¿Por Qué la Emprende Fidel Castro
contra los Combustibles Alternativos?
Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
El debate acerca de cómo conservar mejor el planeta en que vivimos está
abierto, y el dictador cubano Fidel Castro ha escrito -esperemos que sea cierto-
varios artículos consecutivos contra los biocombustibles, especialmente
contra el uso del etanol. ¿Por qué un líder de izquierdas,
que se supone debe defender la pureza del medio ambiente, se opone a los biocombustibles?
En los artículos que el diario oficialista cubano Granma atribuye a Castro,
el anciano caudillo califica la producción de combustible a partir de
la caña de azúcar o el maíz, de "idea siniestra".
El presidente socialista de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, es uno de los
líderes mundiales que ha defendido vehementemente el etanol, como combustible
alternativo. Brasil
ha tenido un éxito rotundo en la producción y el uso del combustible
alternativo, y Lula ha dicho claramente que en el mundo hay suficientes
recursos para producir alimentos y biocombustibles, a la vez.
Sin embargo, Castro insiste en que "los alimentos son convertidos en energéticos
para viabilizar la irracionalidad de una civilización" y "sostener
la riqueza y los privilegios de unos pocos", en su columna denominada "Reflexiones
del Comandante en Jefe". Paréntesis obligado.... ¡qué
mala suerte tienen los periodistas! Han aguantado medio siglo a Castro como
fuente noticiosa y ahora lo tienen de colega.
Castro, que en enero pasado cumplió 48
años en el poder, se opone al etanol por las mismas razones que hace
20 años se opuso a las políticas de "glasnost" (en ruso,
apertura, transparencia) y "perestroika" (en ruso, reestructuración,
reforma) del líder soviético Mijail Gorbachov. Experto en mantenerse
en el poder, Castro tuvo razón en los 80. Las políticas de Gorbachov
produjeron, por suerte para la humanidad, el
fin del comunismo y de la Unión Soviética. Eso significó
un gran peligro para su permanencia en el poder. Los subsidios soviéticos
a Cuba, de casi seis mil millones de dólares anuales, el armamento regalado
y el entrenamiento
para la represión política, se esfumaron. Con pura intriga,
patrañas y falsas promesas de apertura, Castro se sostuvo en los 90 hasta
la elección de Hugo Chávez en Venezuela, en 1998. Fue aproximadamente
en el año 2002, después de un fallido golpe en su contra, que
Chávez consolidó su poder político y canalizó otro
caudal de ayuda a la dictadura cubana, especialmente petróleo. El crudo
se ha convertido en el arma de negociación y chantaje de Chávez,
que comparte la misma agenda política de Castro. Si se desata, como está
ocurriendo, una fiebre de producción de etanol y otros combustibles alternativos,
la influencia de Chávez en el Tercer Mundo sufriría un colapso.
Y, por supuesto, sin la ayuda de Chávez, el castrismo ya no existiría.
Por otra parte, Castro sabe que Estados Unidos depende todavía muchísimo
del petróleo extranjero, especialmente árabe. Si el coloso del
norte se libera de esa dependencia, el sueño dorado de Castro de ver
a Estados Unidos algún día de rodillas, también se esfumaría.
Concedamos al dirigente comunista su derecho a soñar, a los casi 81 años
de edad y convalesciente de no sabe muy bien qué enfermedad, quizás
de contagio "imperialista".
Mientras tanto, la izquierda radical, siempre dispuesta a apoyar a Castro, experimenta
una horrible confusión. Sus líderes comprenden que el dictador
cubano sabe de biocombustibles y petroquímica, lo que Mickey Mouse sabe
de exploración espacial.
(Director y editor de ContactoMagazine.com, Hernández
Cuéllar ha escrito sobre temas latinoamericanos, entre ellos de Cuba
y Fidel Castro, desde principios de los 80. Trabajó para la agencia EFE
en La Habana, entre 1981 y 1983, así como en Costa Rica y Los Angeles,
California, hasta 1990. Fundó Contacto Magazine en julio de 1994).
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