

Un debate largo y agotador en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) el 2 de junio de 2009, en San Pedro Sula, Honduras, sobre el posible regreso del régimen comunista cubano a esa institución regional, puso de manifiesto varios puntos críticos que aquejan a los países miembros. En primer lugar, la decepcionante incapacidad de muchos gobiernos de América Latina para establecer las prioridades de la región y las suyas propias; que para esos mismos gobiernos la democracia, la libertad y el estado de derecho, no pasan de ser un simple trámite en las urnas; y, por último, que gobiernos encabezados por líderes de dudosa vocación democrática y pobre transparencia política, hayan logrado desviar la atención de los graves problemas continentales, para imponer el tema de Cuba, ha sido un balde de agua fría para el nuevo gobierno de Estados Unidos.
Se supone que en una reunión tan importante, los gobiernos de América Latina y el Caribe, Estados Unidos y Canadá debían estar discutiendo fórmulas para aliviar la crisis económica global que afecta a la región y al resto del mundo. Igualmente, debían estar discutiendo cómo curar la pobreza que afecta a millones de latinoamericanos y cómo elevar el nivel de educación de la población continental, que hoy día en Latinoamérica tiene un promedio de siete años, frente a una educación muy superior de las naciones asiáticas, de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea.
En la pasada Cumbre de las Américas, el presidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, pronunció un discurso histórico que hoy día se conoce con el título de "Algo hicimos mal". En aquel discurso, Arias recordó a sus colegas que "hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos. ¿Qué hicimos mal?".
Los asistentes a este reunión de la OEA debían estar buscando la respuesta a la pregunta de Arias.
Por otra parte, el hecho de que el tema del regreso de Cuba haya dominado la primera de las dos sesiones de este cónclave, revela también que la Carta Democrática Interamericana, en la que se establecen claramente los requisitos para ingresar en la OEA, no significa nada para muchos gobiernos latinoamericanos, y esto es una señal de que todavía en muchas naciones del continente principios tan importantes como el pluralismo político, el respeto a las libertades fundamentales y los derechos humanos, las elecciones libres o el derecho a la propiedad privada están deficientemente arraigados en una clase política casi siempre vinculada a la corrupción, el fracaso y la confusión ideológica.
Ninguno de los requisitos mencionados han existido en
Cuba
durante los últimos
50 años y medio, y los líderes latinoamericanos pasados
y presentes, lo saben. Sólo es necesario leer los principios establecidos
en la
Carta Democrática
Interamericana, aprobada en 2001, y en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, promulgada por la Asamblea General
de la ONU en 1948. También se pueden leer los informes anuales sobre
Cuba de las principales organizaciones internacionales de derechos humanos
como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Pax Christi, Reporteros
sin Fronteras o el Instituto Internacional de Prensa. Para colmo de absurdos,
el gobierno de Cuba ha reiterado en varias ocasiones recientes que no está
interesado en regresar a la OEA.
El pueblo de Cuba merece un trato mejor de los líderes elegidos por
sus hermanos latinoamericanos, líderes, muchos de ellos, que parecen
no entender la diferencia que existe entre el pueblo cubano y la dictadura
que lo ha gobernado durante medio siglo.
Decepcionada, la secretaria norteamericana de Estado,
Hillary Clinton, mujer socialdemócrata y progresista, tomó el
primer avión
rumbo a El Cairo, para reunirse allí con el presidente Barack Obama.
Así ha ocurrido casi siempre en las relaciones entre Estados Unidos
y Latinoamérica. Si no se produce un cambio real en la conducta política
de muchas naciones latinoamericanas, Estados Unidos, aun el Estados Unidos
de Barack Obama, seguirá de espaldas a América Latina, concentrado
en sus prioridades económicas, en sus descubrimientos científicos
y tecnológicos, en sus próximas fórmulas de creación
de bienestar, en libertad.
(Este editorial representa la posición oficial sobre el tema en cuestion
de Contacto Magazine, revista latinoamericana fundada en Los Angeles, California,
el 1 de julio
de 1994).
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