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Terremoto Sindical en México

CARLOS RUVALCABA

El presidente Felipe Calderón dio un paso trascendental en la historia de su mandato, al decretar la extinción y liquidación de la empresa paraestatal Luz y Fuerza del Centro (LyFC), que arrastraba desde su descentralización en 1994, la carga de subsidios interminablemente millonarios, una ineficiencia desmedida y una corrupción al interior del sindicato de trabajadores, que resulta insostenible en estos tiempos de crisis económica y pobreza del país.

La decisión es tal vez la segunda más impactante de su mandato --después de sacar al ejército a las calles para luchar contra el crimen organizado-- ya que ningún gobierno ni del PAN ni del PRI se había atrevido a golpear de manera tan fuerte a un sindicato, a excepción de Carlos Salinas de Gortari, cuando hizo apresar sorpresivamente al líder del sindicato de trabajadores de PEMEX, Joaquín Hernández alias “la Quina”, el 10 de enero de 1989, que por cierto en nada ayudó a acabar con la putrefacción e influencias políticas del sindicato.

Es prematuro opinar sobre las consecuencias que esta decisión traerá para la frágil paz que vive México, donde se combina la violencia física y mental que generan el crimen, la inseguridad ciudadana, la ineficiencia y corrupción de los jueces, legisladores y policías, la avaricia de los empresarios, la ingobernabilidad en la mayor parte del país y la miseria que cada día se extiende silenciosamente por todos los rincones de la nación.

El hecho es que el presidente Calderón decretó la desaparición de Luz y Fuerza y que entre 44 mil y 66 mil trabajadores y pensionados están dispuestos a cualquier cosa antes de aceptar el golpe de estado a su fuente de trabajo. La decisión de Calderón abre una nueva brecha en un México peligrosamente dividido.

Esa división lleva a la confusión y entorpece el análisis de los medios, de los trabajadores y los gobernantes, que tiran cada uno para el lado de sus intereses personales, empresariales y partidarios, lo que dificulta encontrar el camino que necesita México para detener esa caída libre a ese precipicio que parece no tener fondo. Lo único que queda claro son los hechos: Luz y Fuerza del Centro, una empresa comprobadamente ineficiente y corrupta al máximo, ya no existe como tal, aunque por ahora sus instalaciones siguen iluminando la confusión de los consumidores de energía en el Distrito Federal y los estados de México, Hidalgo, Morelos y Puebla.

La crisis se hizo pública cuando la Secretaría del Trabajo y Previsión Social se negó a reconocer a Martín Esparza como secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Pero eso fue solamente un avance del plan que ya tenía listo la administración Calderón, para desaparecer con la fuerza de cientos de policías y un decreto legalmente dudoso, la tan criticada paraestatal Luz y Fuerza.

Es absurdo que el secretario del Trabajo Javier Lozano niegue, que la toma de las instalaciones por la policía no estaba planeada, para realizarla en momentos en que los trabajadores estaban ebrios de alegría y alcohol, por la clasificación de la selección mexicana al mundial de fútbol, tras derrotar a El Salvador.

La planeación de la estrategia para la toma de las instalaciones requirió de varias semanas, lo que evidencia que la decisión de desaparecer Luz y Fuerza se tomó mucho antes de que Lozano se negara a reconocer al sindicalista Esparza.

Pero más allá de los hechos sólo quedan preguntas, dudas, sospechas y confusiones: abogados y especialistas en la Constitución no se ponen de acuerdo, sobre la legalidad del decreto de Calderón. Los trabajadores de LyFC argumentan que el gobierno de Calderón pretende privatizar la electricidad, cosa que desmintió el mismo presidente. Partidos de izquierda acusan a Calderón de ensañarse contra Luz y Fuerza, porque tienen el apoyo de los trabajadores. Otros analistas hablan de una guerra entre Luz y Fuerza y sus trabajadores, contra el gobierno de Calderón y las empresas de telecomunicaciones, que buscan la concesión de la red de mil kilómetros de fibra óptica, que todavía es propiedad de Luz y Fuerza del Centro.

Pero hay otro tipo de preguntas con respuestas obvias que van poniendo a cada quien en su lugar, dependiendo de la posición que toman respecto a la desaparición de la paraestatal y su sindicato. Dos de ellas saltan a la vista.

¿Por qué líderes de izquierda como Andrés Manuel López Obrador y Porfirio Muñoz Ledo, que se apartaron del PRI manifestando su rechazo a los líderes corruptos de los sindicatos, dan ahora su apoyo incondicional a Martín Esparza, uno de los más corruptos charros del sindicalismo? ¿Por qué si Luz y Fuerza está causando un gran daño a los usuarios de electricidad del centro del país y a la economía nacional, siguen defendiendo cadáveres putrefactos en lugar de buscar a las cigüeñas que nos traigan el bebé de la deseada prosperidad?

Las otras preguntas dejan enormes dudas respecto a la honradez de las causas que motivaron la desaparición de Luz y Fuerza y de su sindicato de trabajadores. ¿Es que acaso en los planes de Calderón está la desaparición de la Secretaría de Educación, el IMSS y PEMEX como tales, para que esos cambios acaben con la gusanera que generan sus líderes sindicales Elba Esther Gordillo, Valdemar Gutiérrez y Carlos Romero Deschamps respectivamente, para que la educación y el seguro social sean mejores y para que 11 mil trabajadores de PEMEX dejen de cobrar sueldos sin trabajar?

También debemos estar preparados por si Calderón aprovecha que el ejército anda suelto por las calles, para usarlo en contra de los trabajadores y del pueblo, como sucedió en el 68 con los estudiantes. Por ahora ya dio muestras de que está dispuesto a usar a la policía para alcanzar sus fines, en lugar de ir por los caminos claros de la legalidad.

Muchas dudas están por aclararse en un camino largo y sinuoso que le espera a México, donde al temor a los secuestros, a la falta de trabajo, a los policías que asaltan en calles y carreteras, ahora se agrega el riesgo de una explosión social, la misma que tanto se ha anunciado y podría estar a la vuelta de una protesta callejera.

(Ruvalcaba es escritor y periodista mexicano. Es autor de las novelas Vida crónica y Los novenarios y del libro infantil La mariposa bailarina, todos publicados. Desarrolló una larga carrera periodística en Los Angeles, California, en el diario La Opinión y la cadena televisiva Telemundo. Ha sido corresponsal del diario La Jornada en España).

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