
Análisis
Con los senadores demócratas Hillary Clinton y Barack Obama pisándose los talones luego de las primarias del 4 de marzo, y el republicano John McCain como vencedor absoluto dentro de su partido, muchos analistas piensan que la aprobación de una reforma migratoria encaminada a legalizar a 12 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, es cuestión de tiempo.
McCain ha sido calificado de "campeón de la reforma", ya que firmó un anteproyecto de ley en el Senado en 2006, cuyo texto sirvió de base para los debates de 2007. El veterano senador y ahora virtual candidato republicano a la presidencia, se arriesgó a ser coautor de aquel anteproyecto a pesar de la resistencia de la mayoría de los senadores de su propio partido. Si fuese elegido presidente, seguramente promovería un proyecto similar. El fin de semana del 1 y 2 de marzo, McCain calificó el muro que se construye en la frontera con México de "una vergüenza", y lo hizo en su estado natal de Arizona, donde hay un fuerte prejuicio hacia la inmigración indocumentada.
Por supuesto, McCain ha variado su discurso durante el desarrollo de su campaña, otorgando prioridad a "la seguridad en las fronteras".
Clinton y Obama son definitivamente partidarios de una reforma que ayude a salir de las sombras a los millones de inmigrantes sin documentos legales, que viven y trabajan en Estados Unidos. Ambos, al igual que McCain, son partidarios también de un mayor control en la frontera no sólo para reducir el flujo de indocumentados, sino además para impedir el paso de narcotraficantes y terroristas.
Obama ha señalado que la inmigración ilegal hacia Estados Unidos debe solucionarse pronto, sobre todo por la enorme cantidad de casos, refiriéndose a los 12 millones de indocumentados. También ha dicho que "es ridículo" pensar que el gobierno norteamericano podría deportar a tantos inmigrantes.
Por su parte, Clinton ha mantenido su promesa de que en sus primeros 100 días de gobierno reanudaría el debate sobre la reforma migratoria en ambas cámaras del Congreso estadounidense.
Pero no hay que engañarse. Según un estudio del Pew Hispanic Center, dentro de la propia comunidad latina, la reforma migratoria ocupa el quinto lugar en interés, detrás de la educación, los seguros de salud, la economía y el empleo, de cara a las elecciones de noviembre de este año.
En un reciente editorial, el influyente diario The New York Times criticó el muro fronterizo y dijo que su construcción era una manera de evadir la aprobación de la reforma migratoria.
El costoso proyecto del muro "se va a pique cuando la estrategia general descansa en componentes simplistas, bardas y tecnologías 'cúralotodo', en lugar de atacar las causas por las que la gente cruza ilegalmente", subrayó el rotativo neoyorquino.
"Pese a lo que dicen los críticos de la 'amnistía', la reforma migratoria nunca ha sido una decisión entre legalización y control, porque legalización es control", indicó.
"Sólo contabilizando a las personas y siendo realista sobre el abasto de visas, dejando entrar a la gente por los puertos de entrada en lugar de perseguirlos por el desierto, es que este país restaurará la sanidad y el orden de este sistema quebrantado", puntualizó el Times.
Lo que está claro es que en 2008 no habrá reforma migratoria.
Este tema no aparece en la agenda del Congreso, y muchos presumen que no
aparecerá, precisamente, porque senadores y representantes a la cámara
baja no quieren comprometerse con la reforma hasta después de las
elecciones de noviembre. El nuevo presidente de Estados Unidos tomará posesión
de su cargo la tercera semana de enero de 2009. Sólo después
de esa fecha, parece posible que se abra el debate migratorio en el Congreso.
Mientras tanto, para infortunio de muchas familias, las redadas contra indocumentados
no se han detenido.
Se Duplican los Arrestos
de Indocumentados en 2007
