
Miguel Coyula, Cine Propio y Universal
JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Miguel Coyula cumplirá 33 años de edad en marzo de este 2010, pero ya tiene una carrera en el cine. Viene de participar en el festival de Sundance. Es graduado de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba, su país natal. Vive en Nueva York, donde se estableció a partir de una beca que recibió en el año 2000 luego de conocer a Anna Strasberg, del mundialmente respetado Instituto Teatral Lee Strasberg. En 2003 estremeció a los amantes del cine de inquietudes e ideas con Cucarachas rojas, una película hecha con apenas dos mil dólares, en dos años.
La película fue catalogada por la revista Variety como "un triunfo de la tecnología en las manos de un visionario con conocimientos". Hasta ahora, Cucarachas rojas ha ganado más de 20 premios en varios festivales internacionales. Coyula participó en enero de 2010 en el Sundance con su nueva producción, Memorias del desarrollo, basada en la nueva novela de Edmundo Desnoes, Memorias del desarrollo, quien en los 60 escribió Memorias del subdesarrollo, cinta que fue llevada al cine. Pero no es una segunda parte de la película clásica cubana, es una perspectiva fresca y diferente del intelectual en la sociedad. En 2009, Coyula recibió otra beca, esta vez de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation.
La filmografía de Coyula es ya copiosa, 11 películas en 32
años de vida. Sobre su visión del cine actual, de la cultura
de masas, del cine de autor y de su propia obra, Contacto
Magazine sostuvo
el siguiente diálogo con el joven cineasta cubano.
JHC.- Memorias
del desarrollo llegó al Festival de Cine de Sundance
con el recuerdo de Memorias del subdesarrollo, que hizo mundialmente famoso
a Tomás Gutiérrez Alea en la década de los 60, y puso
al cine cubano en el mapa. ¿Qué te has propuesto con Memorias
del desarrollo?
COYULA.- Tratar de hacer una segunda parte siempre me pareció un
tanto absurdo porque mi manera de ver el cine es muy diferente. Este Sergio a
diferencia del protagonista de Memorias del subdesarrollo, se forma
dentro de la revolución
cubana, y esto le da una perspectiva diferente al personaje, aunque tiene
una manera de ver el mundo muy similar, observando sin participar. Siempre
me pareció que el conflicto de un personaje así no es el subdesarrollo
o el desarrollo, el comunismo o el capitalismo… Es la sociedad en
general. Ese es el tema que me interesa explorar: la alienación del
hombre en el mundo moderno, en este caso desde la perspectiva intelectual
cubana.
También me interesa explorar el conflicto de ser cubano en un contexto
más global. La película se filmó en cinco países.
No sé si sea cuestión de mentalidad isleña, pero muchos
cubanos piensan que Cuba es el centro del universo. Muchos intelectuales
y artistas cubanos que viven fuera de Cuba se mueven en un ghetto específico,
en donde Cuba y el cubano se perciben a traves estereotipos: música
y revolución, son los dos primeros que me vienen a la mente. El protagonista
de Memorias del desarrollo sufre mucho esto, porque no se considera un cubano
tradicional.
A diferencia de Memorias del subdesarrollo el estilo de esta película
juega mucho con la artificialidad y la estilización formal, incluso
al manipular elementos documentales hasta el extremo. Dije en un comienzo
que me interesaba mucho el cine de los años 60 y para esta película
en general me interesaba un híbrido entre la elegancia formal de Antonioni
y la fragmentación estructural del cine de Godard, con elementos de
animación. Es un híbrido de muchas influencias. La manera en
que se trata la historia me parece única en cuanto a la irreverencia.
Por ejemplo, la película abre con una secuencia fotoanimada de la
revolución cubana, con elementos juguetones, que contradicen a veces
el horror de las fotografías. Hay un distanciamiento evidente en mi
generación, cuando nos enfrentamos a la historia y la política
en general.

Miguel Coyula, al centro, se prepara para filmar.
JHC.- Estuve viendo un trailer de Cucarachas
rojas, creo que es una experiencia fenomenal. Por momentos, me pareció estar
inmerso en el mundo de El perro andaluz de Luis Buñuel. ¿Hay
algún propósito experimental en tu cine?
COYULA.- Curiosamente todo el cine que me interesaba antes de hacer Memorias tenía elementos de ciencia ficción, en general me atrae mucho
lo que no entiendo del todo. Me interesan las historias que no concluyen,
y en ese sentido la sensación de misterio permanente (inluso después
que termina una película) me es esencial. También siempre me
han interesado personajes que no funcionan dentro de las normas. Y quizás
por eso me atrae Memorias también, hasta cierto punto es una película
de ciencia ficción porque el personaje no encaja en ninguna parte
del mundo.
JHC.- Muchos cineastas cubanos que filman fuera de Cuba encuentran una
pared llamada "cultura de masas" que aplasta al cine de arte, especialmente
en cuanto a encontrar financiamiento. ¿Cómo observas ese llamado
triunfo de la cultura de masas dado por la televisión, la música
pop, el cine de Hollywood, Internet y la telefonía móvil en
relación con el cine de arte?
COYULA.- Desde muy temprana edad me di cuenta
que no tengo nada que ver con cultura de masas, no creo que es un problema
de formación, aunque
creo que mi educación en Cuba me ha formado (o “deformado”,
dependiendo a quien le preguntes) hacia un cine más complejo. Pero
creo que en general la sensibilidad es genética, creo, y tengo que
ser sincero conmigo mismo. La vida es muy corta y si uno no pueder hacer
cine sin compromisos, ¿para
qué molestarse? Creo que la tecnología digital me ha permitido
hacer cine de la única manera en que puedo trabajar: controlando todos
los elementos, guión, fotografía, y edición. Ahora hay
muchos cineastas independientes pero siempre me molesta que casi nadie toma
verdadera ventaja de la libertad que esto proporciona, muchos tienen como
sueño ser aceptados tanto en Hollywood como en el circuito de arte,
y eso me parece fatal. Para algunos funciona, es una cuestión de sensiblidad.
La naturaleza de mis películas no tiene un alcance masivo. Y yo no
puedo comprometer mi visión artística en absoluto, sencillamente
no puedo trabajar de otra forma.
JHC.- ¿Alguna esperanza de que haya otra vez un cine de autor, a lo
Fellini o Buñuel?
COYULA.- Creo que existe el cine de autor pero los tiempos han cambiado.
Creo que el público se ha vuelto más blando, sigo pensando
que el cine de los años 60 y 70 fue el más agresivo porque
fue un momento de ruptura en donde hasta el público más convencional
fue tocado al menos tangencialmente. Ahora la teconología digital
permite a todo el mundo hacer cine, esto es bueno porque así hay más
tela por donde cortar. A veces hay que cortar mucho pero aun así,
hay mayor probabilidad de encontrar cosas buenas.
JHC.- ¿En qué situación se encuentra el cine cubano
que se hace en Cuba actualmente?
COYULA.- Depende de inversionistas extranjeros
y eso hace muy difícil
poder contar historias sin compromisos de algún tipo. Estos inversionistas
casi siempren quieren elementos de color tropical: mulatas, playa, Cohibas,
gozadera y un humor ligero. El cine de Fernando Pérez es una de las
excepciones, pero en general creo que el futuro está de momento en
la produccion digital independiente que por razones económicas se
inclina más hacia la producción documental. Me gustaría
ver una película cubana verdaderamente contundente.
JHC.- En Hollywood se han establecido varios directores latinos, Alfonso
Cuarón, Guillermo del Toro, González Iñárritu,
mexicanos los tres. También se ha situado muy bien allí, como
director y guionista de televisión, Rodrigo García, hijo de
Gabriel García Márquez y que ha participado también
en el Festival de Sundance este año. ¿Hay en la meca del cine
algún director cubano de relieve internacional?
COYULA.- Como espectador me interesa el cine
que toma riesgos extremos. Cuando me siento a ver una película me interesa
mucho percibir sensibilidades únicas,
casi siempre alejadas del establecimiento. En ese sentido me interesa mucho
el cine del mexicano Carlos Reygadas. Pero es muy difícil, todo el
cine que triunfa en Hollywood tiene que tener un elemento comercial de algún
tipo. Lo cual no quiere decir que todo lo que salga de Hollywood es malo,
de hecho hay muchas películas de Hollywood que me gustan, pero no
es lo que más me interesa como creador.
JHC.- ¿Qué tal en cuanto a actores? En Hollywood también
funcionan Penélope Cruz y Javier Bardem, con un Oscar cada uno, Salma
Hayek y Antonio Banderas, y algunos cubano-estadounidenses como Andy García
y Cameron Díaz. ¿Por qué no hay allí actores
cubanos, inmigrantes recientes, de los que se han radicado en Estados Unidos,
España o América Latina?
COYULA.- Es un fenómeno que no comprendo del todo. Hay muy buenos
actores cubanos en Miami que no han logrado romper en el cine norteamericano,
no se cuáles sean las razones, ¿el idioma? Creo que este país
hay que entenderlo desde una temprana edad, y hay que estar dispuesto a salir
del gettho cultural que impone la comunidad cubana en el exilio. Muchos actores
veteranos en Cuba no pueden funcionar aquí por varias razones, el
idioma, la edad (la industria es bastante cruel cuando pasas de cierta edad),
y muchos no están dispuestos a salir del confort (familia y amigos)
que proporciona Miami. Para romper verdaderamente en Hollywood creo que hay
que formarse dentro de este medio, es un mundo y una manera de funcionar
muy diferente a Cuba.
JHC.- ¿Qué viene después
de Memorias del desarrollo?
COYULA.- Blue Road, segunda parte de
la trilogía que comienza con
Cucarachas rojas, donde continúo el tema de la ciencia ficción
en una realidad alternativa y la deshumanización del hombre frente
a la ciencia.
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Trailer de Memorias del desarrollo, película con la que Miguel Coyula participó en el Festival de Cine de Sundance, una nueva versión personal del joven realizador, de la nueva novela de Edmundo Desnoes, Memorias del desarrollo. En 2003 estremeció a los amantes del cine de inquietudes e ideas con Cucarachas rojas. La película fue catalogada por la revista Variety como "un triunfo de la tecnología en las manos de un visionario con conocimientos".