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La periodista Carmen Aristegui destapó la polémica entre los ex presidentes mexicanos Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari. |
CARLOS RUVALCABA
Indignante, es el adjetivo más adecuado que se puede dar al comportamiento de los principales medios televisivos de México, ante las devastadoras declaraciones del ex-presidente Miguel de la Madrid, contra el también ex-mandatario Carlos Salinas de Gortari, al que acusó de robar, corromper y permitir que sus hermanos Raúl y Enrique se involucraran con el narcotráfico, aunque después se retractara.
Los protagónicos noticiarios nocturnos de los “prestigiosos” periodistas Joaquín López Dóriga de Televisa y Javier Alatorre de Azteca, no mencionaron ni media palabra sobre el escándalo que provocó la entrevista de Carmen Aristegui a de la Madrid, justo cuando el ambiente político se encontraba tan revuelto, que estaba a punto de estallar.
Salinas de Gortari envió una carta a la periodista Aristegui, donde la acusa de abusar de su colega de la Madrid, un hombre al que califica de incapacitado mentalmente.
Poco después de darse a conocer la carta de Salinas de Gortari, de la Madrid hizo público un comunicado en el que se retracta de sus comentarios, argumentando que su estado de salud no le permite mantener una conversación cuerda.
La valentía de Aristegui la llevó a defenderse con armas profesionales, aunque seguramente eso no la ayudará a dejar de sentir terror al salir a la calle o al pegar los ojos por la noche.
Tal vez le esté pasando lo mismo a de la Madrid y a sus hijos, quienes se encargaron de matar políticamente a su padre. Seguramente no le permitirán ni una entrevista más.
El experimentado político, estadista y diplomático Porfirio Muñoz Ledo, acusó a Salinas de Gortari de amenazar de muerte a de la Madrid y a sus hijos, si no se retractaba de lo dicho a Aristegui.
Se sabe que pocas horas después de la publicación de la entrevista, un grupo de priístas “pesados” acudieron a la casa del ex-mandatario y que poco después de la Madrid se retractó.
El escándalo es mayúsculo pues se trata de las declaraciones
de un ex-presidente que denuncia la infiltración del narcotráfico
en la mismísima presidencia de México desde hace más
de 15 años, pero el delicado tema no tuvo ninguna importancia para
los presentadores López Dóriga ni Alatorre.
Ciertamente, uno que ha trabajado en televisión sabe de sobra que
los presentadores, por muy “prestigiosos” que sean, no tienen
el poder de elegir la información con la que pueden abrir su programa,
especialmente cuando se trata de un tema tan espinoso como éste. Simplemente
los silenciaron. ¿Por qué? Hay muchas razones, una de ellas,
la más artificial, es que estamos en tiempos electorales y aunque
al partido en el poder le convendría aparentemente echar más
leña al fuego, lo cierto es que nadie se quiere quemar.
El mismo de la Madrid dijo a Aristegui que no es conveniente que el actual gobierno de México siga con ese asunto porque se desprestigiaría y podría poner al país en pie de guerra, que ya es tarde para enjuiciar a Salinas de Gortari. Tales afirmaciones no parecen venir de un anciano que padece senilidad, como lo hace notar Salinas de Gortari en su carta a Aristegui y en la retractación del otro ex-mandatario.
Pero más importante que los tiempos electorales es el miedo al pasado, a destapar la loza mortuoria de la putrefacción del sistema. Hacer un juicio a Salinas de Gortari equivaldría a hacer la autopsia a un cadáver de 80 años y eso agitaría peligrosamente la gusanera que aún devora el cuerpo putrefacto. El juicio no sería solamente contra el pequeño hombre que prometió llevar a México al primer mundo, sino contra de la Madrid, Luis Echeverría, los difuntos López Portillo y Díaz Ordaz, y también contra el sistema entero, incluyendo a los mandatarios más recientes Ernesto Zedillo, Vicente Fox y a Felipe Calderón.
Enjuiciar a Salinas de Gortari implicaría reabrir el caso por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, los abusos de Marta Sahagún y sus hijos durante el sexenio de Vicente Fox, la manera como llegó Felipe Caldrón al poder, las matanzas del 68 y la responsabilidad de Echeverría y Díaz Ordaz, seguido de un larguísimo etcétera. Ni el bravísimo Calderón, que tuvo el atrevimiento de lanzar al ejército contra el narcotráfico, enfrentaría las consecuencias de una autopsia al cadáver putrefacto.
¿Por qué López Dóriga y Alatorre se quedaron callados? Porque las empresas para las que trabajan no están dispuestas a enfrentarse al Salinas de Gortari. Es mejor abrir sus noticiarios con la liguilla de futbol y la sorpresa que dieron los Indios de Ciudad Juárez al vencer a los actuales campeones de Toluca. Ya era hora que se escuchara decir algo “bueno” de Ciudad Juárez, donde la impunidad reina por la muerte de cientos de mujeres y por las leyes del narcotráfico.
Como periodista siento vergüenza ajena de López Doriga y Alatorre
y orgullo por la valentía y dignidad periodística de Aristegui.
Esperemos que no le quiten su trabajo o lo que es peor, que aparezca muerta
en una calle que lleve el nombre de algún ex-presidente.
(Ruvalcaba es novelista y periodista mexicano, autor de Vida crónica, La mariposa
bailarina y Los novenarios. Ha trabajado en Los Angeles para los diarios La
Opinión y Hoy, y para la cadena televisiva Telemundo. Fue corresponsal del
diario mexicano La Jornada en España).
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