El Escalón que Fidel Castro No
Vio
Experiencia Personal del Día del Accidente
Por EDUARDO YERO
Especial para Contacto Magazine
En un viejo tango del inmortal cantante argentino, Carlos Gardel, se afirma
que "20 años son nada", pero que el gobernante cubano Fidel
Castro haya cumplido el 13 de agosto 81 de edad, tras enfrentar una grave
enfemedad de la que aún no se recupera y a sólo tres años
de haber sufrido una estepitosa caída que le provocó serias
fracturas, puede rozar con lo insólito e indeseado por muchos.
"Bicho malo nunca muere, o al menos vive más que los que los que
son mejores que el", fue la respuesta con sorna al respecto de un cubano
radicado en este país ante la proximidad del onomástico del
"tirano", consultado por este periodista que fue testigo de su caída
en Santa Clara, el 20 de octubre de 2004, y el primero de un medio internacional
en informar al mundo del inesperado acontecimiento.
El 31 de julio del año pasado, Fidel Castro emitió una proclama
pública en la que anunciaba padecer de una grave enfermedad, calificada
entonces como "secreto de estado", por lo cual pasaba de manera
temporal la jefatura del gobierno a su hermano menor, Raúl Castro,
quien es además el ministro de Defensa.
Castro aun no ha hecho su primera aparición pública desde entonces,
y su última incomparecencia tuvo lugar el 26 de julio pasado, que conmemora
el día de la "rebeldía nacional", primera vez que
se pierde este tipo de acto desde que asumió el poder el 1 de enero
de 1959 tras derrocar al presidente Fulgencio Batista.
El "comandante en jefe", como se le conoce también al caudillo,
sólo ha aparecido desde entonces unas pocas veces en la televisión
oficial, siempre vestido con ropa deportiva, y últimamente se ha dedicado
a escribir lo que considera sus "reflexiones" en la prensa local
sobre diversos temas que estima de interés nacional e internacional.
Por estos días no resultaría ocioso recordar uno de los accidentes
públicos más significativos en el casi medio siglo que lleva
gobernando a la isla caribeña, como lo fue su fatal caída en
Santa Clara, al bajar del estrado donde pronunció el principal discurso
en una graduación de Instructores de Arte en esa ciudad central cubana.
Este suceso, del cual en su momento incluso no salieron a la luz pública
diversos hechos a su alrededor por razones obvias, como ahora, provocó
a Fidel Castro graves fracturas en una de sus piernas y en el brazo derecho,
que le obligó no sólo a ser intervenido quirúrgicamente
en varias ocasiones, sino que además le mantuvo alejado del escenario
político por varios meses.
El deselace fatal de su sonado percance, y cuyas instantáneas e informaciones
dieron la vuelta al mundo en infinidad de ocasiones y que provocó la
fiesta de cientos de miles de cubanos que deseaban su muerte radicados en
el exterior, especialmente en Miami (sureste de EEUU), donde reside la mayor
comundad en el exilio, parecía anunciado, debido a la ausencia increíble
de algunos de los grandulones de su seguridad personal en el momento del descenso
que evitaran, o al menos, le sujetaran en su veloz precipitada.
Castro no vio el escalón de la calle que finalmente debía pisar
y su alta y fornida estructura cayó a la larga, ante la sorpresa de
muchos y la confusión de la mayoría de los presentes, tanto
de sus cercanos colaboradores que no supieron cómo reaccionar rápidamente,
como los pobladores presentes en el acto.
Inmediatamente después su breve aparición en la televisión,
donde admitió estar "adolorido" y quizá con varias
fracturas, agentes de la Seguridad del Estado fueron a la caza de los fotógrafos
y camarógrafos de la prensa internacional que cubrieron el evento,
para evitar, sin éxito, que se divulgara el accidente, que, con todo
morbo, fue titulado en medios de algunos países como, por ejemplo:
"se cayó Castro".
Castigo Divino
El 20 de octubre de 2004 fue un día como otro cualquiera en Santa Clara,
una importante ciudad situada a 300 kilometros al este de La Habana, pero
no así para los periodistas cubanos y fotógrafos de agencias
internacionales enviados a informar de la presencia de Fidel Castro en el
acto.
Y ello fue así porque los cubanos en función de trabajo como
era el caso -de otra forma es imposible- para alojarse en un hotel en cualquier
parte de la geografía cubana requieren del permiso expreso y la firma,
del ministro de Turismo, quizá para recordarle de la "inviolabilidad"
del "apartheid" en ese importante sector económico.
Tras llegar al hotel "Los caneyes", de regular calidad, el susodicho
permiso del omnipotente ministro no había sido recibido "aún",
por lo que fue necesario pernoctar en casas particulares, donde, en cambio,
se disfrutó de gran hospitalidad, buena comida y excelente trato, gracias
a la digna actitud, y por su propuesta, de un reconocido fotógrafo
belga que trabajaba en ese momento en un medio estadounidenese y que se negó
a aceptar el hospedaje en el hotel donde se lo imposibilitaron a los cubanos.
Fue por eso que algunos cubanos y otros extranjeros coincidimos en que lo
ocurido esa noche, ya cenando en la primeras horas de la madrugada tras el
arduo trabajo que nos deparó, no pudo haber sido otra cosa que "un
castigo divino" por el indecente trato dado a los profesionales de la
información.
Reza un viejo adagio español, origen del propio Fidel Castro, concretamente
gallego, de que el que no quiere caldo le dan tres tazas, por lo tanto, podrían
sobrar las palabras.
(Eduardo Yero ha sido redactor de la agencia internacional de noticias
EFE en La Habana, Cuba, desde 1983).

