Controversial y poco eficiente en materia de generar bienestar para los venezolanos
en ocho años de gobierno, el presidente Hugo Chávez ha decidido
nuevamente olvidar sus responsabilidades como gobernante presuntamente elegido
por el pueblo para navegar más profundamente por aguas antidemocráticas.
Su decisión de clausurar Radio Caracas Televisión hace recordar
la decisión de su amigo y aliado Fidel Castro, el dictador que más
años ha estado en el poder en el mundo moderno, quien en 1960 hizo lo
mismo, pero con todos los medios de comunicación cubanos. Castro, como
ahora lo pretende Chávez, expropió los medios y los hizo propiedad
del gobierno, y desde entonces los usa como aparatos de propaganda.
La democracia no es solamente un asunto de expresión popular en las urnas.
La democracia es, sobre todo, un sentido de respeto hacia
las libertades fundamentales universalmente aceptadas, entre las que la
libertad de expresión juega un rol especial. Aun en el caso de que Radio
Caracas Televisión haya presentado a su audiencia una cobertura informativa
parcial, en contra del gobierno venezolano, ordenar su clausura por esto sería
equivalente a que el archienemigo de Chávez y de Castro, George W. Bush,
hubiese clausurado la CBS cuando Dan Rather presentó un informe falso
de la vida militar del poco elogiable presidente norteamericano. Nadie habría
tolerado tal decisión. O equivalente a que Bush hubiese ordenado el cierre
de alguno de los 20 medios más importantes de Estados Unidos, cuando
en 2005 un
estudio de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) indicó
que de éstos, 18 presentaban una cobertura inclinada hacia la izquierda
y sólo dos hacia la derecha.
Medios de comunicación y organizaciones, desde el Parlamento Europeo
hasta el Parlamento Centroamericano, han criticado la decisión de Chávez.
¿Quién sale perjudicado con el cierre de Radio Caracas Televisión?
El pueblo venezolano, en primer lugar; la imagen del propio Hugo Chávez,
en quién ya ninguna persona seria confía; y la imagen de quienes
por una razón u otra dependen de los financiamientos políticos
que el caudillo venezolano concede a cierto aliados, con el dinero procedente
del petróleo de todos los venezolanos.
La sombra de la dictadura está regresando a Venezuela, casi 50 años
después de la fuga del general Marcos Pérez Jiménez, en
1958. Dicho sea de paso, Chávez ha estado dos años más
en el poder que aquel general autoritario y personalista.
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