
Complicada Espera por la Reforma
Migratoria
MARIBEL HASTINGS
America’s Voice
WASHINGTON, DC - El presidente Barack Obama dijo algo muy cierto en su
rueda de prensa del miércoles: “en este pueblo (o sea, Washington),
si uno no fija fechas para las cosas, no pasa nada”. Se refería
a la reforma de salud que parece haberse pospuesto hasta el otoño.
Pero lo mismo podría decirse de la reforma migratoria. Si no se
fijan marcos de tiempo, corremos el riesgo de quedarnos como novia de rancho:
vestida y alborotada.
Obama y el Congreso demócrata nos dan fechas aproximadas: este otoño,
a fines de este año, a principios del año entrante. Nos aseguran
que somos terceros en la fila: salud, medio ambiente e inmigración.
Si la reforma de salud se retrasa, podríamos anticipar descalabros
en el calendario legislativo.
Pero la espera por nuestro turno se complica con desarrollos que generan
desde frustración hasta ira entre la comunidad inmigrante y entre
quienes abogan por una reforma migratoria.
Es que todo lo que se ha anunciado hasta ahora se centra en la aplicación
de leyes o la ampliación de programas que han probado ser inefectivos
y dañinos sobre todo ante la ausencia de una reforma migratoria.
Por ejemplo, el congresista demócrata de Carolina del Norte, Heath
Shuler, reintrodujo su proyecto H.R. 3308 Secure America Through Verification
and Enforcement Act (SAVE Act) que, como su nombre dice, pretende asegurar
a Estados Unidos mediante la aplicación de leyes y la verificación
de identidad de los trabajadores.
El plan es bipartidista y ya tiene 75 coauspiciadores. El proyecto acompañante
en el Senado es de Mark Pryor, senador demócrata de Arkansas.
La medida exige que los empleadores utilicen el sistema E-Verify para determinar
si sus empleados tienen autorización legal para trabajar en EEUU;
refuerza la vigilancia fronteriza; aumenta la capacidad de los centros
de detención; y agiliza las deportaciones.
Me imagino que es mediante deportaciones que pretenden resolver la situación
de millones de indocumentados.
De otra parte, un nuevo reporte del Centro de Justicia de Inmigración
de la Escuela de Leyes Benjamín Cardozo confirmó lo que sabíamos:
que las redadas han aterrorizado a individuos y comunidades y han violado
la Constitución.
El nuevo mando del Departamento de Seguridad Interna (DHS) asegura que
su cambio de enfoque de empleado a empleador en las redadas será “positivo” aunque
los resultados sean iguales: pérdidas de empleos, económicas,
detenciones, deportaciones y separación familiar.
Y qué decir de las denuncias formuladas sobre las deplorables condiciones
en los centros de detención.
El DHS “mejorado” también hizo anuncios controversiales:
que desde el 8 de septiembre todas las empresas con contratos federales
deberán utilizar el programa E-Verify para determinar si sus trabajadores
tienen autorización legal; y que ampliará el programa 287(g),
que permite que policías locales funjan como agentes de inmigración.
El E-Verify se basa en los bancos de datos del gobierno, incluyendo la
Administración del Seguro Social.
Esos bancos de datos, por admisión propia, están llenos de
errores. Se calcula que son casi 18 millones de errores y la mayor parte,
más de 12 millones, tienen que ver con ciudadanos de EEUU. Es decir,
que existe el potencial de que ciudadanos o residentes legales pierdan
sus empleos por un error no aclarado a tiempo.
Grupos de derechos civiles denuncian que el programa se presta a prácticas
discriminatorias de parte de patronos inescrupulosos que echen mano del
mismo para atentar contra la privacidad de sus empleados.
Del programa 287(g) ni hablemos. Lo puso en el mapa el dudosamente célebre
Alguacil Joe Arpaio del condado de Maricopa, Arizona, al aplicarlo de forma
discriminatoria echando mano de perfiles raciales. Jefes de policía
rechazan la forma en que se aplica porque genera desconfianza entre la
misma población que se pretende proteger.
Pero el DHS lo amplió sumando 11 jurisdicciones a las 66 que lo
emplean. Aunque el gobierno asegura que se mejorará y se supervisará,
lo que han dicho no convence.
Lo que supone que seguimos en el mismo círculo vicioso porque todas
estas medidas no tendrán ningún efecto sin solucionar el
problema de fondo que es la situación migratoria de los más
de 12 millones de indocumentados entre nosotros.
Pueden verificar elegibilidad, hacer redadas, detenciones, deportaciones,
sellar la frontera y esos millones de indocumentados seguirán aquí,
viviendo en las sombras y en la incertidumbre, pero aquí.
A juzgar por las declaraciones del presidente del panel de Inmigración
del Senado, Charles Schumer, demócrata de Nueva York, debemos prepararnos
para un potencial plan de reforma que contemple un sistema de verificación
posiblemente basado en características biométricas. Recordemos
que esos sistemas no sólo afectan a personas sin documentos sino
a toda la población.
Pero sin contar con un proyecto y mucho menos con un debate donde ventilar
las posibles alternativas, ¿por qué ampliar programas que
no solucionan el problema de fondo y sólo complican la situación?
Un plan de reforma integral es el vehículo en el que pueden discutirse
las propuestas que apoyamos o rechazamos. En eso consiste el proceso legislativo.
Y citando a Obama, urge seguir presionando por fechas porque de lo contrario,
no pasará nada.
Maribel Hastings es asesora principal de America’s
Voice
