
Cerrado el Hospital Martin Luther King Jr.-Harbor
Con historias de horror que parecen sacadas de un país olvidado por
el mundo, el Hospital Martin Luther King Jr.-Harbor del sur de Los Angeles
reprobó las continuas inspecciones de los Centros de Servicios de Medicare
y Medicaid, por lo que no recibirá 200 millones de dólares de
ayuda federal que necesita para seguir prestando servicios. Medicare y Medicaid
son seguros públicos de salud administrados por el gobierno de Estados
Unidos.
Fueron tres años y medio de fracasos a la hora de cumplir con los requisitos
federales mínimos de trato a los pacientes, hasta que el 10 de agosto
finalmente se supo que este centro médico había llegado a su
fin. Atendía 47 mil pacientes al año, la inmensa mayoría
personas pobres de vecindarios afroamericanos y latinos. Aproximadamente 125
pacientes llegaban a la sala de emergencias diariamente, 30 de los cuales
lo hacían en ambulancia. Su sala de emergencias cerró de inmediato.
Otras secciones del hospital cerrarán a finales de agosto.
Hay 29 hospitales en los alrededores que absorberán los pacientes,
entre ellos el St. Francis de la ciudad de Lynwood, el Downey Regional Medical
Center, de la ciudad de Downey, y el Long Beach Memorial Medical Center and
Miller Children's Hospital, en Long Beach.
Historias de Horror
Las escalofriantes historias de enfermeras del Martin Luther King Jr.- Harbor
que mentían acerca de las condiciones de los pacientes en los expedientes
clínicos, de no suministrar los medicamentos prescritos por los médicos,
y de dejar solos a pacientes gravemente enfermos durante horas, fueron descubiertas
por inspectores federales en enero de 2004.
En junio del mismo año, el organismo federal encargado del Medicare
descubrió que el personal de servicio en el King-Harbor, como era conocido,
descansaba en la mayoría de los casos en la labor del Departamento
del Sheriff para controlar a los pacientes agresivos con desórdenes
mentales. Los agentes usaban pistolas eléctricas para esa labor. En
diciembre de 2004, el Medicare descubre otra vez este mismo trato a pacientes
con trastornos mentales.
En septiembre de 2006, el hospital recibe por primera vez la noticia de que
no tendrá los 200 millones de dólares federales, que constituyen
la mitad de su presupuesto, al no aprobar una sorpresiva inspección.
Pero el gobierno federal accede a demorar la retirada de fondos mientras el
gobierno del condado de Los Angeles, que administra el King-Harbor, reduce
las operaciones de ese centro de 200 camas a 42 camas y lo coloca bajo la
supervisión del Centro Médico de la Universidad de California
en Los Angeles (UCLA) Harbor.
Pero en mayo de 2007 ocurre una verdadera hecatombe. Edith Isabel Rodríguez,
de 43 años de edad, muere en el piso de la sala de emergencias del
hospital, a donde había llegado con un fuerte dolor 45 minutos antes.
El personal del centro la ignora y un empleado limpia el piso a su alrededor.
El suceso fue grabado en video y ocupó importantes espacios en los
medios de comunicación de todo Estados Unidos.
En junio de ese mismo año el Medicare pone un ultimatum al hospital
obligándolo a responder en 23 días, sobre la muerte de la mujer.
Poco después, el Medicare considera que el centro ha resuelto al menos
ese problema debidamente, a nivel administrativo. Sin embargo, el Departamento
de Salud de California da un primer paso destinado a retirarle la licencia
de operación al hospital.
Un mes después, en julio de 2007, otra sorpresiva inspección
federal descubre problemas que ponen en peligro a los pacientes. Un enfermo
de la sala psiquiátrica se hiere a sí mismo con un escalpelo
encontrado en la sala de emergencias.
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