones de su escritorio. Melville no había pensado en publicarlo, aunque publicó muchos libros, desde luego. En cambio, actualmente, noto que se piensa en la publicidad, o se piensa, más bien, en la escritura como un medio de llegar a la publicidad, a la promoción. Ocurre eso; parece increíble -otras épocas no lo entenderán-, pero ahora ocurre eso: se piensa que lo dicho o lo manuscrito es irreal, pero que lo impreso es real. Bueno, la verdad es que lo impreso da cierta firmeza a las cosas, ¿no? Y Alfonso Reyes me dijo: "Publicamos para no pasarnos la vida corrigiendo los borradores". Es decir, uno publica un libro para librarse de él; que es lo que me sucede a mí. Y la prueba está en que, una vez publicado un libro mío, no sé si la crítica ha sido adversa, ha sido elogiosa, no sé si se han vendido ejemplares o no. Todo eso es cuestión de .... y, de libreros, o de editores quizá, pero no de escritores.

-Se prescindía de la idea del éxito; de la idea de la difusión del nombre a través de la palabra impresa.

-Sí, y además era natural que fuera así, porque un escritor casi no contaba, o contaba muy poco. Y recuerdo que Arturo Cancela le dijo a mi padre: "Mis enemigos dicen que yo vendo mucho mis libros, para desacreditarme; porque así yo quedo como escritor popular, es decir, malo. Pero la verdad es que se venden muy poco". La verdad era que se vendían mucho, pero que a él no le gustaba decir que se vendían mucho. Porque un escritor, se entendía que debía escribir para pocos. Aquellos versos de Stefan George -yo conozco la versión castellana de Enrique Diez Canedo-, un gran amigo de Reyes, dicen: el poema, "de raros elegidos es raras veces premio". Y Stefan George toma una imagen de Henry James; esa imagen es de un libro de James que se titula The Figure in the Carpet (La Trama de la Alfombra). Se trata de un escritor que compara su obra con una alfombra persa. Y esa alfombra a primera vista, parece un caos; y luego uno la mira y ve que hay un dibujo, y se entiende que en toda su obra hay un dibujo -que, naturalmente, Henry James no revela cuál es-, y que en la última escena, el que narra la historia, que es un crítico, está en una habitación, en el piso hay una alfombra persa; está rodeado de los libros del maestro, y piensa llegar a descubrir cuál es ese dibujo, deliberadamente oculto por el autor. Bueno, yo he hablado de este cuento con Reyes; ¡he hablado sobre tantas cosas con Reyes! Una cosa que él hubiera deseado, fue conocer a Ricardo Güiraldes, y no se conocieron nunca. El escribió un poema sobre ese desencuentro, que fue, de un modo ideal, una suerte de encuentro. Y en ese poema, Reyes tiene una frase muy linda para la tranquera, en el medio del campo. Dice que el campo es tan vasto, se refiere a la llanura -que los escritores tradujeron por "la pampa"-, que de los dos lados se está afuera. Muy lindo, y es un poco mágico, ¿no?: de los dos lados de la tranquera, en la llanura, uno está afuera. Y Reyes usa esa imagen en ese poema dedicado a Güiraldes.

-Hay un aspecto muy importante, Borges, que usted comparte con Alfonso Reyes. Si recordamos "Reloj de sol" o "Visión de Anáhuac", o ese poema de él, "Homero en Cuernavaca".

-No conozco ese poema, pero "Reloj de sol" sí; y recuerdo el epígrafe: "El reloj de sol, el que da las horas con modestia". Está muy bien, ¿eh?: sin campanadas, sin ruido de ninguna especie. "Da las horas con modestia"... y hay una antología... yo no sé si la menciona, o si la hizo Dorothy Sayers, sobre incripciones en relojes de sol. Hay una clásica, que es: "Sólo enumero las horas claras", que es muy lindo porque se refiere a las horas de felicidad. Y hay otra inscripción que dice: "It is later than you think" -es más tarde de lo que piensas-, en un reloj de sol de un jardín de Inglaterra. Y hay como una leve amenaza allí, ¿no?: "Es más tarde", como si lo amenazara de muerte a quien lee. "Es más tarde de lo que piensas"; es decir, estás más cerca de la muerte, supongo yo, ¿no?

-Hay otro poema relativo a todo esto: "Piedra de sol", pero ése pertenece a Octavio Paz.

-Ese no lo conozco, pero creo que "Piedra de sol" se refiere a un reloj de sol, ¿no?

-Claro, el reloj de sol azteca.

-Es eso, claro. "Piedra de sol"; es un lindo título, ¿eh?

-Lo que usted tiene en común con Alfonso Reyes es que ambos...

-Bueno, tenemos el amor de la literatura y de las literaturas.

-Claro.

-Ahora, desde luego, él había leído mucho más que yo, él me enseñó, y ... muchísimas cosas, sí. Y él tenía el culto de Homero; y a mí me cuesta un esfuerzo admirar La Ilíada, salvo los cantos finales. Y, en cambio, leo y releo La Odisea; y como no sé griego, eso, de algún modo, es una ventaja, ya que me permite leer las muchas traducciones de La Odisea que hay. De igual modo que mi ignorancia del árabe me ha permitido leer seis o siete versiones de Las mil y una noches. De modo que quizá convenga ignorar los idiomas, ya que, en ese caso, uno lee varias versiones de un libro. Ignorando idiomas, que es mi caso, en lo que se refiere al griego, al árabe, bueno, y a casi todos los idiomas del mundo, ya que lo que un hombre puede saber es muy poco.

-Solamente por factores cronológicos, Borges, tenemos que detener esta audición.

-Quería agregar una galantería de Alfonso Reyes a Victoria Ocampo; le dijo: "Otra vez se hablará de la era victoriana", refiriéndose a ella.

-Estupendo.

- Sí, estuvo muy bien. Era una broma, pero una broma, bueno, cortés; un homenaje.

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