
La renuncia del dictador cubano Fidel Castro a los cargos de presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe, no significa nada para Cuba si esa decisión no va acompañada de una transformación profunda y transparente de la sociedad, que permita a los cubanos disfrutar de libertades y derechos que han estado ausentes de la isla durante medio siglo.
Con el apoyo de un fuerte aparato propagandístico interno y la ayuda de importantes círculos antinorteamericanos del exterior, el régimen de los hermanos Fidel y Raúl Castro, desde muy temprano, tomó como bandera y escudo la lucha contra Estados Unidos, en medio de mitos y leyendas respecto a la independencia, la soberanía y supuestos logros en materia de educación y salud públicas.
Mientras tanto, miles de cubanos han sido ejecutados por pelotones de fusilamiento, decenas de miles han terminado en las cárceles del régimen, que están entre las peores del mundo, y toda la nación ha estado privada de derechos tan elementales como expresar una opinión crítica, viajar libremente, administrar un negocio propio o conectarse a las redes internacionales de Internet.
Sólo en los últimos meses, el nuevo dictador en funciones, Raúl Castro, ha implementado medidas verdaderamente kafkianas en la isla. Entre esas medidas están castigar a los cubanos que traten de ver la televisión internacional con antenas colocadas clandestinamente en sus casas; castigar a los cubanos que traten de conectarse a las redes internacionales de Internet, más allá de una intranet nacional oficialista; castigar a los cubanos que alquilen espacios en sus viviendas a visitantes extranjeros. El general Castro ha implementado esas medidas con ayuda del histórico comandante Ramiro Valdés, quien fue nombrado hace sólo unos meses ministro de Comunicaciones e Informática. Valdés es el Beria cubano, el hombre que fundó la policía política hace cinco décadas y que desde el cargo de ministro del Interior protagonizó los más oscuros episodios de la represión castrista.
Si la condición de estado policiaco que ha prevalecido en Cuba desde 1959 no cambia con la renuncia de Castro, el evento en sí mismo es una gran oportunidad para que se redoblen los esfuerzos por apoyar al pueblo cubano en este momento, pueblo que ha sido víctima innegable de la dictadura y de los sectores que han apoyado y tolerado a Castro, por ser enemigo de Estados Unidos.
El pueblo cubano, como todos los pueblos, merece la oportunidad de vivir
en libertad y democracia. Negarle a ese pueblo esa oportunidad, es vivir
en complicidad con la dictadura.
La Renuncia de Castro Desata Reacciones Mundiales
Cuba desde 1959 a
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