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Fidel Castro, Fábrica de Mitos

Desde su entrada triunfal en La Habana el 8 de enero de 1959, ocho días después de la huída del general Fulgencio Batista, y su primer discurso con palomas blancas sobre sus hombros esa misma noche, hasta el proceso final de su enfermedad rodeada de misterios y rumores, Fidel Castro ha sido una fabulosa fábrica de mitos.

Con sólo 32 años de edad, pasó de ser un joven abogado rebelde a un líder revolucionario que cautivó a gran parte del mundo, con su verbo populista en favor de las grandes masas, con el que prometía exactamente lo que esas masas reclamaban en materia de justicia social, desarrollo y libertades públicas. Durante el juicio que se le hizo en 1953 poco después del asalto al Cuartel Moncada y a lo largo de toda la etapa guerrillera en la Sierra Maestra, fue un defensor - sincero o no - de la Constitución democrática cubana de 1940, que Batista eliminó con su golpe de estado del 10 de marzo de 1952.

Pero poseedor de una intuición política y de un talento conspirativo sin precedentes en la historia de Cuba, Castro entendía muy bien desde hacía mucho tiempo que su permanencia en el poder no podía estar atada a las reglas de la democracia representativa, ni a los complicados y peligrosos reflujos del capitalismo moderno. Por tanto, jamás devolvió su vigencia a la Constitución ni convocó elecciones democráticas como había prometido. Sabía que había llegado a la cúspide para quedarse allí hasta el último día de su vida.

En febrero de 1960 encontró a sus mejores aliados para ese propósito: los soviéticos, que se enfrentaban a Estados Unidos en medio de la guerra fría, con toda su pujanza económica, militar, represiva, tecnológica, científica e ideológica. Una vez con tal pieza en el tablero y consciente de la popularidad que ganaría en el extranjero enarbolando la bandera antinorteamericana, puso en marcha una extraordinaria máquina trituradora de valores. En el verano de ese mismo año, ya había expropiado todos los medios de comunicación social, que han sido sus aliados fuertes y verdaderos dentro de Cuba, y los convirtió en sus aparatos internos de propaganda. También confiscó todos los bienes norteamericanos y todos los grandes capitales cubanos. Sus enemigos políticos, inclusive los que se hicieron sospechosos dentro de sus propias filas, fueron a la cárcel, al paredón de fusilamiento o simplemente desaparecieron. El marxismo-leninismo era una formidable palanca de apoyo, con su tesis de que el Estado debía ser el dueño de todos los medios de producción y servicios, para beneficio de la clase obrera. Así, en un simple parpadeo, Fidel Castro se convirtió en el Estado cubano.

Mitos Políticos

El más importante de todos los mitos políticos que era menester producir y que se convirtió en una verdad a medias con el paso de los años hasta la desintegración de la Unión Soviética, fue el de los "grandes logros" en la educación y la salud públicas. Ante los ojos de la opinión púbica internacional, sobre todo de los círculos de izquierda, ese mito ayudaría a neutralizar la horrorosa imagen que daba una revolución supuestamente progresista, al suprimir todas las libertades universalmente aceptadas, al fusilar y encarcelar a sus enemigos políticos y al enviar a campos de trabajos forzados a disidentes, religiosos y homosexuales.

Cifras de la Organización de Naciones Unidas (ONU) revelan que en enero de 1959, cuando Fidel Castro llega al poder, Cuba era el país de América Latina con el porcentaje más alto de su presupuesto gubernamental dedicado a la educación, 23 por ciento, seguido por Costa Rica, con 20 por ciento. La cifra de analfabetismo en Cuba, que aparece en un número notable de registros internacionales, es en 1959 de 18 por ciento, no de 40 por ciento como ha dicho el régimen durante los últimos 48 años.

Pero, además, Cuba tenía en aquella época una cama de hospital por cada 190 habitantes, cifra que excedía la meta de los países desarrollados de 200 pesonas por cama de hospital. Y los trabajadores industriales cubanos, parte de la clase obrera que había que liberar, ocupaban el lugar número ocho en el mundo entre los mejor pagados, con seis dólares diarios, de acuerdo con cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los trabajadores agrícolas, que ciertamente sufrían un período llamado "tiempo muerto" después de la zafra azucarera, ocupaban el lugar número siete entre los mejor pagados en ese apartado, con tres dólares diarios, según la OIT. En estos momentos, agosto de 2007 y desde hace años, todos los trabajadores cubanos ganan un promedio de 12 dólares al mes, muy por debajo del nivel de extrema pobreza establecido por la ONU de un dólar diario. En Cuba, el gobierno es el único empleador.

La tasa de desempleo en Cuba, en 1958, de acuerdo con la OIT, era de 7.07 por ciento. Ese porcentaje es similar al de Francia en la actualidad, y muy inferior al de Alemania, que sufre más del 9 por ciento hoy día.

Desacreditar el pasado es parte de la creación de mitos. En ese sentido, era importante también demostrar que por lo menos La Habana era un gran casino de juego de la mafia norteamericana. La capital cubana de aquella época, con aproximadamente un millón de habitantes, no tenía más de una docena de casinos, una cantidad muy inferior a la que hay en 500 metros del mundialmente famoso bulevar Las Vegas, de la ciudad norteamericana del mismo nombre. En cambio, sólo en la categoría de teatro dramático y experimental, había 10 salas teatrales con un total de mil 900 butacas y un público de 10 mil personas que entre 1954 y 1958 se habían unido a la gran comunidad de teatros habaneros. "La ramera respetuosa" del vanguardista francés Jean Paul Sartre tuvo en 1954 una temporada de 102 representaciones consecutivas.

Mitos Personales

La consolidación del poder no es del todo posible, por otra parte, sin la fabricación de mitos personales. El más importante de todos es el de la invencibilidad. Muchos dictadores, Castro entre ellos, han tenido también un cierto coqueteo con la inmortalidad. Fidel Castro ha asegurado que ha sido objeto de 640 atentados en los últimos 48 años. Esa cantidad de atentados dividida por 48 ofrece un resultado increíble: 13.33 atentados por año, poco más de un atentado por mes durante casi medio siglo. Cuando esos resultados se divulgaron, recientemente, la propaganda del régimen cambió las cifras a 640 planes de atentado y 167 atentados reales, lo cual arroja una cifra menor pero igualmente poco creíble: casi tres atentados y medio por año.

Los mitos nacen también de los misterios. La vida privada del caudillo cubano ha sido durante décadas un gran misterio. Pocos conocen a Dalia Soto del Valle, su esposa, con la cual ha tenido cinco hijos que casi nadie conoce: Alexis, Alejandro, Antonio, Alexander y Angel, cuyas edades aparentemente oscilan entre los 30 y los 40 años. Han sido educados para vivir en el anonimato. Dalia Soto del Valle fue vista en público por primera vez y de manera ocasional y fugaz después del regreso a Cuba de Elián González, en el año 2000. No ejerce como primera dama, ni ostenta cargo público alguno. Castro tiene además otros dos hijos conocidos, Fidel Castro Díaz-Balart, de su primer matrimonio con Mirtha Díaz-Balart, y Alina Fernández Revuelta, fruto de una relación extramatrimonial del dictador con Naty Revuelta, amante y simpatizante. El famoso Fidelito y Alina nacieron en la década de los 50, antes del triunfo revolucionario de 1959. Se dice que hay otros dos hijos también nacidos en los 50: Jorge Angel Castro y Fracisca Pupo, esta última no reconocida. Como dijo alguna vez el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, ocultar la vida privada ha servido a Castro para demostrar que "él sólo está casado con la revolución, por lo que no necesita estar casado con ninguna mujer".

La vanidad es otro punto de los mitos personales y, por supuesto, Fidel Castro no parece ser la excepción. Se dice que Castro, a pesar de medir más de seis pies de estatura, ordenó fabricar botas militares con una suela de dos pulgadas, para parecer más alto. Que sólo el general Arnaldo Ochoa, a quien Castro fusiló en 1989, era más alto que él en los círculos cubanos de poder. De modo que cuando asistían juntos a concentraciones populares en la Plaza de la Revolución, Ochoa era sentado lejos de Castro.

Algo que sí es de dominio público, sin embargo, es el uso que se ha hecho del sistema de audio durante los discursos de Castro al aire libre. El audio refleja un eco de las frases del caudillo, para producir una resonancia casi lírica y hasta un tanto metafísica de sus palabras, que, además, son pronunciadas con una cadencia cuidadosa para estremecer a la audiencia.

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