
Epístola Virtual a Roberto Alvarez Quiñones
por su Artículo "Marx contra
Marx"
De la Dialéctica al Sentido de la Realidad Viviente
MANUEL GAYOL MECIAS
I
Amigo Roberto, tu artículo me ha gustado, casi te puedo decir que
sobremanera, por una razón, entre varias, porque es sencillo, dicho
así, no más, un artículo simple, pero que encierra una
prueba tan irrefutable como magnífica en su exposición. Es
algo tan a la vista que muchos, a decir verdad millones, no se percatan de
ello. Por lo general, les toca a la mayor parte de los ciudadanos de un país
que poco a poco, o muy rápidamente, perdieron la visión de
lo que estaban (y aún están) viviendo.
Esto que dices en tu trabajo es prácticamente verdadero y ninguno
de los voceros, funcionarios,"intelectuales", politólogos,
militantes comunistas (entiéndase también socialistas y fascistas
en otro extremo) pueden ser capaces de refutarlo; y, sin embargo, lo que
hacen es buscar variantes, subterfugios, falacias, un discurso sin ningún
tipo de sustento, que nada más se tragan los pueblos que son convertidos
en masas, pueblos formados por seres que, sin saberlo, ya tienen la mentalidad
del zombi, aunque también se lo endilgan, como hemos dicho, unos cuantos
llamados intelectuales.
¿Cómo es posible, entonces, que una verdad tan lapidaria como ésta
no les haya impedido inventar subterfugios, discursos falaces y argumentos
banales a estos líderes y funcionarios si no es porque han acompañado
a sus palabras de todo un aparato de represión muy sofisticado, de técnicas
duras y sutiles para crear el miedo, incluso para hacer de este miedo un trauma
inconscientemente colectivo? Estos pueblos: Corea del Norte, Cuba, Rusia en
sus pasados setenta años de tiranía y las demás naciones
del ex bloque socialista, han tenido que sufrir este tipo de hecatombe moral,
y fingir —aún hoy: Norcorea y Cuba— que creen en estas supuestas
verdades científicas, que se les habla en escuelas, universidades, periódicos,
revistas y programas de estudio a nivel popular, etc., cuando es la dialéctica
la primera verdad irrefutable que los niega, como tú bien expones. Pero
parece que esto es también ley social e histórica a través
del engaño y la ingenuidad; quiero decir, el hecho de que estas dictaduras
de izquierda, independientemente de la fortísima represión que
aplican, se imponen asimismo buscando la manera de idiotizar a la gente, cuando
crean sus confusiones basados en la desinformación generalizada. Y es
que la represión viene a ser científica, estudiada, mediante
las coerciones física y psicológica, que a los pueblos no les
queda otro recurso que, por un lado, fingir, y por otro, responder con la doble
moral que, independientemente de sentirse como un mecanismo de defensa para
subsistir y aun para resistir, ayuda a empeorar la ignorancia, hasta llegar
al terror subconsciente y a la desinformación total, no sólo
noticiosa, sino además conceptual.
La respuesta, amigo mío, a una pregunta que se podría desprender
de tu trabajo (¿Por qué sucede esta catástrofe de las
dictaduras comunistas si incluso en el discurso teórico del marxismo
está expresamente claro su propia contradicción, después
de que se ha tomado el poder?), pienso que habría que buscarla bien
a fondo porque es diversa y compleja; quiero decir: se hace necesario indagar
con profundidad en por qué este hecho paradójico sucede, a
pesar de ser tan evidente, aun cuando resulta un desastre para la humanidad.
Pero esto sería un ensayo extenso, un trabajo de más envergadura,
un libro, digamos, al que tu artículo podría servir de prólogo.
II
La realidad viviente
De modo que me inspiro en tu artículo para decir algo que me parece
podría ser interesante. Hoy pienso que la realidad —de la misma
manera en que se descubrió que el planeta Solaris estaba vivo, historia
de ciencia ficción en una novela de Stanislaw Lem, llevada al cine
en 1972 por Andréi Tarkovski—, la realidad, repito, a pesar
de aparentar ser un concepto abstracto, es un elemento actuante, vivo y consciente
de que sus elementos, factores y aspectos (todo lo que pueda ser material
en el planeta y en el universo y todo lo que puede ser invisible e imaginario),
sus parámetros y coordenadas y lo subjetivo pero que al mismo tiempo
se siente y se presiente, lo espiritual e intangible, añadamos, están
ligados indefectiblemente no sólo al surgimiento y a la historia del
ser humano y del cosmos, sino además a los principios formativos que
parten de las leyes de la dialéctica, en cualquier espacio físico
y anímico, incluyendo las formaciones energéticas.
La dialéctica de la realidad también somos nosotros mismos;
es la naturaleza a nuestro alrededor y es además la relación
estrecha entre la naturaleza y nosotros. Pero tan importante como esto es
la presencia invisible de nuestros pensamientos y deseos, nuestros instintos,
dudas y emociones, nuestra sensibilidad ante el pasado, el presente y el
futuro, y la suma y las partes de lo que compone el sistema de los sentidos,
y todo es realidad; y lo más importante aquí es que dentro
de la realidad funciona la lucha de contrarios para todo este conjunto. En
definitiva, este gran grupo de cosas, funciones, características y
categorías materiales y no materiales conforman la realidad. Además,
añadiría que es la vida misma y, por ende, es la más
completa comunicación con lo que se ha llegado a llamar Dios.
Por tanto, y tan vital como lo anterior, la realidad también es espiritualidad —ya
lo dije pero lo recalco—, es sueño y es imaginación.
Y junto a todo esto, tenemos que hay una realidad individual y otra colectiva,
social. Y agregamos la realidad económica, política, cultural;
y la realidad en el tiempo: una realidad que se hizo pasado y que desde ese
entonces nos influye. En otras palabras, es puro contacto con las cosas y
con las circunstancias que se viven en el momento del ahora. Y algo más
que decir es que se proyecta hacia un futuro mediato e inmediato mediante
sus leyes dialécticas.
Por este agregado de aspectos mencionados, se puede intuir que la realidad
es una condición ubicua, omnipresente, y que existe porque existimos,
(porque si no existiéramos, la realidad entonces se haría inmutable,
o dejaría de ser, hasta el momento mismo en que el hombre vuelva a
existir). Si los seres humanos, o probablemente otros seres pensantes del
universo, desapareciéramos, de hecho la realidad no sería tal
para nosotros pero siempre, en su inmutabilidad, lo será para el universo,
también en su carácter de inmutable, y ambos entonces serían
nada, no existirían; o sea, que la realidad permanecería “en
sí” en espera de la fuerza de la vida para comenzar a moverse.
Otra cosa más es que ella está vinculada al pensamiento, a
las sensaciones y también a las circunstancias del espacio y del tiempo,
y por intuición, podríamos agregar que está vinculada
a lo que se encuentra más allá de los límites humanos,
pero siempre impulsada, como energía dialéctica, por la existencia
humana, o por los inciertos otros seres pensantes que pudieran existir.
La realidad y su ley de contradicciones, entre tantas cosas, es independiente
cuando es “para sí”, en función de la red infinita
de circunstancias, y, por tanto, como fuerza de abstracción es Dios
mismo (o la fuerza generadora primera) y todo lo que pueda abarcar el mundo
intangible de las ideas. Pero como fuerza concreta es energía invisible,
siempre dada en espiral por su eterna lucha de contrarios. Su esencia principal
aquí es la dialéctica; y la dialéctica es la espiral
que lo impulsa todo hacia adelante en la búsqueda de un constante
cambio. Cuando un conjunto de factores coinciden en el espacio y el tiempo,
decimos que la realidad nos está proponiendo una resultante. Y en
la mayoría de las ocasiones esa resultante no es producto de los decretos
del hombre, si no que aunque se veía venir, esa respuesta es un cambio
que se instala por sí mismo ante nuestros ojos y hasta nos sorprende.
En resumen, la realidad es el sentido de los sentidos; es el ser-mismo y
el ser-otro, vivo, antes y después, lo que está más
allá de todo y dentro de uno; lo que palpamos, pensamos y soñamos
y nos palpa, nos piensa y nos sueña de la manera más paradójica
que existe: la lucha de contrarios. En definitiva, es algo que podemos conocer
como la total realidad viviente.
III
La espiral impulsa la realidad
Como sé que eres un conocedor de la historia y que en algún
momento tú mismo me has hablado de este tema, apelo al recuerdo de
algunas de nuestras charlas en la que, quizás, me aclarabas no sólo
la genialidad de Heráclito de Efeso, en cuanto a la realidad cambiante
y a su famosa frase de “Todo cambia, todo fluye, nadie puede bañarse
dos veces en las mismas aguas de un río…”, sino que también
intercambiábamos el criterio de que en un principio la lógica
y la dialéctica estaban enlazadas en su concepto de conversación
o de argumento para la persuasión. Pero que ya en el siglo XVIII,
o el llamado Siglo de las Luces, el concepto de la dialéctica tomó otro
curso más amplio, como lo fue el hecho de definirse además
en su naturaleza de contraposiciones, dándosele a la tesis, la antítesis
y la síntesis un nuevo impulso más racionalista (y sin desdorar
al racionalismo, pero pienso que éste es otro tema álgido cuando
te das cuenta de que la cultura occidental con su imperio de la modernidad
ha venido aislando al racionalismo de su contrapuesto y armónico extremo
que es la imaginación).
Como tú sabes fue ya en 1808, con su Fenomenología del espíritu,
que el filósofo alemán G. W. Hegel le otorgó un sello
distintivo a este término (que incluso venía en uso desde Platón),
ampliando (Hegel) el concepto de la dialéctica en una medida inconmensurable,
y en el cual él concebía la fenomenología de los problemas
en una circunstancia dada, formada por opuestos radicales, en su contacto
con la realidad, pero que yo me atrevo a pensar (sin siquiera intentar ni
por asomo, por supuesto, enmendar a Hegel, sino partiendo de su enfoque),
de que no es “en contacto con la realidad”, sino que la dialéctica
se encuentra dentro de la realidad toda, que es su motor energético,
como forma natural e intrínseca de lo que tradicionalmente se ha conocido
como realidad.
Por su parte, Carlos Marx se adentró en el aspecto de la realidad
social y aprovechó esta dialéctica hegeliana (con alguna puntería),
hasta llegar a decir en el Manifiesto comunista (1842) que “toda la
historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”, como
una confrontación para el cambio histórico. Bien, creo que
incluso tú mismo me has aclarado que esto no es cierto, que es un
mito y una reverenda falsedad, y que para ello, él aprovechó un
momento dado en el tiempo, su tiempo de luchas obreras y de las clases más
desposeídas contra el empuje de un capitalismo caótico en aquellos
momentos.
En efecto, así hemos llegado a coincidir (tú y yo) en que todo
ese populismo fidelista, raulista, chavista y de sus acólitos no son
otra cosa que engendros creados cada vez que en el mundo rige este tipo de
capitalismo sin control.
Por naturaleza, la dialéctica no puede detenerse; por ello, la lucha
de clases tampoco cesaría. Pero también es que todo no es lucha
de clases, como hemos comentado ya, hay decenas de guerras en la historia
que no se han dado por luchas de clase, sino por ambición, corrupción
y mera aspiración al poder. Independientemente de que el hombre esté dividido
en clases, también se encuentra imbuido de muchas otras necesidades
e intereses, que en mucho sentido influyen para buscar un cambio.
Marx en sus ideas, como bien dices, llegó a exponer la lucha de contrarios
como un principio básico para los cambios; sin embargo, como asimismo
sugieres, poco después habló de la “dictadura del proletariado”.
Y todas las dictaduras, de derecha y de izquierda, son de igual manera por
naturaleza, un estancamiento, una antítesis de lo anterior, cierto,
pero a veces una antítesis demasiado larga, al punto de que antes
de convertirse en síntesis se hace un proceso oscuro de freno y retroceso,
y que mientras se mantiene interrumpe el progreso humano.
De aquí que los procesos históricos de la espiral de la realidad
se interrumpen, sí, como ha sucedido en la historia particular de
muchos países (y más con la práctica tenaza con que
ha sido llevada la “dictadura del proletariado” en esas naciones).
Sin embargo, en última instancia, más tarde o más temprano,
las curvas de la espiral, en el tiempo y el espacio, vuelven a unirse y el
proceso negativo que la detenía termina o queda atrás y la
vida económica, política, social, etc. continúa su marcha
inexorable. Esto lo sabe cualquier estudioso, cualquier político o
consejero político documentado, y más todos —en el caso
de Cuba— los que han rodeado al ya casi extinto dictador Fidel Castro,
que aún se sostiene en el poder incluso supuestamente amparado por
la dialéctica. Pero, bueno, ¿dialéctica de qué…?
Esto no es más que el ejemplo clásico de que cuando esos intereses
de clases llegan al poder y se unen a los intereses privados de unos cuantos,
es entonces cuando ellos (los poderosos gobernantes populistas engendrados
por ese tipo de capitalismo caótico del que ya hemos hablado) detienen
la evolución de la espiral o la interrumpen para —convertidos
en depredadores— darle paso a un proceso involutivo de unos cuantos
largos años.
Pero bien, estas cosas tú las sabes mejor que yo, incluso se desprenden
sucinta y admirablemente de tu aparente sencillo artículo. No obstante,
lo que me interesa a mí aquí —por inspiración
de lo que escribiste, ya te digo— es el hecho de haber intentado añadir
que la realidad es viviente, activa y omnipresente, y que la dialéctica
es una de sus tantas formas de manifestarse, a veces a modo de energía
colectiva; además de cómo ese proceso dialéctico de
la espiral es interrumpido por estas ideas aberrantes de los estudiosos de
Marx y de Engels; ideas que para mí siempre fueron incompletas.
De tu trabajo se desprende lo patéticamente absurdo que son hoy en
día los gobiernos coreano y cubano, el venezolano con sus acólitos
y otros que, con su ropaje religioso, están con la obsesión
de acabar con la cultura occidental, poniendo al mundo en un riesgo vital.
Y estos grupos de gobiernos y movimientos fundamentalistas, que no por ser
pequeños países y, dentro de ellos, sectores que representan
a una muy pequeña parte de sus pueblos, dejan de ser altamente peligrosos.
Recordemos la Crisis de los Misiles en Cuba (1962), y estemos conscientes
en estos momentos de la proliferación armamentista y nuclear y el
terrorismo. Recordemos ese imbécil mejunje que surgió de la
Nada y significa nada que es “el socialismo del siglo XXI”, y
en el nombre del cual se está destruyendo irremisiblemente un grupo
de países. Recordemos que por ser pequeños países (algunos
gobiernos) y otros, que supuestamente han ocupado un papel tercermundista
en la historia, son aún más peligrosos, simplemente porque
ambicionan el poder de los más grandes, sin tener recursos para controlarlo,
y con fines muy ocultos. Saludos, tu amigo, MANOLO.
(Gayol Mecías es escritor y periodista, autor de varios libros publicados.
Trabajó varios años en Casa de las Américas y fue parte del equipo de editores
del diario La Opinión de Los Angeles, California).
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