
La Gerontocracia Cubana, Otro Récord
La élite de poder en la isla tiene una edad promedio
de 74.6 años
y es la más anciana del mundo.
ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES
Es una lástima que la organización a cargo
del Libro Guinness de Récords Mundiales no tenga más chispa
y le pasen por delante carretas y carretones sin detectarlos.
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Es mucho lo que se pierde al no poner un poco de atención en Cuba.
Se le han escapado ya dos plusmarcas difícilmente superables: Fidel
Castro es el único terrícola que sin ser rey o príncipe
ha estado 50 años en el poder, y la isla es el único país
en la historia moderna que ha tenido dos dictadores simultáneos avalados
por una Constitución.
Cualquier simple aficionado en estas lides recordistas, como yo, se puede dar banquete hallando marcas mundiales “made in Cuba”. Por ejemplo, hace poco vi una foto reciente en la que se ven juntos a Raúl Castro (78 años), Jose R. Machado Ventura (79), Ramiro Valdés (77) y Juan Almeida (82). Hice una breve pesquisa y salió a la luz otra plusmarca: la máxima dirección política y gubernamental de Cuba es la más anciana del planeta.
Esos cuatro comandantes históricos de la foto –Machado Ventura
es también comandante de la Sierra--, junto con Fidel (83 años),
controlan por completo el Buró Político del Partido Comunista,
máxima instancia de poder según la actual Constitución.
El promedio de edad de los cinco es de 80 años.
A ellos deben agregarse los otros cinco hombres más poderosos del
país, los generales Julio Casas Regueiro (74), ministro de Defensa;
Abelardo Colomé Ibarra (70), ministro del Interior; Alvaro López
Miera (66), jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas; Carlos Fernández
Gondín (70), viceministro primero del Interior a cargo de la Seguridad
del Estado y la represión; y Leopoldo Cintas Frías (68), viceministro
primero de las FAR.
Esos 10 hombres, todos comandantes o generales constituyens la créme
de la créme de la cúpula castrista. Son quienes tienen la sartén
por el mango, pues ocupan los cargos en los que descansa el máximo
poder politico y represivo-militar de la nación. Y esa super cúspide
dictatorial, en la que no hay ni un civil siquiera para guardar la forma,
tiene una edad promedio de 73.7 años.
A ese grupo todopoderoso hay que añadirle las seis figuras que completan la cabeza del régimen, por decisión de los Castro: Esteban Lazo (66), íntimo de Raúl, vicepresidente del Consejo de Estado y superpesado en el BP; el general Ulises Rosales del Toro (67), igualmente íntimo de Raúl y vicepresidente del gobierno; Ricardo Alarcón (72), presidente de la Asamblea Nacional; Guillermo García (81), el otro Comandante de la Revolución (junto con Valdés y Almeida); y José Ramón “El Gallego” Fernández (86), muy allegado a Raúl y el vicepresidente histórico del gobierno.
La edad promedio de esos 16 jerarcas principales de Cuba es de 74.6 años. Cuatro tienen más de 80 años y siete son septuagenarios. Si revisamos ya la edad del BP completo, el promedio es de 65 años, y la del Consejo de Estado es de casi 70 años. De manera que 2,500 años después de las sesiones del Consejo de Ancianos ateniense, o la Gerusía de Esparta, en Cuba gobierna igualmente una gerontocracia, sólo que estos viejitos no son ni sabios, ni tienen las buenas intenciones de aquellos.
En China y Vietnam, que emulaban con los soviéticos en la longevidad de su dirigencia comunista, ya no es así. Hoy la edad promedio del BP del PC de China es de 63.8 años, y la de la cúpula vietnamita es de 61.6 años. Y no hay ninguna otra élite gobernante planetaria que compita con los casi 75 años de la de Cuba.
Burla a los “vejestorios” soviéticos
Lo irónico es que hasta los años 80 en Cuba se burlaban de los “vejestorios” que integraban la cúpula gubernamental y partidista de la Unión Soviética y de Europa del Este, China, Vietnam, Mongolia y Corea del Norte.
Fui testigo presencial de cómo Fidel Castro hacía chistes en privado sobre el “asilo de ancianos” soviético y el chino. Aquellas bromas eran comunes entre la nomenklatura castrista y en la población.
Cuando en 1981 se supo que Brezhnev estaba delicado
de salud se extendió en
la cúspide cubana y en toda la isla el temor de que a su muerte asumiese
el mando el número dos del Kremlin, Mijail Suslov, ideólogo
del PC desde los tiempos de Stalin, quien lo nombró director de Pravda
en 1947. El temor no era por ser Suslov un ortodoxo de línea dura
contrario a todo “aligeramiento” del sistema comunista, sino
porque tenía 79 años.
Cuando Suslov murió, en enero de 1982, la noticia fue recibida con
alivio en La Habana. Ya un casi octogenario no relevaría a Brezhnev.
Y cuando éste ultimo murió, 10 meses después, la designación
del jefe de la KGB, Yuri Andropov, fue recibida por la dirigencia cubana
como un paso de avance, pues Andropov “sólo” tenía
68 años.
Andropov falleció 15 meses más tarde, en febrero de 1984, y
el nombramiento de Konstantin Chernenko para sucederle fue considerado en
Cuba como un disparate, pues el nuevo líder soviético tenía
73 años. Chernenko duró sólo 13 meses, y a su muerte
la preocupación en la isla era que le correspondía el cargo
a Andrei Gromiko, canciller soviético desde 1957 y el miembro del
BP con más “areté” (como diría Homero),
un “carcamal” de 76 años.
Pero Gromiko sorprendió a todos. No aceptó el cargo y sacó de la manga a Mijail Gorbachov, un “mozuelo” de 54 años, a quien propuso y fue elegido el 11 de marzo de 1985 como nuevo jefe supremo de la URSS.
A Castro esta vez no le gustó la jugada, pues como le llevaba cinco
años de edad a Gorbachov se percató de que ahora el vejestorio
era él.
Otros cuatro récords
Pero los récords no escampan. “El Gallego” Fernández, nacido en 1923, es ministro desde 1972 y vicepresidente del gobierno desde 1978. Difícilmente haya otro ministro en alguna parte que tenga 86 años, que lleve 37 años en el gabinete, y que haya hoy otro vicepresidente de un país en toda la galaxia que se haya mantenido en el cargo por 31 años.
Por otra parte, Raúl Castro fue ministro de Defensa durante 48 años y cuatro meses. ¿Hay algún colega que le haga sombra siquiera?
Lo que explica el enquistamiento de esta gerontocracia es que Fidel y Raúl Castro sólo confían en ellos mismos y en los históricos de la Sierra Maestra. Perciben que únicamente así evitan toda “idea fresca” aperturista que agriete su férreo monopolio del poder. Sólo así se garantizan a sí mismos el disfrute de lo que Fidel cínicamente llama “la miel del poder” cuando se refiere a terceros y no a él y sus apadrinados, miel que significa el goce de una dolce vita tan insólita como inmoral, afincada en la miseria y la desesperanza de 11 millones de conciudadanos.
De esta forma la élite castrista eterniza el inmovilismo y la continuidad del “nazionalsocialismo” que ha convertido en ruinas a un país que en 1958 duplicaba el ingreso per cápita de España y casi igualaba el de Italia.
Moraleja: los Castro y sus arrugados colaboradores de cabecera le temen a las ideas renovadoras y al cambio más que el conde Drácula a la cruz.
(Alvarez Quiñones, periodista y analista político
y económico, trabajó en
el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, durante
27 años. Fue analista económico de la Televisión Cubana
durante nueve años. Radica en el sur de California desde 1995 y trabajó para
el diario La Opinión de Los Angeles entre 1996 y 2008).
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