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  El Arte del Bordado: De la Fábrica al Servicio



El sector del servicio ofrece actualmente tres cuartos de los empleos en los Estados Unidos y se espera que en el año 2005 cuatro de cada cinco empleos estén incluidos en ese sector. Siete de las 10 industrias de más rápido crecimiento en el país serean en los próximos diez años industrias de servicio, según la Oficina de Administracion y Presupueto (OMB por sus siglas en inglés).

Las fábricas, que antes daban empleo a millones de obreros, podrían convertirse en cosa del pasado: las grandes empresas requieren ahora fuera del país, la mano de obra que hasta los años 70 se hacía dentro.

Una forma de ver la economía es dividiéndola en industrias manufactureras, que producen artículos tangibles como los automóviles, los zapatos y la ropa, y la industria del servicio cuyos productos son intangibles, como el turismo, el servicio bancario, los servicios de salud, los servicios computarizados, procesamiento de datos, cuidado de niños, servicios de restaurante, limpieza, etc.

Definitivamente las industrias manufactureras están desapareciendo del paisaje estadounidense. Algunos analistas consideran que el proceso comenzó cuando el presidente James Earl Carter reanudó las relaciones con China, el 1ro. de enero de 1979.

"Las grandes empresas se dieron cuenta de que en un país comunista como China la mano de obra podía salirles muchísimo más barata de lo que las leyes aquí exigen al empleador. Como el transporte es caro, más tarde exploraron las leyes laborales en países de América Latina y algunos se fueron a esos países", dice Guillermo Latea, economista.

De todos modos, todavía la mayoría de los productos hechos fuera de Estados Unidos llevan la etiqueta "Made in China".

"Para mí, las relaciones económicas con China marcaron el inicio de la fuga de la industria manufacturera de Estados Unidos hacia países con mano de obra barata. El 97.5 por ciento de la ropa que vendemos en esta tienda es hecha en China", corrobora Sheila Rossen, administradora de un establecimiento dedicado a la venta de trajes femeninos de marcas famosas.

Lejos han quedado aquellos tiempos en los que un inmigrante recién llegado podía ganar un salario sustancial en una fábrica.

Desde principios de 1872 hasta principios de 1980 varias generaciones de inmigrantes se abrieron camino al norte del estado de New Jersey en las fábricas o talleres de bordado. Todavía se conserva un gran letrero en rojo y azul sobre el concreto de un puente a la entrada de la región: "Welcome to North Jersey, Embroidery Capital of the World since 1872".

"En la década de 1960 los técnicos ganabamos en "embroideries" un promedio de $100 diarios porque podíamos trabajar tiempo extra, y los asistentes ganaban $75. Ahora, se han llevado las factorías principalmente para México, en donde pagan el equivalente a $5 diarios, o a República Dominicana, en donde el salario es de $3 o $4", dice Luis Valdivia, quien trabajó 14 años en talleres de bordados a máquina, y continua relacionado con ellos, aunque ahora trabaja en el sistema de educación.

Cuando Walter Kohn, ahora de 91 años, llegó de Alemania a North Jersey en 1938 no sabía nada de bordados. Aprendió, laboró durante 8 años y después puso su propio negocio en el ramo. El peruano Herman Orihuela, de 54, llego a ser administrador de un taller-fábrica, en donde trabajó 32 años.

La tecnología y los pesados equipos del bordado a máquina llegaron a la región de la mano de alemanes y suizos que habían inmigrado a Nueva York en 1848. En los 70 cruzaron el Hudson River y se asentaron en North Jersey, enseñando el trabajo a diferentes oleadas de inmigrantes y convirtiendo la industria del bordado en la principal fuente de sustento de los inmigrantes recién llegados.

La industria llegó a su pináculo en los años de 1960 y casi toda la década del 70, con el arribo masivo de cubanos exilados. El número de talleres-fábricas alcanzó la cifra de 750, que empleaba a 7,000 trabajadores, casi todos cubanos, quienes se abrieron paso en el nuevo país, trabajando en la industria del "embroidery". Algunos llegaron a establecer su propia fábrica-taller, otros reunieron dinero y crearon otros negocios, o se dedicaron a sus profesiones originales.

Pero en 1980, un año después de establecerse las relaciones Estados Unidos-China, la siguiente ola de inmigrantes, integrada por otros cubanos y por salvadoreños, ya la industria del bordado decaía. Según datos de la Asociación de Manufactureros de Encaje y Bordado, en New Jersey quedan solamente 200 talleres que emplean a unos 2,000 trabajadores.

Entidades culturales y gubernamentales han respaldado una exhibición de encajes y bordados con la intención de rendir tributo a esta histórica industria y, quizás, lograr revivirla.

La blusa victoriana es una de las piezas exclusivas de Perla Vald´Es, modista de alta costura semi retirada ya.

"Es una mezcla de piezas de encajes hechos a mano y a máquina que datan de finales de los anos1800 y principios de 1900. Entre ellos hay piezas de Alencon (Alenzon) y Valencienne, también tul bordado y puntas tejidas a mano", explica Valdés, quien generalmente compra las piezas en España y en exhibiciones de antigüedades en el estado de Nueva York, y después las va uniendo de acuerdo a un previo diseno suyo.

Valdés había aprendido en Cuba a conocer las diferentes clases de encajes y a coserlos a mano. Una tía suya la fue enseñando desde que ella tenía 9 años.

Los grandes pañuelos son obra de su hermano, Alberto Morgan, conocido actor de la compañía "Repertorio Español", bailarín de danzas afro-cubanas, cantante y artesano. Sus piezas artesanales son muy solicitadas por practicantes de las religiones afro-caribeñas, quienes las usan en sus altares.






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