Así Surgió la Cubanía
La huella española, matizada por el negro,
conformó el temperamento nacional
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Cuando Ernesto Lecuona se sentaba al piano, colocaba sus manos sobre teclas
blancas y negras. Lo mismo hacía el legendario Ignacio Villa (Bola de
Nieve). Pero sus respectivas melodías no eran del todo blancas ni del
todo negras. Esta analogía ha perseguido a la nacionalidad cubana casi
desde sus orígenes en el hablar, en el bailar, en el comer.
La raíz española, asentada en la isla desde 1492, creó
las bases de una cultura que en nada se parecería a la de los aborígenes
que habitaban la isla antes de esa fecha. Andaluces, canarios, asturianos y
gallegos, principalmente, dejaron las huellas de su esencia en la fundación
de Cuba.
A estos grupos regionales españoles se debe gran parte del vocabulario
y las costumbres que distinguen a un cubano de cualquier otro hispanoamericano.
Ese trinar desenfadado, ese conversar con las manos, esa cadencia de la lengua
fue la sustancia de un carácter que más tarde, a partir de 1517,
sufrió un lento pero profundo enriquecimiento con la llegada de los esclavos
procedentes de Africa. La desventaja de la esclavitud hizo que el proceso de
integración de los negros no se desarrollara hasta algún tiempo
después de su arribo a la isla. Pero cuando se produjo, marcó
para siempre el temperamento nacional.
Los españoles, bajo cuyo control estuvo Cuba 406 años, establecieron
un estilo de gobernar, de comerciar y de organizar la sociedad. Ellos sembraron
no sólo la naturaleza autoritaria de gobierno, sino también los
vientos de democracia que se abrieron después del absolutismo. Quizá
a ellos, frustrados por sus propios fracasos políticos, se deba también
el escepticismo que ha caracterizado al cubano en ciertas etapas históricas.
A ellos se debe además, la conducta tenaz y contestataria de la mayoría
de los habitantes de la isla. Y, de hecho, de esa bravura nació el espíritu
de rebelión que en el siglo XIX se volvió contra la propia España,
en un afán independentista constante.
"Nadie se parece más a un español que un cubano", decía
el célebre Carlos Márquez-Sterling, escritor y político,
que dos veces presidió la Cámara de Representantes en la Cuba
republicana.
Pero, probablemente, se deba a los dos componentes básicos de la nacionalidad,
el español y el negro, esas cualidades particulares de decir lo que se
piensa a viva voz sin medir las consecuenicas -tan cara políticamente
en los últimos años-, de discrepar por discrepar y de gruñir
mientras se hace un favor. Realmente, no podría definirse cuál
de estos dos elementos otorgó al temperamento del cubano promedio esa
naturaleza emocional que lo caracteriza. Seguramente tanto uno como otro, sobre
todo si se tiene en cuenta que ciertos aspectos de la conducta resultan contagiosos,
como los ritmos musicales.
"El negro cubano es totalmente cubano, por sentimientos, por cultura, por
lealtad a la historia, por propia voluntad", ha dicho Gastón Baquero,
destacado escritor y periodista cubano que pese a ser mulato llegó a
ocupar la jefatura de redacción del conservador Diario de La Marina,
en los años de la República.
Pocos, sin embargo, están al tanto de que durante largos períodos
la población negra de la isla superó a la blanca en número.
Todo este proceso se inició en 1789, cuando la trata de esclavos fue
declarada una actividad libre. En 1792, había en Cuba alrededor de 84.500
esclavos, pero el crecimiento de la industria azucarera en esa época
hizo que en 1817 el número de éstos aumentara a 225 mil. Cifras
de la colonia muestran que ese año la población negra conformaba
el 57 por ciento del total de habitantes de Cuba -sólo el 20 por ciento
era libre-, mientras que los blancos constituían el 43 por ciento.
La desproporción poblacional cobra niveles alarmantes para los sectores
blancos, al llevarse a cabo el padrón general de 1827. Ese año,
en Cuba viven 704.487 almas. Según aquel padrón, en el llamado
Departamento Occidental de la isla los negros conforman el 76.5 por ciento y
los blancos sólo el 23.5 por ciento. En el Departamento Central, el panorama
es de 70.8 por ciento de negros y 29.2 de blancos.Unicamente en el Departamento
Oriental los blancos tienen la supremacía, con el 56.6 por ciento, frente
al 43.4 por ciento de negros.
En 1850, la realidad numérica es de 700 mil negros y 400 mil blancos
en toda la isla.
El negro, sin embargo, por el color de la piel, por haber llegado como esclavo
y en buena medida por haber sido protagonista de la revolución haitiana
en el siglo XVIII, fue ampliamente menospreciado y temido tanto por el español
como por el blanco cubano.
"Había y hay en Cuba dos clases de ciudadano: una de primera, los
blancos; y otra de segunda, los negros", ha señalado Baquero.
Esta pesadilla que aún carcome a la nación cubana llevó
a José Martí a decir: "Cubano es más que blanco, más
que negro: dígase cubano y se habrán dicho todos los derechos".
El Mestizaje
Desde los primeros tiempos, la mezcla racial no se hizo esperar. Todo comenzó
con las aventuras amorosas o placeres sexuales de los amos blancos con las esclavas
negras. De ahí surgió el mulato. El mulato a su vez se mezcló
con india y la india también con el español, y así sucesivamente
en una espiral de colores. Existe una tabla de diversificación que toma
en cuenta no sólo a Cuba, sino a otros países de Hispanoamérica,
y que define esas combinaciones raciales de esta manera:
De español y de india nace mestiza.
De español y mestiza nace castiza.
De español y castiza torna a español.
De español y negra sale mulato.
De español y mulata sale morisca.
De morisco y española sale albino.
De albino y española nace torna atrás.
De mulato e india nace calpamulato.
De calpamulato e india sale gíbaro.
De negro e india sale lobo.
De lobo e india sale cambuja.
De indio y cambuja nace sambahiga.
De mulato y mestiza nace cuarterón.
De cuarterón y mestiza nace coyote.
De coyote y morisca nace albarazado.
De albarazado y salta atrás nace tente en el aire.
De mestizo con india nace cholo.
De negro con mulata nace zambo.
Si en Cuba se fuese a traducir a la música el concepto de lo mulato,
mezcla de lo negro y lo español, tal vez habría que elegir el
son. Si se hiciera lo mismo con alguna comida nacional, habría que escoger
el "congrí". Si se fuese a señalar un héroe de
tales características, ahí estaría erguida la figura de
Antonio Maceo, flanqueada por supuesto por la del negro Guillermón Moncada
y la del blanco José Martí.
No sería absurdo decir entonces que Cuba, en buena medida, es una nación
forjada por los valores del mestizaje. En ciertos segmentos de la población
blanca, aún hoy día, es casi un pecado hacer esta afirmación.
Pero la realidad es que la preferencia de un blanco, rubio, de ojos claros,
por el típico sabor del "congrí" y por el inigualable
ritmo del son es una prueba de lo arraigada que está entre los cubanos
la presencia de lo mestizo, de la mezcla, de la combinación de naturalezas,
que son cualidades nacionales que trascienden el color de la piel.
El aporte chino
Por otra parte, no es menos significativa la presencia de chinos en la Cuba
colonial, a la cual fueron llevados en calidad de esclavos o semiesclavos. El
primer cargamento de chinos arribó a La Habana el 3 de junio de 1847
en el bergantín español Oquendo. Llegaron 206 chinos tras 131
días de viaje.
En su pieza La Inmigración Util Debe Ser Protegida, de 1906, Ramón
Meza asegura que "en los 20 años que median entre 1853 y 1873, calcúlase
que entraron en Cuba 132.435 chinos, de los cuales el 13 por 100 murió
en la travesía o poco después de su arribo".
Las condiciones en que tuvieron que trabajar los chinos en la agricultura eran
infrahumanas, muy poco diferentes de las que sufrían los negros.
Durante la Guerra de Independencia, el chino, como el negro, se sumó
a la lucha contra los españoles con gran dedicación. Se destacaron
figuras como el comandante José Bu y el capitán José Tolón,
que junto con los generales Máximo Gómez y Carlos Roloff, eran
los únicos extranjeros que podían ser elegidos presidente de la
República, de acuerdo con la Constitución de 1901.
En la calle Línea del Vedado se erigió un monumento a los chinos
que lucharon por la independencia de Cuba, en el que reza una frase del patriota
Gonzalo de Quesada: "No hubo un solo chino cubano traidor, no hubo un solo
chino cubano desertor".
En la música, hay un conocido instrumento de estos emigrantes que se
integró a los ritmos nacionales: la trompeta china. Sin ella, es casi
imposible conseguir ciertas sonoridades que llevan el sello cubano.
Con la república, la colonia china se organizó y obtuvo notables
éxitos especialmente en el mundo comercial. Se cita que si bien tenían
un origen humilde, los chinos eran instruidos en su lengua. En La Habana se
publicaban tres periódicos diarios en idioma chino.
Muchos platos de la cocina cubana tradicional están salpicados del toque
chino.
Así, pues, la cubanía, como raíz nacional, es tremendamente
visible además en la música, en la religión, en el humor,
en el lenguaje, en esa actitud martiana de amar a Cuba con "el odio invencible
a quien la oprime", con "el rencor eterno a quien la ataca".
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