

Dos aterradores huracanes han castigado a Cuba en sólo ocho días. Dos millones de evacuados, inundaciones, centenares de miles de viviendas destruidas, cosechas destrozadas y muertos contabilizados mediante las cuestionables matemáticas oficiales cubanas, son sólo la parte más visible de la nueva tragedia que vive todo un pueblo ya sumido en la desesperanza, desde hace décadas.
En el aeropuerto de Opa-locka, en Florida, el Movimiento Democracia tiene aviones listos para partir hacia Cuba con ayuda humanitaria. Grupos cubanos de Estados Unidos han pedido al presidente George W. Bush una moratoria de 90 días en la aplicación de las restricciones de viajes y envío de dinero a Cuba, para que los cubanoestadounidenses pueden ayudar a sus familiares en la isla. Washington y otros exiliados se oponen a la moratoria, para no violar la ley del embargo norteamericano que pesa sobre el gobierno de los hermanos Fidel y Raúl Castro, y proponen el envío masivo de asistencia humanitaria a través de organizaciones no gubernamentales conocidas, luego de una evaluación de los daños que debe hacer un grupo de expertos en desastres naturales. Sólo se necesita que Cuba autorice la entrada de esos expertos y de esa ayuda.
Pero el régimen cubano ha decidido, como en ocasiones anteriores, negar la entrada de la ayuda procedente de Estados Unidos y exigir a Washington que suspenda el embargo. Desde Marruecos, la secretaria norteamericana de Estado, Condoleezza Rice, respondió que no era sabio eliminar el embargo en estos momentos, pero que Estados Unidos estaría dispuesto a considerar esa medida si el gobierno cubano liberara a los prisioneros políticos que hay en la isla y realizara elecciones libres y justas.
El régimen de los Castro cumplirá 50 años en el poder, de manera absoluta e ininterrumpida, en enero próximo.
Mientras tanto, ese régimen aceptó la entrada de militares venezolanos a territorio cubano para que, precisamente, hicieran una evaluación de los daños. Desde hace años, el gobierno venezolano de Hugo Chávez ha ocupado el espacio que dejó vacante la desaparecida Unión Soviética, en materia de subsidios económicos para mantener a flote la dictadura cubana.
Esa dictadura, que ha vivido de la caridad pública durante casi medio siglo, debe dejar a un lado su arrogancia y abrir las puertas a quien quiera ayudar, sobre todo por su largo historial de ineficiencia a la hora de satisfacer las más elementales necesidades de los cubanos. Por si los hermanos Castro no lo saben, existe un concepto legal conocido como el derecho internacional a la ayuda humanitaria, de la misma manera que existe la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El pueblo cubano tiene derecho a disfrutrar de esos derechos, mucho más en el marco de una tragedia.
El propio Fidel Castro debe liberar de inmediato sus muy conocidas "reservas del comandante en jefe", que algunos desertores del régimen calculan, al igual que la revista Forbes, en no menos de mil 200 millones de dólares.
Politizar tragedias es el camino más corto para ganar el rechazo del pueblo. Cuando una madre no tiene comida para sus hijos, cuando una familia no tiene un techo para cubrirse de la lluvia y el viento, y cuando un pueblo no tiene libertad para expresar sus angustias y frustraciones, esa madre, esa familia y ese pueblo guardan en su memoria los rostros de los responsables de su dolor. En esa memoria, el castrismo presenta una extensa galería de rostros.
