
EDITORIAL
Crisis, Navidad y Año Nuevo
Ha llegado la fiesta más importante del mundo cristiano, la Navidad.
Es el momento en que la gente de fe celebra el nacimiento de Jesucristo,
una figura que para millones de personas en el mundo es Dios, para otros
el hijo de Dios, y para muchos un profeta. No faltan quienes creen que aquel
hombre que curaba enfermos y predicaba el Evangelio, es apenas una leyenda
maravillosa. La realidad es que la influencia de Jesús de Nazareth
se ha hecho sentir de manera innegable y persistente durante más de
dos mil años.
Con la Navidad prácticamente termina el año 2009. No ha sido
un año más, ha sido un año muy difícil. Siete
millones 200 mil personas han perdido sus empleos en los últimos dos
años, otras muchas han perdido sus viviendas, y otras más temen
perder ambas cosas en medio de una tímida recuperación económica,
luego de la crisis más profunda que haya vivido Estados Unidos desde
los días de la Gran Depresión. En total, hay 15.4 millones
de desempleados en el país, y 11.5 millones de subempleados.
Estados Unidos entró en recesión en diciembre de 2007. A mediados
de este año, los economistas determinaron que la recesión había
concluido luego de dos trimestres consecutivos con un leve crecimiento económico.
Pero las buenas noticias que vienen de las cifras macroeconómicas
todavía no han tocado al estadounidense de a pie. Es que la crisis
ha sido mucho más fuerte que una recesión común, desde
que se desinfló el globo inmobiliario que condujo a una catástrofe
financiera mundial en septiembre de 2008.
El desempleo bajó en noviembre a 10 por ciento, de 10.2 por ciento
que había experimentado en octubre. Los hispanos también tuvieron
una ligera mejoría al experimentar una tasa de desocupación
de 12.7 por ciento, de más de 13 por ciento que habían tenido
el mes anterior. La tasa de subempleo, que suma a personas que tienen trabajo
temporal, también cayó de 17.5 por ciento a 17.2. En ambos
casos hubo buenas noticias, pero para que se tenga una idea del drama, cuando
se desató la recesión en diciembre de 2007, la tasa de desempleo
normal era de 4.9 por ciento y la de subempleo era de 8.7. Se espera que
el índice de confianza del consumidor y las ventas minoristas suban
durante estas fiestas, para dar un nuevo impulso a la economía.
Mientras tanto, el presidente Barack Obama tuvo que hacer una sólida
defensa de su decisión de enviar 30 mil sodados más a Afganistán,
al recibir el Premio Nóbel de la Paz, este mes, en Oslo, la capital
de Noruega. Estados Unidos tampoco ha podido deshacerse de las dos guerras
que libra en Afganistán e Irak, desde hace siete años. La popularidad
del presidente ha caído a 50 por ciento, de cerca de 70 por ciento
que tuvo al asumir su cargo en enero pasado. Dos encuestas serias, una de
la firma Gallup, y otra del diario The New York Times y la cadena CBS confirman
ese descenso de la popularidad de Obama.
El año que comienza pronto, 2010, será decisivo para salir
definitivamente de la crisis. El gobierno tiene la responsabilidad de administrar
el dinero del contribuyente de una manera racional y ajustada a la situación
económica actual. Las reformas emprendidas por el gobierno en materia
de salud, finanzas y energía podrían ser muy necesarias, pero
son muchas reformas en un período muy corto, y en un pésimo
momento. Por eso ha caído la popularidad del presidente. Por otra
parte, el sector privado tiene la responsabilidad de encontrar soluciones
prácticas a sus problemas internos, tomando en cuenta que cada empresa,
aun cuando sea privada, forma parte de la sociedad y, por tanto, tiene la
obligación de usar el sentido común, y con éste volver
a la conducta tradicional de respeto al consumidor y a sus empleados más
valiosos. Desafortunadamente, muchas compañías han tomado la
decisión de despedir a sus empleados más experimentados, y
sustituirlos por jóvenes. De este modo, piensan, ahorran dinero en
pago de salarios. El resultado real de esta decisión, para muchas
empresas, ha sido que la calidad de sus servicios se ha desplomado y con
ello se ha desplomado aun más la confianza del consumidor y las ventas
de esas empresas. Todo un círculo vicioso. El gobierno tiene también
un grado de responsabilidad en esto, al haber regalado dinero a manos llenas,
sin condiciones, a las grandes corporaciones. Mientras tanto, las empresas
pequeñas y medianas han sido abandonadas a su suerte, sin créditos
y con un intento de ayuda gubernamental miserable, a pesar de que constituyen
el verdadero motor del empleo y del desarrollo de la economía nacional.
Es necesario entender que sólo con el esfuerzo de todos, y con los
valores que hicieron grande a esta nación, llegará el fin de
la crisis.
A nombre del equipo de trabajo de Contacto y de nuestros patrocinadores,
deseamos a toda la comunidad Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.
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