
MARIBEL HASTINGS
America's Voice
WASHINGTON - El asesinato de 72 migrantes centro y sudamericanos en
México
a manos de la organización criminal Los Zetas es claro recordatorio
del infierno al que se arriesgan quienes hacen la travesía a través
del vecino del sur para llegar a la tierra prometida buscando una mejor
vida.
Al desnudo quedan la miseria y la necesidad que orillan a millones a
abandonar países de origen en busca del sustento básico;
la incapacidad de los gobiernos que sumidos en estériles luchas
internas o en pantanos de corrupción no generan las condiciones
que pudieran evitar que sus ciudadanos opten por arriesgar la vida en
el cruce; la maldad sin límites de los traficantes de personas,
de drogas o de ambos que han hecho de esa miseria humana un negocio lucrativo;
la impunidad con la que operan; la complicidad por inacción de
las autoridades; la hipocresía y el cinismo de quienes alimentan
la violencia consumiendo o traficando drogas, proveyendo armas, lavando
dinero, y de quienes se benefician de esa mano de obra cuando hay vacas
gordas y la rechazan cuando hay vacas flacas; la falta de un sistema
que regule el ingreso legal de trabajadores o la reunificación
familiar sin que haya que jugarse la vida.
El único sobreviviente de la masacre, un joven ecuatoriano de
18 años de edad, quería reunirse con sus padres aquí en
Estados Unidos y ayudarlos a pagar la deuda que todavía tienen
con el coyote que los cruzó. El joven también se endeudó con
una red de coyotes para poder hacer la travesía. Rechazó la
visa humanitaria que le ofreció México.
Los diplomáticos de los países de origen de los migrantes
identificaron cadáveres y ofrecieron asistencia a los familiares.
El gobierno de México prometió acciones. Estados Unidos
ofreció ayuda.
Uno se pregunta dónde están los altos funcionarios antes
de las tragedias; por qué se requiere una masacre para mostrar "interés" por
connacionales o vecinos que en gran medida sostienen a estas economías
mediante el envío de remesas.
Uno sabe que miles más han muerto en similares circunstancias
sin que se reporte o importe. Que miles más les seguirán.
La masacre de Tamaulipas deja al desnudo la vulnerabilidad de los "invisibles".
También plantea las responsabilidades y las culpas compartidas,
aunque los protagonistas del último acto sean las víctimas
y los sicarios verdugos que ni siquiera merecen ser catalogados de "bestias",
como los describió el presidente mexicano Felipe Calderón.
El Departamento de Estado aseguró: "reconocemos los riesgos
que corren aquellos que hacen este tipo de migraciones, ya sea por la
amenaza de violencia de esos cárteles o el abrasador calor, y
es una de las razones por la que nosotros, Estados Unidos, comprendemos
totalmente que parte de la solución a esto es una reforma migratoria
integral".
El secretario general de la Organización de Estados Americanos
(OEA), José Miguel Insulza, afirmó que espera que "todos
los gobiernos de la región trabajen juntos en la búsqueda
de formulas que permitan enfrentar coordinadamente la acción nefasta
del crimen trasnacional".
Y el portavoz gubernamental mexicano en materia de seguridad, Alejandro
Poiré, anunció que la Procuraduría General de la
República pondrá "a los responsables en manos de la
Justicia" y que el gobierno mexicano seguirá combatiendo
el crimen organizado para evitar "que se vuelvan a repetir episodios
tan lamentables".
Si tan solo todo fuera cierto.
Maribel Hastings es asesora ejecutiva y analista de America's Voice.
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