| Aurelio
de la Vega y
la Música Dodecafónica
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Con una larga carrera musical en Estados Unidos, Europa
y América Latina, incluida su natal Cuba, Aurelio de la Vega
(La Habana, 1925) es autor de más de 70 composiciones sinfónicas,
de cámara, solos para piano y vocales, ha recibido dos veces
el prestigioso Friedman Award del Kennedy Center for the Performing
Arts, ha sido incluido en un calendario de la Biblioteca del Congreso
de Estados Unidos junto a leyendas como Mozart, Chopin y Beethoven,
y su nombre está en dos importantes enciclopedias musicales
norteamericanas, Contemporary Composers, que presenta a los 500
compositores más importantes de nuestra época, y The
New Grove Dictionary of American Music.
Ha sido también galardonado por su propia comunidad
en Estados Unidos. El Instituto Cubano Americano de la Cultura le
otorgó La Palma Espinada en 1997 y recibió el premio
FACE (Facts About Cuban Exiles) en 2000, año del 75 aniversario
de su nacimiento.
Casi desde sus años juveniles, De la Vega ha
sido un protagonista de la música dodecafónica, un
fenómeno musical mediante el que el arte de los sonidos y
el tiempo está más cerca de la pintura abstracta que
de los ritmos bailables. En 1957 apareció en el rico universo
musical cubano con "Cuarteto de Cuerdas" en memoria de Alban Berg,
en el que empleó la música dodecafónica. Desde
esa época hasta "The Magic Labyrinth" (1975) y otras composiciones,
no ha dejado de crear dentro de ese campo específico de la
música no convencional. Conferenciante y viajero incansable,
ha visitado México, Puerto Rico, Venezuela, Brasil, Canadá,
España, Francia, Alemania, Argentina, Chile y otros muchos
países.
En 1959 se radicó en Los Angeles y muy pronto
comenzó a enseñar en diversas instituciones académicas.
Finalmente, permaneció en Cal State University/Northridge,
donde fundó el estudio de música electrónica
y de la cual se retiró en 1994 con el título de Profesor
Emérito Distinguido, luego de más de 30 años
de labor docente en los cuales no dejó de componer.
Sus obras han sido comisionadas por destacados organismos
y se han producido comercialmente. Importantes concertistas las
han interpretado en América y Europa. En su residencia de
Northridge, California, De la Vega sostuvo la siguiente conversación
con CONTACTO Magazine:
P.- ¿Qué significa para usted la música?
De la Vega.- El concepto de música es amplio.
Cuando se habla de música, se habla de un universo sonoro.
Para muchos es baile, es acercarse sensualmente a otra persona.
Hay otro nivel en que la música se convierte en algo en sí
misma, con su arquitectura sonora. A mí me encanta bailar,
pero mi música, a nivel creativo, tiene un grado conceptual
y filosófico. Los textos son más complejos y el mensaje
es difícil. No está hecha para tocar a la gente por
fuera, sino por dentro. Por todo lo anterior, siento que se trata
de un arte liberado de figuras concretas. Lo interesante es cómo
el cerebro humano estructura una reacción psíquica,
psicológica, ante la música. Sobre todo porque el
sonido es algo que desaparece, no es como la pintura que sigue delante
de nosotros. Cuando una persona oye música, esa música
entra por el cuerpo entero. Esa música es la que a mí
me ha fascinado.
P.- Usted ha estado desde hace muchos años
dentro de la llamada música dodecafónica. ¿Cómo
se vincula usted a este tipo de música?
De la Vega.- Cuba es un enorme campo de música
popular. La música popular es un fenómeno avasallador,
de gran poder, que en ocasiones limita la posibilidad del auditorio
de escuchar otras cosas, por su ritmo. Por algún motivo a
mí no me interesó esa música, me interesó
más lo que se hacía en el centro europeo, lo que se
hacía en Alemania. Oí a Wagner cuando tenía
siete u ocho años. Mi abuelo me compró "Tristán
e Isolda", y cuando tenía 12 ó 13 años ya me
introduje en la filosofía y en el mundo alemán. En
Alemania, país que tiene un folclor pobre, los compositores
hacían énfasis en la armonía. La armonía
tiene una estructura vertical, mientras que la melodía es
horizontal. Esta música bidimensional es un invento puramente
occidental. El creador, el gran poeta, el gran novelista, el gran
músico, siempre está en el futuro, siempre encuentra
una nueva manera de expresarse. En este sentido se llega a la atonalidad,
que no tiene una escala natural. La música atonal no es fácil,
sobre todo porque el oído es el más primitivo de los
sentidos. La vista, sin embargo, lo acepta todo al instante. Esa
música dodecafónica era desconocida en Cuba en los
años 40. Arnold Schoenberg es el creador de la música
dodecafónica. La estudié con Fritz Kramer en La Habana
(1943-1946), y luego con Ernst Toch en Los Angeles (1947-1948).
P.- Carlos M. Luis ha dicho que Aurelio de la Vega
"es el más revolucionario de los compositores cubanos, desde
un punto de vista histórico". En esta especialidad suya,
¿qué otros cubanos han tenido un relieve internacional?
De la Vega.- Creo que Leo Brouwer, que oscila entre
España y Cuba, y Julián Orbón, que vivió
en México, en Nueva York, protegido por Aaron Copland, y
murió en Miami en los 90.
P.- En 1959, llega la revolución de Castro.
Usted había sido decano de la Escuela de Música de
la Universidad de Oriente, consejero del Instituto Nacional de Cultura,
vicepresidente de la Orquesta Filarmónica de La Habana y
presidente del Consejo Nacional de la Música (UNESCO). ¿Qué
ocurrió?
De la Vega.- Cuba es, para empezar, una isla. Hay
que cruzar el mar para entrar o para salir. En los 50 se vivía
un poco en Jauja, se entendía que La Habana y Santiago eran
el eje del Universo. A partir de 1959 y la llegada del estado totalitario,
el asunto se torna crítico porque, entre otras cosas, si
en los 50 los vanguardistas eran calificados de ingenuos, ahora
se les tildaba de "traidores". Hubo acusaciones de que yo no estaba
interesado en la música cubana. Harold Grammatges estuvo
entre aquellos críticos. Sin embargo, en los 70, Harold hizo
alguna obra de tipo vanguardista.
De todos modos, tal vez yo hubiese tenido que abandonar
Cuba porque en los 50 no había instrumentistas para este
tipo de música en la isla. La emigración es menos
traumática para un músico que, por ejemplo, para un
escritor.
P.- ¿Cuál es la situación de la
música culta o de arte cubana de hoy?
De la Vega.- Ahora se enseña música
en Cuba más en serio. Al mismo tiempo que le dan las herramientas
a los creadores, les cortan las alas. La música tiene ventajas
en esto frente a la pintura. Usted no puede pintar a Fidel Castro
desnudo, pero la música tiene un grado de abstraccionismo
que la salva. Tengo información limitada respecto a lo que
se hace dentro de Cuba. El contacto entre los músicos cubanos
de adentro y de afuera es mínimo. Creo que Leo Brouwer fue
quien rompió las cadenas de ese aislamiento. Lo que sé
es que dentro de Cuba no se ha hecho música de Aurelio de
la Vega. Tampoco se podía interpretar la música de
Orbón, pero ahora él ha muerto y sí se puede
tocar. Creo que a mí me pasará como a Guillermo Cabrera
Infante, que tampoco lo publican allá. Cuando los artistas
de la isla salen del país dicen que la cultura cubana es
una sola, pero la realidad es que en La Habana los artistas exiliados
no son bienvenidos.
Para recibir el boletín
de Contacto con nuevos artículos...
© CONTACTO Magazine
Todos los Derechos Reservados. Prohibida la reproducción total
o parcial de este reportaje en medios impresos, radio y televisión,
sitios web de Internet, CDs y otros medios de comunicación
masiva.
Volver a Primera Página
Visitar el Directorio Comercial Clasificado
|