Por THOMAS NYBO Corresponsal de UNICEF
Altar, México
Para un gran número de latinoamericanos, la ruta de ingreso al territorio
de los Estados Unidos atraviesa una pequeña comunidad agrícola
distante apenas una hora y media de la frontera entre México y su vecino
del norte. En muchas partes de América Latina es sabido que en esa localidad,
llamada Altar, se pueden encontrar guías para ingresar ilegalmente a
los Estados Unidos cruzando el desierto.
Los emigrantes llegan en una caravana interminable de autobuses hasta la plaza
central de Altar, donde esperan que alguno de los contrabandistas, conocidos
como "coyotes", les ofrezca su ayuda para eludir a las tropas, los
funcionarios de inmigración y las milicias civiles armadas de los Estados
Unidos que patrullan la frontera. En una de las calles que bordean la plaza
hay una fila de camionetas cubiertas de polvo que esperan, como los taxis en
un aeropuerto, para transportar a los emigrantes hasta la frontera, donde iniciarán
una peligrosa caminata de tres días a través del tórrido
desierto.
Enrique (no es su nombre real), de 18 años de edad, aceptó el
ofrecimiento de un coyote que le prometió guiarlo hasta una importante
ciudad de los Estados Unidos mediante el pago de 2.500 dólares. Un pariente
le prestará el dinero, que el coyote recibirá cuando Enrique llegue
a su destino.
Convertir un sueño en realidad
Sin embargo, para los emigrantes como Enrique no existen garantías, ya
que cientos de personas mueren anualmente realizando esa travesía. En
muchos casos se trata de mujeres y niños que se quedan sin agua en medio
del desierto. Algunos son capturados por las autoridades varias veces antes
de lograr su cometido. Otros pierden todas sus pertenencias a manos de bandidos
agazapados a lo largo de las sendas que cruzan el desierto.
Pero como muchas otras personas que emigran a los Estados Unidos, Enrique está
cansado de vivir con menos de tres dólares por día. Sueña
con ser dueño de su hogar y cree que la única manera de convertir
su sueño en realidad es consiguiendo empleo en los Estados Unidos.
Cuando se le pregunta si no tiene miedo de lo que le puede suceder en el desierto,
Enrique responde con resignación: "Sí, tengo miedo, porque
me han dicho que mucha gente muere en el desierto. Pero para poder llegar a
los Estados Unidos tengo que hacer todos los esfuerzos posibles".
Pese a que su madre trató de convencerlo de que permaneciera en México,
la posibilidad de lograr la prosperidad económica resultó ser
una tentación demasiado poderosa.
"Mi madre me dijo que es muy peligroso", comenta Enrique. "Pero
yo voy a ir de cualquier manera".
Aún en el caso de que Enrique tenga éxito en su empresa, pasarán
años antes de que pueda volver a ver a su madre.
Los emigrantes tratan de entrar a territorio estadounidense a través
de zonas cada vez más apartadas del desierto. Algunos sólo disponen
de unos pocos litros de agua para la larga y calurosa travesía.
Muchos peligros para los niños
Debido al aumento de las medidas de seguridad en la frontera, los emigrantes
como Enrique tratan de cruzar el desierto por zonas cada vez más apartadas.
En muchos casos, emprenden con menos de 10 litros de agua una marcha en la que
recorrerán largas distancias bajo temperaturas que con frecuencia superan
los 35 o 40 grados centígrados.
Todos los años, las autoridades estadounidenses capturan a centenares
de miles de inmigrantes. Por lo general, los adultos son enviados de regreso
a territorio mexicano, desde donde pueden volver a intentar el cruce. Los niños
y niñas son enviados a centros de repatriación, donde esperan
que los recoja un pariente. El Colegio de la Frontera Norte, un organismo aliado
de UNICEF, colabora con el gobierno mexicano para garantizar la seguridad de
los niños, así como su acceso a servicios jurídicos y de
atención de la salud. El personal del Colegio de la Frontera Norte también
trata de convencer a los niños y niñas de que no traten de cruzar
nuevamente.
"Existen graves peligros que los niños deberían conocer",
explica Humberto Valdez, funcionario del Sistema Nacional para el Desarrollo
Integral de la Familia de México. "Los niños y niñas
pueden ser víctimas de los ladrones, los violadores, los tratantes de
personas y, en algunos casos, de quienes desean obtener sus órganos para
venderlos".
La noche antes de que Enrique se subiera a una camioneta y se alejara con rumbo
al desierto acompañado por un coyote, un periodista le pasó su
número de teléfono y le pidió que le llamara para darle
noticias sobre su viaje. Durante una semana no hubo noticias, pero en la noche
del octavo día el periodista recibió una llamada de Enrique desde
un teléfono público en las afueras de una importante ciudad estadounidense.
"¡Lo logramos!", anunció Enrique. "Te llamo desde
una gasolinera y sólo puedo hablar unos minutos".
Enrique explicó que él y otras nueve personas cruzaron el desierto
en tres días. Durante la travesía fueron víctimas de una
banda de asaltantes y durante las noches estuvieron a punto de morir de hipotermia,
pero lograron sobrevivir.
Sin embargo, hay muchos otros que recorrerán el mismo camino y no serán
tan afortunados. Muchos niños y niñas harán frente a los
peligros del desierto debido a sus esperanzas de convertir sus sueños
en realidad al otro lado de la frontera.
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