
En el ataque del ejército colombiano a un campamento
de las narcoguerrillas de las FARC en territorio ecuatoriano, el pasado 1
de marzo, murieron por lo menos cinco mexicanos. Esto ha creado una controversia
en cuanto a qué hacían
los jóvenes mexicanos en aquel campamento, donde fue ultimado el líder
guerrillero Raúl Reyes, segundo jefe de las fuerzas rebeldes, y donde
se descubrieron cuatro computadoras con información comprometedora
para los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Rafael Correa, de
Ecuador.
De acuerdo con informes recientes de la inteligencia militar de Ecuador,
fueron 16 los jóvenes mexicanos que ingresaron al país suramericano
para participar en el segundo Congreso Continental Bolivariano. De ese total,
un grupo estuvo en el campamento de las FARC antes del evento, que se realizó en
Quito del 24 al 27 de febrero. Este grupo habría servido de correo
para trasladar un video de Reyes, que fue presentado en el encuentro de organizaciones
de izquierda.
Según el informe ecuatoriano, el 31 de enero arribaron la sobreviviente
Lucía Andrea Morett junto a Verónica Natalia Velásquez,
Fernando Franco Delgado, cuya muerte ya fue confirmada, Sorén Ulises
Avilés y el cubano nacionalizado mexicano Mario Dagoberto Díaz
Orgaz, identificado como presunto operador financiero de las FARC en México.
Este ingeniero que trabaja en el Centro de Ingeniería y Desarrollo
Industrial (CIDESI) de Querétaro ha desaparecido, pero negó todas
las acusaciones en su contra a través de un correo electrónico,
inclusive su viaje a Suramérica.
Se le acusó de tener en los últimos dos años cinco cuentas
bancarias con saldo promedio de 80 mil dólares, y de haber transferido
desde Panamá 20 mil dólares a esas cuentas.
Los familiares de los fallecidos y de una muchacha herida han justificado
la presencia de la víctimas en suelo ecuatoriano, con el argumento
de que eran estudiantes interesados en la problemática social de América
Latina.
Los jóvenes, que según la policía colombiana, formarían
parte de una célula ligada a las FARC, eran parte de una comisión
que en la noche del 2 de febrero se desplazó vía terrestre
y en transporte público hasta la ciudad de Lago Agrio, en la fronteriza
provincia de Sucumbíos. Desde esta ciudad, el 3 de febrero en la mañana
se dirigieron hasta el sector de Canta Gallo, última población,
cercana al campamento de las FARC a la que se puede llegar en automotor.
De allí habrían caminado hasta el sector de Angostura.
En el campamento clandestino habrían permanecido hasta el 22 de febrero,
fecha en la que retornaron a Quito con el video de Raúl Reyes al Congreso
Bolivariano.
El 27 de febrero en la noche, día en que finalizó el acto,
retornaron por la misma vía al campamento bombardeado el 1 de marzo
por el ejército colombiano; ahí habrían muerto los mexicanos.
Ecuador presume que junto a Juan González del Castillo murieron también
en el campamento de las FARC los mexicanos Fernando Franco Delgado, Sorén
Ulises Avilés Ángeles y Verónica Velásquez Ramírez.
Las FARC en México
La Procuraduría General de la República mexicana informó el
9 de marzo que el poder económico de las FARC en México ha
crecido en los últimos años, por sus negocios con todos los
carteles mexicanos de la droga. La procuraduría consiguió pruebas
de que los guerrilleros colombianos se abastecen de armas mediante el intercambio
de cocaína con grupos del crimen organizado. Estas operaciones, según
cálculos del gobierno de Estados Unidos, permiten a las FARC obtener
428 millones de dólares al año del narcotráfico mexicano.
Las FARC estarían nutriéndose de estos negocios, a pesar de
que el gobierno mexicano ordenó en 2002 el cierre de una oficina del
grupo guerrillero en la Ciudad de México.
Por su parte, el vicepresidente colombiano Francisco Santos denunció que
la guerrilla está reclutando jóvenes en las universidades,
movimientos sociales y grupos de izquierda mexicanos.
Se supo también que en días pasados, el joven Juan González
del Castillo, estudiante de la facultad de estudios latinoamericanos de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien murió durante
el ataque al campaemnto de las FARC, alentó a sus compañeros
a apoyar a las guerrillas colombianas.
Marín Íñiguez Ramos, catedrático de la UNAM,
considera que "no se pueden realizar juicios a priori".
"Hay una vocación abierta y plural a todas las corrientes de
pensamiento, pero nada más", puntualizó. "Habría
que hacer una investigación a fondo".
Por lo pronto, los familiares de algunos de los jóvenes mexicanos
muertos por el ataque colombiano, han anunciado que demandarán a Colombia
por el asalto militar al campamento.
