

Ramiro Valdés, detrás, y el general Raúl Castro.
Ramiro Valdés, Represor Cubano en Venezuela
Contacto News Service
Una fuerte polémica ha causado
en Venezuela la presencia de una "comisión
técnica" cubana presidida por el comandante Ramiro Valdés,
cercano colaborador de los hermanos Fidel y Raúl Castro,
con quienes estuvo alzado en armas en la Sierra Maestra en la década
de los 50. Pero, ¿quién es este personaje de 78 años
que muchos vinculan a los peores actos represivos ocurridos en Cuba?
Valdés es calificado por miembros de la oposición anticastrista como el Beria cubano. Laurenti Beria fue el jefe de los servicios de seguridad del dictador soviético José Stalin. Valdés fue ministro del Interior entre 1961 y 1968 y posteriormente entre 1979 y 1985, y se le considera el diseñador de todos los aparatos represivos cubanos. Es el fundador del temible G-2, Dirección de Seguridad del Estado.
El Ministerio del Interior cubano engloba a la Policía Nacional Revolucionaria, a los cuerpos de bomberos, al Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), algo así como el FBI cubano, a la Seguridad del Estado, a las tropas que custodian las prisiones, a las Tropas Especiales, especie de Fuerza Delta cubana y a los Servicios de Inteligencia.
A diferencia de otros países, el Ejército regular cubano ha participado muy poco en actos represivos. Son los efectivos del Ministerio del Interior los que se han encargado de esas tarea, en los 51 años de régimen comunista.
Se calcula que en el período de 1961 a 1968, una cifra no precisada que podría alcanzar los 10 mil cubanos fueron ejecutados en paredones de fusilamiento o fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales, una vez condenados a prisión. Por otra parte, hacia mediados de la década de los 60, aproximadamente 60 mil cubanos habían sido condenados a largas penas de cárcel por razones políticas, de acuerdo con un conteo que aparece en el libro Cuba: mito y realidad, del sociólogo Juan Clark, profesor de ciencias sociales del Miami-Dade Community College.
Los ejecutados no fueron solamente miembros del régimen de Fulgencio Batista. Un número notable de revolucionaros, entre ellos los comandantes Humberto Sorí Marín y William Morgan fueron fusilados. Entre los prisioneros más conocidos estuvieron otros revolucionarios antibatistianos, como Mario Chanes de Armas, asaltante del Cuartel Moncada en 1953 junto a los Castro y expedicionario del yate Granma que zarpó de México rumbo a Cuba en 1956 para combatir a Batista. Tras el triunfo revolucionario, Chanes fue acusado de conspirar contra los dirigentes de la revolución, algo que siempre negó, y finalmente fue condenado a 30 años de cárcel. Cumplió toda su condena y se cree que es el hombre que ha estado más años tras las rejas, por razones políticas, en todo el mundo.
En 1964 se desarrollaron intensos operativos del Ministerio del Interior, bajo la dirección de Valdés, y el Ministerio de las Fuerzas Armadas, encabezado por Raúl Castro, para perseguir, arrestar y enviar a campos de concentración a miles de homosexuales cubanos. Los campos de concentración tenían el nombre de Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Ante un fuerte escándalo internacional, protagonizado inclusive por intelectuales de izquierdas, las UMAP se cerraron en 1968 justamente el año en que Valdés abandonó el cargo de ministro del Interior. Una película documental titulada Conducta impropia, del laureado cineasta Néstor Almendros, ganador de un Oscar, y Orlando Jiménez Leal ofrece una amplia documentación y análisis del trato sufrido por los homosexuales en Cuba. En el documental, realizado en la década de los 80, exponen sus puntos de vista sobre este tema importantes intelectuales como Susan Sontag, Juan Goytisolo, Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla y Reinaldo Arenas, estos últimos también víctimas de la represión política cubana.
En 1979, luego de una tensa calma dentro de Cuba por una aparente consolidación del régimen, La Habana permitió por primera vez los viajes de cubanos residentes en Estados Unidos a la isla. Estos viajes estremecieron a la sociedad cubana y provocaron nuevos actos de contrarrevolución, protagonizados por jóvenes inconformes que no entendían cómo sus familiares en Miami tenían una calidad de vida superior a la de ellos. Eso no era lo que la propaganda oficial les había dicho a través de la prensa, la radio y la televisión, ni lo que decían sus maestros en las escuelas. También se produjeron ingresos espectaculares en embajadas extranjeras en busca de asilo político. Fidel Castro nombró nuevamente a Valdés en el cargo de ministro del Interior. El aguerrido represor desató nuevas olas de arrestos de jóvenes identificados por la Seguridad del Estado como "desafectos a la revolución", con ayuda de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), eguipos vecinales de vigilancia de la ciudadanía. Los CDR fueron fundados en septiembre de 1960. Muy pronto se convirtieron en aparatos de control de los cubanos, que de por sí ya estaban vigilados en sus centros de trabajo y de estudio por los sindicatos, y los núcleos del Partido Comunista y de la Unión de Jóvenes Comunistas. Muchos jóvenes apresados en aquella época fueron condenados a penas de cuatro años de cárcel por delitos que no existen en el mundo civilizado, como el de "propaganda enemiga".
La represión produjo en abril de 1980 la entrada masiva de 10.800 cubanos en la Embajada de Perú en La Habana, hecho sin precedente en la historia de la diplomacia mundial. Castro respondió con la apertura del éxodo marítimo desde el puerto de Mariel hacia Estados Unidos. Dijo que el cubano que lo deseara podía irse. El Ministerio del Interior, dirigido de nuevo por Valdés, organizó los tristemente célebres "actos de repudio" hacia los cubanos que habían decidido abandonar el país. Turbas civiles coordinadas por el G-2 y los CDR golpeaban y humillaban públicamente a quienes se iban de Cuba, con epítetos terribles como "escoria", "gusanos", "vendepatrias".
Tras su salida del Ministerio del Interior, Valdés mantuvo un perfil bajo en varios cargos oficiales y conservó los de vicepresidente del Consejo de Estado hasta 1986 y vicepresdiente del Consejo de Ministros hasta 1994, cargos que ocupó simultáneamente desde 1976, a la vez que se desempeñaba como ministro del Interior.
En 2006, con la enfermedad de Fidel Castro, el general
Raúl Castro
nombró a Valdés ministro de Comunicaciones e Informática,
que de acuerdo con miembros de la oposición cubana es un cargo para
el cual no está calificado, pero que permite al régimen tener
a un hombre fuerte al frente de las tareas de censura en el mundo de la comunicación,
especialmente en el área de Internet. Apenas el uno por ciento de
los cubanos tiene pleno acceso a la red. En 2009, Raúl Castro devolvió a
Valdés sus cargos de vicepresidente de los consejos de Estado y de
Ministros.
La llegada de Valdés a Venezuela, en febrero de 2010, se produce en
medio de multitudinarias protestas de estudiantes y opositores venezolanos,
por el cierre de medios de comunicación y por su inconformidad con la
política autoritaria
y ultraizquierdista del presidente Hugo Chávez. En Venezuela está ocurriendo
también un desplome económico, en medio de acusaciones de la
oposición de que
Chávez ha malgastado las riquezas nacionales en su empeño de
sostener económicamente
a gobiernos afines de América Latina, principalmente los de la propia
Cuba, Nicaragua y Bolivia. También se acusa a Chávez de sostener
a grupos de la izquierda radical en varias naciones, inclusive en Estados Unidos.
Ramiro
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