
Las elecciones primarias apenas comienzan, pero la suerte
de los precandidatos a la presidencia se va clarificando cada día y aunque aún no
hay claros ganadores ni entre demócratas, ni republicanos, los descartes
van depurando la lista de los aspirantes a las candidaturas. Es muy probable
que no sobrevivan más de tres por partido, para cuando llegue el supermartes
del cinco de febrero.
Aunque California es un estado tradicionalmente demócrata, las condiciones
poco comunes que presentan sus líderes podrían traer sorpresas,
no tanto en las primarias, sino en las elecciones de noviembre. Todo parece
indicar que la candidatura demócrata a la presidencia quedará entre
Barak Obama y Hillary Clinton. Por parte de los republicanos se perfilan
con menos claridad John McCain, Mit Romney y Mike Hukabee.
Los dos primeros se han enfrascado en un triste enfrentamiento que se podría
haber esperado de parte de sus opositores y hasta de grupos extremistas,
pero nunca de ellos mismos. Barak acusa a Hillary de hacer comentarios racistas
y Clinton dice que Obama la ataca con argumentos sexistas. El reverendo Jesse
Jackson los llamó a tener juicio. Su larga experiencia le dice que
las cosas no están marchando por el camino adecuado para su partido
y que ese tipo de comentarios sólo llevarán a la división
de los demócratas y a dar argumentos a sus opositores.
Las características de los dos principales aspirantes demócratas
y de la manera como han manejado sus diferencias, han orientado a los votantes
a mirarles el género y la etnia. Los afroamericanos ven en Obama a
un Luther King resucitado y las mujeres salieron masivamente a votar en cuanto
Hillary puso el ingrediente lagrimal a su receta electoral.
Las mujeres han dado su apoyo a Hillary; los afroamericanos a Obama, los
hispanos nunca apoyaron abiertamente a Richardson.
En el bando republicano, el ex-pastor bautista Mike Hukabee dio una gran
sorpresa al ganar en Iowa donde recibió el apoyo masivo de su congregación
religiosa, pero en New Hampshire el triunfo fue para John McCain. Por su
parte Mit Romney desmintió las encuestas y quedó segundo en
ambas partes. El fracaso más grande es para Rudy Giuliani, quien sigue
sin tirar la toalla aunque está al final de la lista.
Tenemos pues entre los republicanos que podrían ganar la candidatura
a la presidencia, a dos predicadores y a un político héroe
de guerra. Entre los demócratas están una mujer y un afroamericano.
Los estadounidenses piden a gritos un cambio de rumbo en la política.
Para los demócratas el cambio significa alternancia, pero el republicano
McCain también se está presentando como protagonista de ese
cambio. Hukabee y Romney podrían ofrecer un cambio, pero ese cambio
inclinaría peligrosamente la balanza hacia el fundamentalismo que
sembró Bush y eso parece que no gusta a los estadounidenses.
Los demócratas que apoyan a Obama ven en él lo contrario de
Clinton. Lo consideran el candidato que reúne las condiciones para
un cambio en la política de la nación. La diferencia según
dicen, es que Obama no está comprometido con los intereses de las
grandes empresas como sucede con Clinton.
Si dejamos que sea la idiosincrasia de los estadounidenses la que decida
quiénes serán los candidatos, atendiendo a las necesidades
económicas de la nación y a los tiempos de guerra y terrorismo,
lo más probable es que escoja a McCain por sus antecedentes militares
y su experiencia política. Por parte de los demócratas vería
en Obama a un afroamericano estadounidense de primera generación,
con formación musulmana e hijo de un inmigrante indocumentado que
cuidaba cabras en Kenia. En Clinton vería con desconfianza a una mujer
que derramó lagrimas en momentos difícíles de su campaña
y que no representa ningún cambio verdadero.
Vistas las cosas de esta manera, doña idiosincracia americana se decidiría
sin duda por McCain, renunciando al cambio, si es que el cambio significa
terminar con la guerra, y hasta le perdonaría que haya sido el autor
de la última propuesta de reforma migratoria. En ese sentido, los
inmigrantes indocumentados saldrían ganando.
(Ruvalcaba es periodista y escritor radicado en Los Angeles.
Actualmente es redactor de noticias de Telemundo 52 y columnista semanal
del diario Hoy. Previamente integró el cuerpo de editores del periódico local
La Opinión y fue corresponsal del diario mexicano La Jornada en España).
