

America’s Voice
WASHINGTON, D.C. – Con la visita del presidente Barack Obama a México
continuó el escrutinio de lo que dijo o no sobre el
tema migratorio en busca de más señales sobre su compromiso
de avanzar la reforma migratoria comenzando este año. Obama afirmó que
su compromiso con la reforma sigue en pie, pero independientemente, esa
intención es parte de un proceso que involucra a diversos actores,
principalmente al Congreso.
Obama refrendó su intención de arrancar con el proceso este
año, aunque en entrevistas concedidas a varios medios evitó centrarse
en marcos específicos de tiempo para la acción final. Obviamente,
la Casa Blanca está siendo cautelosa en los pronunciamientos públicos
en torno a esos marcos de tiempo.
La semana pasada, tras publicarse un artículo del diario The New
York Times indicando que la reforma migratoria integral sí sería
una prioridad de Obama este año, la Casa Blanca reiteró que
el artículo no supone nada nuevo porque la funcionaria citada sólo
enumeró los objetivos trazados por Obama desde que era candidato
presidencial.
Pero nuevo o no, fue una señal bienvenida entre los grupos pro inmigrantes.
Hasta el más optimista sabe que ésta será una lucha
difícil.
Pero poco a poco hay señales de “movimiento”.
Por ejemplo, el anuncio el martes de que las dos principales organizaciones
sindicales, la AFL-CIO y Change to Win, acordaron los lineamientos para
apoyar un plan de reforma migratoria integral, uno que pide una comisión
independiente para determinar los futuros flujos de trabajadores, sugiere
que dos sectores opuestos en debates previos, intentan mostrar una sola
voz.
Todo mundo entiende que ese anuncio supone a su vez encontronazos con los
otros sectores, como el empresarial, que sí abogan por un plan de
trabajadores temporales como condición para apoyar cualquier reforma.
Pero al menos es señal de que los actores se están posicionando.
El sector religioso, por ejemplo, movilizado desde 2006 por la llamada
ley Sensenbrenner de crimininalización de los indocumentados y de
quienes los asistieran, ha dicho presente en cada etapa.
Patty Kupfer, quien administra el programa de America’s Voice de
apoyo y coordinación con grupos y organizaciones religiosas, explica
que “el alza de las redadas en 2007 y 2008 tuvo el efecto de obligar
a la gente a trazar una raya moral sobre la arena y decidir cuál
iba a ser postura”.
“Desde la elección de Obama, los grupos religiosos se han
estado organizando y coordinando en pos de la reforma como nunca antes
había visto. Como decimos en la comunidad religiosa, el espíritu
se está moviendo”, declaró Kupfer.
Los grupos pro inmigrantes, por su parte, con la experiencia de los debates
previos, afinan la coordinación de su intenso cabildeo conscientes
de que enfrentan a una oposición reducida pero ruidosa.
Y todos los sectores de este complejo asunto, sindicatos, grupos religiosos,
pro inmigrantes, pro derechos humanos, empresarios, y la oposición,
están representados en las facciones del Congreso que finalmente
es el encargado de avanzar o matar cualquier legislación.
De ese Congreso se esperan las señales.
El portavoz presidencial, Robert Gibbs, dijo el jueves que Obama sabe que
la inmigración no es un tema sencillo como otros que espera abordar, “pero
ello no merma nuestra obligación de lidiar con ellos”.
Y agregó que para que esa reforma se apruebe en el Congreso y llegue
a manos de Obama, se requiere una “saludable mayoría bipartidista”.
En palabras de Eliseo Medina, vicepresidente ejecutivo del Sindicato Internacional
de Empleados de Servicio (SEIU), ya el proceso está en marcha en
busca de 279 votos que harán realidad la reforma: 218 de la Cámara
Baja, 60 del Senado y la firma de un presidente: Barack Obama.
Maribel Hastings es Senior Advisor de America’s
Voice
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Latinos en Estados Unidos
