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Ciudad Juárez en Fuego Cruzado

JOSE LUIS SIERRA
Ciudad Juárez, Chihuahua
México

Por un Juárez Verde

- Tercera Parte -

"¡Ahí vienen los soldados! !Ahí vienen los soldados!", la expresión, común ya entre miles de juarences, principalmente entre aquéllos que residen en las colonias de la periferia, se maneja entre susurros, con un tono de exitación. Los que han vivido la experiencia, generalmente la contarán en cada oportunidad a familiares y amigos. Los soldados, responsables de que ahora una ciudad desértica se vea verde, por el uniforme verde olivo que portan, son motivo de sobresalto, para bien o para mal.

Muchos ciudadanos aseguran que gracias a la llegada de las fuerzas militares, a finales del mes de febrero, "la matanza", como le llaman a las ejecuciones de los narcotraficantes, "ha bajado". Pero también hay quienes afirman que los soldados son abusivos e, incluso, ladrones y asesinos. En términos generales en México el Ejército ha gozado de una reputación dudosa, especialmente en las poblaciones marginadas; sin embargo, muchos los ven como un mal necesario para reducir la violencia que ha vivido la población durante los últimos dos años.

"Yo me pregunto que va a pasar cuando se vayan los soldados", comenta Pablo Montoya mientras apura un whiskey doble, en espera de que baje "la línea", eufemismo que utilizan los juarenses para referirse a las largas filas de vehículos que se forman diariamente, desde antes del amanecer hasta entrada la noche, en los tres puentes principales que conectan a Ciudad Juárez con la vecina población texana de El Paso. Montoya es uno de los miles de negociantes que optaron por ir a vivir a El Paso, y mantener sus negocios abiertos en Juárez. Pero los costos de vida son tan diferentes en cada ciudad, como lo son el peso y el dólar. No todos pueden emigrar.

"Nunca se sabe qué es lo que va a pasar. Aun con los soldados a la vuelta de la esquina muchos de mis clientes han sido asaltados al salir de la sucursal. Muchos han optado por venirse al banco acompañados, y los que tienen que retirar mucho dinero, vienen con guardaespaldas", declara Rosario, una ejecutiva de un banco local. Ella misma ha sido víctima de asalto en otra sucursal. "Eran tres. Dos se dirigieron a las cajas y uno me puso la pistola en la cabeza. Yo nada más cerré los ojos a esperar el tiro", agrega con una mueca que ilustra el terror de ese momento.

Los ladrones huyeron con el motín y la policía apareció minutos después. El caso, como muchos otros miles sigue bajo investigación desde hace tres años. Aunque los asaltos a bancos y establecimientos comerciales similares han bajado desde la llegada de los militares y la policía federal, otros como robos a vehículos y atracos a mano armada no se han detenido.

Según cifras proporcionadas por la Procuraduría del estado de Chihuahua, de febrero a marzo los crímenes denunciados aumentaron en un 25 por ciento, y un cuatro por ciento con respecto al mes de marzo del año pasado.

Pese a la Operación Conjunta Chihuahua, en marzo de este año se reportaron unos mil 100 robos, 18 secuestros y 154 reportes de violencia familiar. En promedio y hasta el último día de marzo, en Ciudad Juárez se reporta un promedio de 30 vehículos robados y de dos a cuatro muerto diarios.

¡Ahí Vienen los Soldados!

Para los pocos turistas que por ahora acuden a la ciudad y los empleados y clientes de las zonas comerciales de clase media, el desfile constante de convoys militares y policias federales es contínuo durante el día, intermitente durante la noche, pero a todas horas bastante intimidatorio, especialmente cuando de improviso y sin aparente causa justificada paran el tráfico y establecen un retén para revisar vehículos y sus pasajeros. Frecuentemente y sin justificación, detienen a conductores, especialmente si manejan vehículos que llamen la atención.

"Esos operativos que hacen van en contra de la ley", declaró en una entrevista en su oficina la licenciada Luz Elena Mears Delgado. "Es una violación al derecho que tienen los mexicanos al tránsito por su país que establece la Constitución", agregó. Mears Delgado dirige la Oficina Estatal de Derechos Humanos en Juárez, la cual tiene la responsabilidad de documentar las denuncias que recibe y entregarlas a la oficina federal de derechos humanos.

"Nosotros no podemos hacer más que documentar la quejas y entregarlas a la oficina federal, pero no tenemos los recursos suficientes para investigar a fondo cada reclamo", agrega con un gesto que denota desesperación. Su oficina recibe un promedio de dos a cuatro casos diarios, de carácter serio, de abusos cometidos por las autoridades, pero solamente tienen un investigador.

"No'mas golpearon la puerta", dijo en entrevista Evencer Parra, al recordar como el 15 de abril por la mañana agentes de la policía federal entraron a su apartamento, supuestamente buscando drogas, sin mostrar orden de cateo.

"Les abrí porque no tenía nada que temer", recuenta y describe como los agentes encerraron a su esposa y a su niña de tres años en la recámara, mientras a él lo mantuvieron inmovilizado. Asegura que se llevaron 900 dólares en efectivo que tenía para una transacción, y una "esclavita" de su niña. Estas acusaciones, según un representante de la Procurduria Federal de Justicia que se negó a identificarse, "se encuentran bajo investigación".

Pero hay otros casos peores. Como el de Javier Eduardo Rosales Rosales, arrestado por los militares junto con un amigo el pasado 10 de abril, y encontrado muerto en una zona desértica fuera de la ciudad, gracias a que la víctima y su acompañante fueron liberados juntos. Rosales murió mientras intentaba junto con su amigo regresar a su casa, víctima de los golpes que recibió presuntamente durante el interrogatorio que le aplicaron. Su amigo lo tapó con un cartón y continuó en busca de ayuda. Luego regresó con los familiares de la víctima para recogerlo.

"Nada me va a regresar a mi hijo, pero quiero que se sepa que fueron los soldados los que se lo llevaron", declaró en entrevista la madre de Rosales Rosales. "Hay testigos que vieron cuando se lo llevaron", agregó.

Tambien hay testigos de por los menos otros dos individuos que fueron arrestados por los militares en el mes de abril, y aparecieron días después sin vida, en lugares solitarios.

"Se rumora que hay varios lugares donde los militares se llevan a los que consideran sospechosos para torturarlos", declaró un abogado que prefirió no dar su nombre por temor y para no comprometer a un cliente que está representando, que también fue torturado por los militares.

Al menos en las tres acusaciones de asesinato, el alto mando militar y encargado de la vigilancia en Juárez, emitió comunicados de prensa negando cualquier responsabilidad en los hechos y afirmando que estaba dispuesto a colaborar con la Procuraduría de Justicia Federal durante las investigaciones.

"Los militares están atacando al narco-menudeo y realizan sus operaciones en las zonas marginadas de la ciudad. Pero los meros narcos no viven ahí. ¿Por qué no hacen cateos en la zona de El Campestre?", declaró en otra entrevista el Dr. Hector Pedraza Reyes, de la Universidad Autónoma de Chihuahua en Juárez.

Residentes de El Campestre, una de las zonas más exclusivas de la ciudad, corroboran las aseveraciones de Pedraza Reyes y conocen las residencias de los supuestos capos, pero se niegan incluso a pasar frente a ellas.

"Yo le digo donde están, pero usted va solo si quiere", declara un hombre vestido como alguien que recién llega de jugar golf y que solamente acepta identificarse como Carlos. Carlos agrega que la "invasión" empezó desde hace unos tres años y agrega que aunque al principio llamó la atención la presencia de individuos con botas y tejanas (sombreros), los residentes del exclusivo fraccionamiento empezaron a preocuparse cuando empezaron a ocurrir las balaceras, "a veces a plena luz del día".

"Un día hubo un enfrentamiento en el que quedaron cuatro cuates (víctimas) muertos en la mitad de la calle", relata y aclara que él personalmente no lo vio, pero que todos los residentes del área se enteraron del enfrentamiento y muchos, al terminar la balacera, salieron a ver los cuerpos tendidos. "Todo el mundo sabe de eso aquí", agrega.

Y pese a los esfuerzos del presidente Felipe Calderón de apuntarse un punto que ayude a su partido en las elecciones legislativas del próximo 5 de julio, los resultados de la Operación Conjunta son ambivalentes y muchos en Juárez consideran que fue una guerra mal planeada y en el peor de los casos, una guerra equivocada.

Las opiniones, como siempre, están divididas, curiosamente más que por tendencies políticas, por educación y situación económica. La clase privilegiada, es decir, los ricos, son excépticos respecto a la situación del país y aunque viven en un ambiente inseguro tienen los medios para transportarse en vehículos blindados, viven en mansiones vigiladas las 24 horas del día, con sistemas de seguridad que incluyen no solamente cámaras, sino bardas electrificadas y perros adiestrados, ademas del obligatorio cuerpo de seguridad, que ya de por sí es símbolo de status; la clase media alta, parafraseando a uno de los catedraticos universitarios entrevistados, "sueña con que la frontera de Estados Unidos llegue a Guatemala; la clase media, por decir los que tienen una profesión pero siguen siendo empleados, no le tiene confianza al gobierno, pero tampoco tiene muchas opciones. La clase media baja quiere trabajo y si "El Chapo", como le llaman aquí al narcotraficante mexicano que ingresó en la lista más reciente de "personajes más influyentes del mundo" de la revista Time, les ofrece empleo, lo toman.

La clase baja cree en la Virgen de Guadalupe, pero no cree en la política y mucho menos en la guerra de limpieza de narcos armada por Calderón. Aparentemente sólo Calderón cree en su guerra, y pudiera ser que después de esta crisis de influenza sus aspiraciones de reforzar a su partido en las próximas elecciones podrían terminar hospitalizadas y en cuarentena.

Entre Dos Fuegos (Primera Parte)

Una Guerra sin Cuartel (Segunda Parte)

Por un Juárez Verde (Tercera Parte)

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