
Al fin se ve una luz al final del túnel; la economía de EEUU ha entrado en un difícil proceso de estabilización que es torpedeado por algunas fuerzas
ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES
Hace más de medio siglo en el colegio en el que yo estudiaba –los Hermanos Maristas- teníamos un juego muy divertido que a la vez era una excelente prueba de fuerza física: se trazaba una raya en el piso y un grupo de niños tiraba de una soga hacia un lado y otro halaba la misma soga para el lado contrario, el de ellos, a ver cuál grupo arrastraba a cuál.
Eso es lo que ocurre actualmente en la economía de Estados Unidos, la locomotora mundial, en la que unas fuerzas tiran hacia la recuperación, pero otras halan en sentido opuesto.
Por suerte, en las últimas semanas quienes tiran de la soga hacia el lado positivo lo hacen con más fuerza y todo indica que lo peor de la crisis ya pasó, y que para fines 2009 podría registrarse el primer crecimiento de la economía norteamericana en 15 meses, aunque muy tímido.
Al parecer la economía está entrando en un proceso de estabilización lento y difícil, al igual que las de China e India, lo cual es una buena noticia para América Latina y la economía global.
Ese proceso de estabilización en la teoría económica se denomina depresión, aunque en EEUU no se le llame así, pues esta palabra aquí solo se le aplica a una crisis económica muy profunda y prolongada, como la de los años 30 del siglo pasado, conocida como la Gran Depresión.
La experiencia histórica muestra que toda economía de mercado se mueve en un ciclo de cuatro fases: auge, crisis, depresión y recuperación. Y ocurre que siempre después de una recesión hay una depresión --generalmente breve--, antes de que la economía entre en la fase de recuperación propiamente.
Cuando el Producto Interno Bruto (PIB) deja de caer --en la Gran Depresión ese momento llegó en 1932-- y la crisis toca fondo, el PIB no sigue descendiendo más hondo, pero sigue teniendo signo negativo –decreciendo--, o apenas crece y se mantiene casi plano por un tiempo. Esa es la fase depresiva, pues ya superó el “shock”. En EE.UU. se habla de depresión cuando ese crecimiento plano se prolonga por más de tres años, que fue lo que ocurrió entre 1933 y 1939.
En el primer trimestre de 2009 la economía norteamericana se contrajo en un 5.7%, una caída espectacular, pues estamos hablando de un PIB de casi 15 billones de dólares, que representa más de la cuarta parte del PIB planetario. O sea, en los tres primeros meses en este país se dejaron de producir bienes y servicios por 855 mil millones de dólares, una cifra equivalente al PIB conjunto –todos sumados-- de Suecia, Suiza y Dinamarca. tres de las naciones más desarrolladas.
Pero se espera que en el segundo trimestre la caída del PIB no supere el 2.5%. Y me atrevo a pronosticar que en el tercer trimestre el descenso de la economía será ya leve, quizás inferior al 1%.
Cierto optimismo
Hay ya indicadores que dan cierto optimismo, como un repunte en las ventas minoristas, en los permisos para construir y en la confianza del consumidor, y el relativo descenso en la cantidad de personas que reciben beneficios del seguro de desempleo, según informó el gobierno el 18 de junio.
En tanto, el bando que hala hacia la crisis cuenta
con tres pesos pesados: los precios del petróleo y de la gasolina, que se han duplicado
en cuatro meses; el difícil acceso a nuevos créditos, y
el desempleo, que pese a los últimos signos de alivio va a continuar
alto por varios trimestres más.
Sin embargo, el pitazo de arrancada hacia la recuperación estará a
cargo sobre todo de dos factores clave que todavía halan hacia
el lado negativo, pero ahora con menos fuerza: el mercado inmobiliario
y la plusvalía de las viviendas.
Ciertas señales sugieren que la crisis del sector hipotecario
podría tocar fondo en el cuarto trimestre, o antes, con un aumento
en la venta de casas existentes (usadas) y un freno en la caída
de los precios incluso en California y Florida, dos estados muy vapuleados
por el descalabro del mercado, debido a que crece el número de
potenciales compradores de viviendas que considera que los precios ya
no van a bajar mucho más y de que “casi” ha llegado
el momento de comprar. Los más audaces ya lo están haciendo.
Si aún no hay un mayor volumen de ventas de casas y apartamentos
es porque los bancos hipotecarios no acaban de “aflojar” la
mano para prestar dinero.
Lo cierto es que los precios de las viviendas han caído en un
35% a nivel nacional desde su pico en 2006, y hasta en un 50% y más
en algunas áreas, y son ahora razonables. Y los intereses hipotecarios
son los más bajos en medio siglo. Es decir, la mesa para estimular
la demanda está servida. En la medida que algunas entidades crediticias
comiencen a conceder préstamos hipotecarios –ahora con más
cautela--, las demás se sumarán empujadas por el axioma
que reza: banco que no presta, no gana dinero.
Y tan pronto el gigante inmobiliario rompa la inercia moverá a su vez al otro coloso: el valor de los inmuebles, que dejará de bajar e iniciará una discreta cuesta arriba, aunque con altibajos. Eso es fundamental porque en EE.UU. cerca de 70 millones de familias tienen en la plusvalía de su casa su principal riqueza.
Precisamente una de las causas de la vastedad y profundidad de la actual recesión fue el desplome dramático del valor de las viviendas, que cayó en cerca de siete billones de dólares, lo cual hizo más pobre a la sociedad norteamericana.
En cuanto la plusvalía de las viviendas comience a subir de nuevo las familias propietarias se sentirán más “ricas”, tendrán más confianza en la economía, gastarán más e impulsarán la reanimación económica.
Por otra parte, las ventas minoristas subieron en mayo en un 0.5%, luego de crecimiento nulo en los últimos seis meses, y en junio aumentó la confianza de los consumidores, que según el último informe Reuters/Universidad de Michigan en junio tocó su nivel más alto por tercer mes consecutivo desde la debacle de Lehman Brothers en septiembre.
Esto podría revertir la actual tendencia del consumidor de gastar menos y ahorrar más --propia de tiempos de crisis--, y pasar a gastar más porque ya no teme a su futuro económico.
Un ‘villano’ llamado petróleo
Pero hay “villanos” que obstaculizan la reanimación y entre ellos sobresale el precio del petróleo, que de 33 dólares en febrero se pasea ahora por encima de los 70 dólares el barril. Lo peor es que esta escalada no se debe a un alza de la demanda, sino a la especulación de inversionistas que se adelantan a la recuperación económica y compran ahora barato para vender caro después; y a las compras de compañías petroleras que aprovechando los bajos precios han llenado sus depósitos hasta el tope y rentan buques tanques que han convertido en depósitos flotantes, para vender el crudo más caro cuando la reanimación de la economía sea un hecho.
Como consecuencia de esta especulación el precio promedio de la gasolina en EE.UU. se acerca a los tres dólares el galón. El combustible más caro torpedea y retarda la recuperación de la economía, pues los consumidores tienen menos dinero para gastar en bienes y servicios.
Por otra parte, hay una relación inversamente proporcional entre el petróleo y el dólar, debido a que el crudo se comercia en la moneda norteamericana. Con la baja del dólar -ha caido un 9% desde marzo— los productores de petróleo suben sus precios para compensar la pérdida en el valor de dicha moneda, mientras que los inversionistas huyen del dólar y compran petróleo, un producto que saben va subir de valor.
Otro elemento adverso es que el desempleo parece va a continuar alto en lo que resta de 2009 y principios de 2010, ya que la creación de empleos siempre va a la zaga del dinamismo económico en general. En las últimas recesiones ocurridas en EE.UU. la economía se ha recuperado antes que lo haga el mercado laboral. Y es que mientras una empresa no ve crecer sus ganancias sigue despidiendo, y no crea nuevos empleos hasta que ve un claro ascenso en su volumen de negocios.
Si a estos obstáculos agregamos la resistencia de los bancos a prestar, se percibe que la recuperación que pudiera iniciarse en el último trimestre de 2009 deberá ser lenta y de bajo ritmo, por lo cual a no pocos negocios puede que les vaya mal todavía durante varios trimestres y sigan despidiendo trabajadores.
Este alto nivel de desempleo -que podría alcanzar el 10%- alimenta los embargos de viviendas e impide un fuerte aumento en el gasto de los consumidores, la gallina de los huevos de oro que genera el 70% del Producto Interno Bruto (PIB).
En fin, que tenemos una noticia buena y otra mala. La buena, que probablemente habrá resurrección económica este año. La mala, que será vacilante y tortuosa. Pero no podíamos esperar otra cosa luego de ser golpeados por la más profunda crisis económica desde que nuestros abuelos y bisabuelos montaban en zeppelin y disfrutaban -en estreno- las comedias musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers.
(Alvarez Quiñones ha sido analista económico durante los
últimos 40 años. Hasta octubre de 2008 publicó una columna sobre economía
y finanzas en el diario La Opinión de Los Angeles).
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