Desafíos de Peña Nieto

JESUS HERNANDEZ CUELLAR

El nuevo presidente de México, Enrique Peña Nieto, está entrando en Los Pinos para permanecer allí durante los próximos seis años. El nuevo líder de la nación azteca, la más poblada por los hispanoparlantes y la segunda economía de América Latina, se prepara para afrontar los enormes desafíos que tiene ante sí. Por supuesto, cualquier otro candidato que hubiese ganado, tendría los mismos retos. En el fondo, una gran mayoría de estos males han aquejado a México, precisamente, desde la larga era de gobiernos del partido que él representa, el PRI, que se extendió de 1929 a 2000.

Enrique Pena Nieto De pie, o sentado, Peña Nieto se verá cara a cara con México a partir del hoy 1 de diciembre. No tiene muchas alternativas, su trabajo no va a ser pelearse con su adversario rebelde, Andrés Manuel López Obrador. Tampoco tendrá al Congreso mexicano a su lado, porque el PRI no obtuvo mayoría absoluta. Su trabajo tendrá que concentrarse en algo muy importante: que la sociedad mexicana lo tome en serio.

En el pasado, durante los 71 años en que el PRI gobernó al país, ser presidente, al menos dentro de México, era suficiente para ser tomado en serio. Hoy no. La sociedad mexicana ha crecido y se ha enriquecido políticamente en estos años de democracia. No gracias al PAN, sino por sí misma. Oposición, sociedad civil y medios de comunicación serán los protagonistas de un escrutinio implacable, sobre todo en esta era de redes sociales y móviles inteligentes.

La cruenta guerra contra el narcotráfico, que ha cobrado la vida de unas 60 mil personas en los últimos seis años, estará en la parte alta de la lista de prioridades. Cómo evitar que el país se desangre aún más, cómo conseguir que la sociedad deje de ser rehén de los cárteles de la droga, es mucho más que un desafío. Es un asunto de vida o muerte para México. ¿Vale la pena continuar esta guerra? ¿Legalizar la droga aliviará el problema? ¿Negociar con los narcotraficantes sería una solución? El tablero de ajedrez que Peña Nieto tiene delante, muestra variantes muy complejas.

Inmediatamente después, o casi al mismo tiempo, Peña Nieto tiene ante sí otro enorme reto. Este es nada menos que combatir la pobreza que sufren actualmente 52 millones de mexicanos, o el 46.2 por ciento de la población, y la extrema pobreza en que se encuentran 11.7 millones de sus compatriotas, 10.4 por ciento de toda la nación azteca. No es posible ser parte de un triángulo de desarrollo como lo es el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, con Estados Unidos y Canadá como socios, en esa precaria condición.

La calidad de la educación y la salud públicas, y la crisis de emigrantes que huyen de la pobreza principalmente hacia Estados Unidos, son temas igualmente importantes. Nominalmente, México tiene un alto índice de alfabetización, pero el propio director general del Instituto Nacional para la Educación de Adultos, Juan de Dios Castro, admitió en 2012 que las 364 variantes linguísticas que existen en el país, representan un grave problema para la educación de indígenas y personas mayores, que son los sectores con los niveles más altos de analfabetismo. El gobierno de Calderón reconoció en 2010 que en México había en ese momento, 8.9 millones de analfabetas. De esa cantidad, 5.5 millones están comprendidas en el renglón del llamado rezago educativo. El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles, subrayó en febrero de este año que con esa cantidad de personas que no sabe leer ni escribir, México no puede aspirar a ser una sociedad "más equitativa y más justa".

Ahora, la respuesta a todos estos problemas está en manos de Peña Nieto y del nuevo Congreso de México. ¿Estará dispuesta la clase política mexicana, Peña Nieto incluido, a afrontar estos desafíos? ¿Sabrá encarar y vencer tales retos esa clase política? Los mexicanos han esperado por sus políticos durante muchos, pero muchos años, para resolver estos graves problemas. Sin embargo, esos problemas permanecen ahí, a flor de piel, tan ardientes como el chile, y tan antiguos como el Cerro del Tepeyac.

(Hernández Cuéllar, autor de este artículo, es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José, Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).

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Datos sobre
Gastos de Salud
en Estados Unidos

Un millón de millones 200 mil millones de dólares ($1.2 trillion) se desperdician cada año en cuidados de salud, cifra equivalente a la mitad de lo que el país gasta anualmente en ese renglón, según PricewaterhouseCoopers' Health Research Institute. Estos fueron los puntos de desperdicio de dinero citados por los médicos y expertos en salud, en una encuesta de Pricewaterhouse-Coopers.

- Exámenes médicos innecesarios que se hacen para proteger a doctores y hospitales de demandas por negligencia médica, representan un desperdicio de 210 mil millones de dólares al año.

- Una cantidad igual a la anterior gastan los médicos y los hospitales a la hora de cobrar sus honorarios, debido a la cantidad tan variada de formularios para facturas de las compañías de seguros. Esto provoca una extensión de los ciclos de pago, negativas de pago de los seguros y problemas en el flujo de efectivo de médicos, clínicas, hospitales y laboratorios.

- También se gastan 100 mil millones de dólares al año por ignorar las órdenes de los médicos.

- Se desperdician 88 mil millones de dólares al año en el uso inefetivo de tecnologías médicas.

- 25 mil millones de dólares se gastan anualmente en readmisiones de pacientes en hospitales, que podrían evitarse.

- 17 mil millones de dólares se desperdician debido a errores médicos.

- 14 mil millones de dólares pierden los pacientes cada año en las salas de emergencia, cuando en realidad por el mismo problema podrían acudir a su médico familiar. El gasto promedio de una vista a una sala de emergencia por un malestar en la garganta cuesta entre 600 y 800 dólares, mientras que la consulta del médico familiar cuesta entre 65 y 70 dólares.

- También se pierden tres mil millones de dólares al año por infecciones contraidas en los hospitales.

Fuente: PricewaterhouseCoopers' Health Research Institute, 2008.

 


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