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  El Pez es Rojo

Bahía de Cochinos, Una Experiencia Histórica



Jesús Godoy, de 70 años hoy día, recuerda el momento en que fue parte de la expedición de Bahía de Cochinos, Cuba, en abril de 1961, como el episodio más importante de su vida. Por esa fecha, creía firmemente que la permanencia en el poder de Fidel Castro era cuestión de días.

Casi medio siglo después, Godoy y sus compañeros de armas no han podido ver su sueño hecho realidad.

"Me enorgullezco de haber ido a Girón (Bahía de Cochinos), lo hice por principios. Yo era un joven pobre, de extracción campesina, que quería un país libre porque nos lo habían arrebatado, y muchos de mis amigos estaban encarcelados injustamente", narra Godoy.

El 17 de abril de 1961, alrededor de 1,200 hombres que se habían entrenado en Guatemala desembarcaban en el sur de Cuba como parte de la Brigada de Asalto 2506. Su objetivo: derrocar por medio de las armas al gobierno de Castro, que había llegado al poder en enero de 1959 como resultado de una revolución popular y en sólo meses había tomado una serie de medidas que ponían de manifiesto el carácter comunista del castrismo.

La clave para que los grupos internos de la resistencia y el personal de apoyo en Estados Unidos y Guatemala supieran que la invasión había comenzado, eran cuatro palabras simples: "el pez es rojo".

Tres días después del comienzo de la invasión, sin el apoyo aéreo prometido por Estados Unidos, los expedicionarios sucumbían ante el fuego de más de 10 mil hombres que combatían del lado de Castro, quien calificó el hecho de "la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América".

Godoy y sus compañeros sufrieron no sólo el revés militar sino también epítetos humillantes, como el de "mercenarios al servicio de Washington" y "traidores a la Patria".

Con el propósito de descalificar a sus oponentes, Castro ha enfatizado el hecho de que los expedicionarios fueron entrenados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, lo cual es cierto.

Pero los miembros de la Brigada 2506 se defienden con otro argumento: entre julio y octubre de 1960, meses antes del desembarco, Castro había recibido ya alrededor de 22 mil toneladas de armamento procedente de la Unión Soviética y otros países comunistas, y Cuba iba camino de convertirse en un satélite de Moscú, en medio de la peligrosa Guerra Fría. La revolución popular de 1959, que hizo grandes promesas democráticas, se había convertido ya en una dictadura comunista. Todas las libertades fundamentales habían sido eliminadas de la sociedad cubana, a mediados de 1960. Los medios de comunicación social independientes, ya estaban en manos de gobierno de Fidel Castro, que, además, había confiscado un año antes todas las propiedades norteamericanas, valoradas en mil 600 millones de dólares, y también las grandes empresas cubanas, valoradas en 25 mil millones de dólares.

"Estados Unidos y Cuba siempre fueron aliados naturales, inclusive durante la Segunda Guerra Mundial, nada más lógico entonces que nuestros aliados cooperaran con nosotros en la tarea de conseguir la libertad de nuestro país", señala Sergio G. Díaz, de 81 años actualmente, quien ocupó uno de los puestos de combate en Bahía de Cochinos, como miembro de la brigada.

Para esa fecha, "las armas que fusilaban a nuestros amigos y familiares eran armas soviéticas, usadas sin escrúpulos por el régimen comunista", puntualiza Godoy como defensa ante la acusación de que los expedicionarios fueron entrenados por la CIA.

Mario Muxó, de 67 años ahora, era en 1961 un estudiante romántico para quien la libertad y la democracia eran elementos decisivos para el bienestar de Cuba.

"Decidí enrolarme en la invasión porque pensé que algún día me casaría y tendría hijos, y si no iba a Girón mis hijos me podrían preguntar: 'papá, ¿dónde tú estabas ese día?'. Mi familia y mis profesores me habían inculcado principios cívicos muy profundos respecto a lo que es justo o injusto", cuenta Muxó, quien participó en la expedición como paracaidista sin ningún entrenamiento e hizo el primer salto de su vida directamente sobre los pantanos del sur de Cuba.

Para Fernando Marquet, de 65 años en la actualidad, que desembarcó con la brigada a la edad de 18, el suceso "fue la única oportunidad que se ha presentado de liquidar el comunismo en Cuba, ya que antes y después de la invasión no existía ni existe dentro de la isla, ningún mecanismo para darle espacio a aquéllos que no estén de acuerdo con el sistema".

¿Cuál es el camino?

Casi medio siglo después, la situación política de Cuba es muy similar a la de 1961. Raúl Castro ocupa los cargos de primer secretario del Partido Comunista -único legal-, presidente de los consejos de Estado y de Ministros y comandante en jefe de las fuerzas armadas, en sustitución de su hermano Fidel, enfermo desde julio de 2006. Los hermanos Castro han estado en el poder durante 49 años. Las organizaciones internacionales de derechos humanos no cesan de condenar al gobierno de La Habana, y aproximadamente el 20% de la población cubana vive en el extranjero, pese a numerosas restricciones a la libertad de emigración.

Ciertamente, el castrismo perdió su metrópoli, la Unión Soviética, que desapareció como nación en 1991, con lo que se esfumaron los altos subsidios que mantuvieron al régimen durante las décadas de los años 60, 70 y 80. Pero a diferencia de las dictaduras comunistas de Europa, el castrismo no tiene planes de abrirse a la democracia y permitir el ejercicio de las libertades universalmente aceptadas.

La oposición anticastrista, aparentemente, no está en condiciones de repetir una experiencia militar como la de Bahía de Cochinos, al comenzar el siglo XXI.

Surge entonces una pregunta: ¿cuál es la solución a la crisis cubana?

"Tiene que producirse algún hecho en el concierto internacional o algo que afecte directamente a Estados Unidos. Los que fuimos a Girón ya estamos viejos. Tal vez podría brotar algo internamente, los cubanos de la isla están oyendo lo que ocurre en el mundo, la juventud está criticando al régimen en la calle", comenta Godoy.

Por su parte, Díaz cree que hay factores que podrían producir la desaparición del régimen, entre ellos "el deterioro del propio gobierno comunista, la falta de sustitutos de los Castro y una historia de fracasos en el propósito de crear mejores condiciones de vida para los cubanos".

El castrismo "está perdiendo amigos en los foros internacionales, el pueblo cubano, por miedo, se ha visto obligado a vivir con una doble cara, tal vez en algún momento ese pueblo decida mostrar su verdadero rostro, su deseo de vivir en libertad", agrega Díaz, quien también es de origen campesino.

El mundo moderno conoce actualmente a la oposición cubana por vía de los disidentes y periodistas encarcelados, y por las Damas de Blanco, que son esposas, madres e hijas de los prisioneros políticos y ganadoras del Premio Andrei Sajarov que otorga anualmente la Unión Europea.

"Los opositores dentro de Cuba hoy día han continuado nuestra propia lucha, pero por la vía pacífica", comenta Marquet. "El hecho de que sean reprimidos, encarcelados y torturados revela a las claras que el régimen de los Castro ha sido y es una brutal dictadura, y que nosotros teníamos razón en 1961 cuando intentamos evitar la prolongación de los sufrimientos del pueblo cubano".

Muxó asegura que su "esperanza no se ha desvanecido", pero dice que es "muy realista" respecto al futuro.

"Un acontecimiento interno sería decisivo, Cuba no es comunista, quienes han apoyado a Castro son fidelistas y el día que los hermanos Castro no estén se va a producir una debacle", puntualiza.

Después de hacerle creer a la opinión pública que habría una apertura en Cuba, en la década de los 90, el régimen cubano ha retrocedido a las fórmulas de control total de la sociedad cubana, que ejerció durante los años 60, 70 y 80. Las licencias para trabajo por cuenta propia han sido eliminadas, casi todas. Leves cambios hechos por Raúl Castro en 2008 no garantizan necesariamente un apertura democrática en la isla.

Algunos analistas piensan que el castrismo, a través de sus medios de comunicación, está creando la falsa ilusión de que el gobierno venezolano de Hugo Chávez, con los grandes ingresos de su industria petrolera, ha sustituido a la Unión Soviética en materia de ayudar a Cuba económicamente. Pero Venezuela, a pesar de su petróleo, es un país en vías de desarrollo con niveles de pobreza y corrupción iguales o peores a los que tenía antes de la llegada de Chávez al poder en 1999. Nada indica que el controversial líder venezolano pueda colocar a su país en el estatus de superpotencia mundial que tenía la Unión Soviética, estatus que le servía a Moscú para enviar subsidios a Cuba de miles de millones de dólares, y ofrecer armas y entrenamiento a militares y miembros de las temidas fuerzas represivas de la policía política cubana.






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