
La Economía Gira en Torno al Crédito Bancario
Entrevista con el Analista Económico Roberto Alvarez Quiñones
Director, Editor jefe de Contacto Magazine
Expertos, banqueros, periodistas, políticos y consumidores están
a la expectativa de lo que podría ocurrir con la economía
de Estados Unidos y con la del resto del mundo. Los bancos corren el riesgo
de perder la poca liquidez que les queda y la bolsa podría seguir
sufriendo derrumbes estrepitosos. Por el momento, con el famoso paquete
de rescate financiero de 700 mil millones de dólares, el gobierno
espera aliviar la crisis bancaria que está estremeciendo al país. ¿Qué significa
todo esto y qué
podría pasar realmente?
En el siguiente diálogo con Contacto Magazine, el veterano
periodista y analista económico Roberto Alvarez Quiñones,
quien durante casi 40 años ha examinado el curso de la macroeconomía,
explica el significado de la crisis financiera y del paquete de rescate
cuyos autores son el presidente George W. Bush y el secretario del Tesoro,
Henry Paulson, con apoyo de muchos congresistas. También expone
sus puntos de vista sobre las consecuencias de una crisis para las personas
que están
a punto de perder sus casas o tienen problemas con sus créditos.
JHC.- Este paquete de rescate financiero de 700,000
millones de dólares
ha provocado muchas preguntas. En primer lugar, si el paquete resulta efectivo ¿qué problemas
se arreglarían dentro y fuera de Estados Unidos?
RAQ.- Este New Deal de comienzos del siglo XXI tiene un doble propósito
estratégico, uno práctico, y el otro de carácter psicológico.
Aunque no lo parezca, el segundo es más importante que el primero,
porque la clave de la mayor intervención gubernamental en la economía
en Estados Unidos desde la Gran Depresión de los años 30
no es tanto la cifra sin precedentes de dinero que aporta, sino devolver
la confianza a los mercados y sobre todo al sistema financiero para que
los bancos vuelvan a ser bancos otra vez y concedan créditos a las
empresas y entre ellos mismos y también a los consumidores para
comprar vivienda, automóviles, y para financiar los estudios universitarios,
etc.
Si no se restablece la confianza al mundo financiero, los inversionistas y empresarios, se perderá todo ese dinero de los contribuyentes, aún cuando el rescate logre limpiar de hipotecas incobrables y otras cuentas malas a los bancos en problemas.
El plan, sin embargo, no hace mucho énfasis en algo que creo fundamental: evitar que siga en picada el precio de las viviendas. Es por ello que muchos expertos dudan de su éxito, aunque yo soy optimista y creo que sí funcionará.
La necesidad de lanzar este supra-paquete, equivalente en valor a tres economías como la de Argentina –la tercera mayor de Latinoamérica— surgió porque el sistema financiero de la nación prácticamente se congeló, se quedó sin liquidez, o sea, sin dinero, y dejó de conceder créditos, luego de perder más de $600,000 millones por el impago de hipotecas y sobre todo por el desplome del valor de las restantes hipotecas, de las viviendas y de los activos vinculados a éstas.
Este congelamiento fue el que estuvo a punto de hacer desaparecer
a Washington Mutual. Al correrse la noticia de que tenía
problemas, decenas de miles de clientes fueron al banco a retirar sus
ahorros y la institución
se quedó sin dinero físico. Sin embargo, ningún otro
banco le quiso prestar, como se hace en estos casos de falta temporal de
liquidez.
Todos sabemos que en el mundo de hoy toda la actividad económica
gira en torno al crédito bancario.
De tener éxito el rescate, además de los bancos inyectar dinero fresco a la economía con sus créditos otro efecto decisivo deberá ser la resurrección de los préstamos hipotecarios, esta vez con “mucho ojo” por parte de los prestamistas, con lo cual la crisis inmobiliaria podría poner al fin los pies en el fondo del pozo, aunque la recuperación total puede que tome otros dos o tres años.
Lo cierto es que con la caída de los precios de las viviendas en un 25% a nivel nacional desde su pico en 2006, durante la burbuja inmobiliaria que nadie quiso detectar, ya hay compradores listos para lanzarse al mercado, pero no consiguen financiamiento.
Además, el acceso al crédito no es sólo
buena noticia para quienes tienen pendiente realizar el “sueño
americano”,
sino para el 70% --unos 210 millones de personas-- de familias que ya son
propietarias, pues con la reanimación de los bienes raíces
comenzaría a subir la plusvalía acumulada de los inmuebles,
que constituye la principal riqueza familiar en EE.UU.
En cuanto al extranjero, EE.UU. es la locomotora de la economía mundial
y constituye un barril sin fondo que devora bienes y servicios de todo
el planeta por más de 1.4 billones de dólares al año.
El rescate apunta, si no a evitar una recesion, porque ya nadie nos la quita de encima, a que ésta no sea catastrófica y prolongada. Y eso beneficiará a los más de 150 países que exportan a EEUU. Y tal vez lo más importante, el sistema financiero internacional, tan dependiente de Wall Street, podrá mantener su salud. No olvidemos que la Gran Depresión comenzó en EE.UU. y luego se extendió por todo el mundo.
En el caso de América Latina, el rescate además puede evitar
el desplome de las remesas desde EEUU, que por valor de más de $50,000
millones anuales superan las inversiones directas de capital que recibe
la región.
JHC.- Si el proyecto de rescate fracasa, ¿cuáles serían
las consecuencias para la economía?
RAQ.- Evocando al padrino Don Corleone, de Mario Puzzo, me atrevo a decir
que este suprapaquete de rescate que presentó el gobierno al Congreso
era una oferta que podía ser enmendada, pero no rechazada. El primer
rechazo del plan por parte de la Cámara, tuvo un claro sabor electorero
que creo que fue muy irresponsable. Si un grupo de médicos discute
si un medicamento es mas efectivo que otro, lo que no puede ocurrir es
que no se le dé al enfermo ninguno de los dos y el paciente se muera
en medio del debate entre los galenos de cuál era mejor.
La crisis financiera es de tal magnitud que puede que
incluso este paquete no sea suficiente para solucionarla. Hay que tener
en cuenta que el gobierno va a comprar activos que casi no valen nada.
Por otra parte, como los efectos del rescate no son de inmediato, es posible
que muchas empresas vean caer sus ventas y el desempleo siga aumentando.
Estos trabajadores despedidos no podrían pagar sus hipotecas y
nuevos bancos podrían
quebrar.
Si el plan fracasa y no inspira la suficiente confianza, los inversionistas
retirarán sus capitales de EE.UU., el sistema financiero norteamericano
colapsará y todos nos hundiremos en una crisis económica
tan nefasta como la de hace 75 años.
Algunos economistas aseguran que el desastre económico es inevitable,
con rescate y todo. Uno de ellos, Glenn Beck, señala que el aparato
financiero de EE.UU. es un Boeing 747 que vuela con sus cuatro motores
incendiados, y que lo que único que pueden hacer el gobierno y el
Congreso es tratar de que aterrice con el menor daño posible.
No voy tan lejos. Aunque ya estamos en recesión, no creo que será apocalíptica,
debido al enorme tamaño de la economía norteamericana y a
la flexibilidad asombrosa que ha mostrado en los últimos 50 años
para capear los ciclos a la baja, inevitables en toda economía de
libre mercado.
Pero suponiendo que fallase el rescate, la mayoría de los bancos
quebraría –ya han colapsado 13-- y obtener un crédito
sería como encontrar agua en el Sahara.
Esto es bueno que lo tengan en cuenta quienes afirman
que el plan solo beneficia a los ricos y también los ultraconservadores
republicanos que rechazan que el gobierno interviniese. Es muy simple:
si la banca no es salvada, junto con ella nos hundiremos absolutamente
todos los que vivimos en este país, y casi todo el planeta entraría
en recesión.
Sin dinero, las empresas, grandes, medianas y los pequeños negocios
que emplean a casi el 90% de los trabajadores en EE.UU. –-para sorpresa
de muchos--, no podrían funcionar y mucho menos crecer, y el desempleo
alcanzaría cifras nunca antes vistas. En lo que va de año
se han perdido ya 605,000 empleos, y con rescate la cifra puede que alcance
los dos millones en 2009. ¿Cuántos quedarían en la
calle sin el rescate?.
El fracaso del plan mataría o dejaría muy mal
herida a la gallina de los huevos de oro de la economía de EEUU:
e l gasto de los consumidores, que genera el 70% del Producto Interno Bruto
(PIB) de 14 billones de dólares ($14 trillion, en inglés). El valor
de las viviendas se desplomaría y la clase media se empobrecería,
los estudiantes no tendrían préstamos para estudiar y el
país se estancaría profesional y tecnológicamente.
En fin, el nivel de vida de la sociedad norteamericana descendería
dramáticamente.
JHC.- Hay otros factores que están haciendo daño, como por
ejemplo, el precio del petróleo, los precios de otros bienes de
consumo, la recesión y el desempleo que ha subido levemente. ¿Qué relación
tienen esos otros factores con la crisis financiera?
RAQ.- A mi modo de ver, el precio del petróleo, medalla de plata
entre los causantes de la actual debilidad de la economía, en un
futuro no muy lejano va a convertirse en el factor número uno de
desestabilización económica en todo el mundo no exportador
de crudo.
Me asusto cuando examino las tendencias en el rezago de la producción con respecto al crecimiento de la demanda, así como las reservas en descenso , la extinción de yacimientos, y sobre todo la fiebre de especulación. Esta última es la principal razón de que el barril de petróleo, cuyo costo de producción no pasa en ningún caso –salvo en Canadá por las características de los yacimientos en Calgary— de 14 dólares, se haya vendido a más de 100 dólares, generando ganancias de hasta un 1,000% para los productores, algo nunca visto en la historia moderna.
Pero la relación del petróleo con la crisis financiera no es directa, sino inversamente proporcional. Ante la crisis, muchos inversionistas huyen de Wall Street y colocan su dinero en petróleo, el activo más seguro en la actualidad.
Eso explica que los precios sigan tan altos, cuando sabemos que la crisis hace bajar el consumo y los precios debieran descender.
Otro problema es que la deuda y el deficit fiscal que causará el rescate debilitará más al dolar, que es la moneda usual en las transacciones petroleras, y los productores tenderán a subir los precios del crudo para compensar las pérdidas que puedan tener al caer el dólar.
También el incremento del precio de los alimentos, entre otras
razones por la insaciable demanda de China e India, incide en la actual
crisis. Al pagar más por los alimentos y por la gasolina, los consumidores
se ven obligados a reducir sus compras de bienes y servicios, lo cual lleva
de la mano a la recesión.
JHC.- ¿Cuál será, a partir de ahora, la situación
de las personas que están a punto de perder sus casas?
RAQ.- Creo que el Talón de Aquiles de este paquete de rescate es
que no precisa con claridad los pasos que se va n a dar para ayudar a los
propietarios que están a punto de perder su casa, o en camino de
ello. Fue este punto uno de los que complicó las negociaciones en
el Senado y en la Cámara de Representantes. Aunque el plan finalmente
incluyó las propuetas de los demócratas en ese sentido, hay
detalles que al parecer serán aclarados posteriormente.
Lo que establece el plan es que el gobierno se involucre en las negociaciones entre los bancos y los propietarios para que sean reducidos los pagos de las mensualidades hipotecarias, mediante la reducción sustancial del interés, dando períodos de gracia con un interés más bajo, ampliando el vencimiento de los préstamos hasta 40 años, u otras modalidades.
Por eso es difícil estimar en qué medida el
rescate podrá ayudar
de veras a los casi tres millones de propietarios que ya no pueden pagar
sus mensualidades, o que no lo podrán hacer en el curso de este
año y en 2009.
JHC.- ¿El dinero que el gobierno gaste en este rescate será una
pérdida para los contribuyentes?
RAQ.- No, lo que el gobierno va a hacer es comprar muy baratas las hipotecas
incobrables de los bancos, con descuentos de hasta un 60% ó más.
Una vez que el mercado inmobiliario se recupere –ese es el propósito— el
gobierno venderá esas hipotecas a un precio superior y la diferencia
hacia arriba será ganancia para el gobierno y los contribuyentes,
mediante el aumento de fondos para programas sociales. Claro, todo esto
depende de que el rescate funcione y esas hipotecas suban de valor, cosa
que podría
demorar algunos años.
Pero lo planeado es que ese dinero no se va a esfumar, lo que no es el caso, digamos, de los $600,000 millones ya gastados en la guerra de Irak, “que el viento se llevó”.
Lo que no comprenden los críticos es que, de no haber rescate,
los contribuyentes y el gobierno podrían perder mucho más
que los $700,000 involucrados, con la caída en la recaudación
de impuestos que toda recesión prolongada causa.
JHC.- ¿Hay problemas para los consumidores que tienen deudas con
tarjetas de crédito?
RAQ.- De momento no, pero un poco más adelante sí,
si el plan funciona. Como el gobierno tiene que conseguir dinero para financiar
el rescate, venderá más bonos del Tesoro, lo cual elevará la
deuda pública. El Fed tendrá que subir la tasa de interés
de referencia del país para evitar la inflación que implica
semejante inyección de dinero a la economía --por parte del
gobierno y de los propios bancos que se supone comiencen a dar créditos
otra vez. También el banco central elevará el interés
para fortalecer el dólar (que bajará más por el aumento
de la deuda) y atraer desde el extranjero los capitales que necesita EE.UU.
para tapar el saldo rojo gigante que deja el plan.
Es decir, los intereses que cobran las compañías de tarjetas
de crédito probablemente serán aún más altos –ya
se pasean por las nubes--, lo cual golpeará el bolsillo de los consumidores.
La buena noticia es que por ahora el Fed no puede hacer
eso porque la situación económica no soporta un encarecimiento
del dinero. Es más, todo parece indicar que el banco central estaba
esperando la aprobación del rescate en el Congreso para anunciar
un recorte de otro 0.25% en la tasa de interés, y colocarla en
un 1.75%, para alentar las inversiones y el gasto del consumidor.
JHC.- Algunos activistas dicen que este rescate hipotecario protagonizado
por el gobierno de Estados Unidos significa una intervención del
Estado, que somos testigos del fin de la ola neoliberal. Algunos van más
allá y pronostican el fin del capitalismo. Hugo Chávez ha
llamado al presidente de Estados Unidos, "camarada Bush". ¿Qué hay
de cierto en esas afirmaciones?
RAQ.- Cuando la administración del presidente Franklin D. Roosevelt
lanzó el célebre New Deal (1933-1938), aquel colosal plan
de intervención gubernamental para sacar a Estados Unidos (y el
mundo) de la mayor crisis económica en 200 años, no pocos
dentro de EE.UU., y sobre todo fuera (particularmente la Unión Soviética,
así como los partidos de izquierda, sindicalistas y políticos
populistas de América Latina) afirmaron que ello era el canto del
cisne del capitalismo norteamericano.
Los críticos de dentro acusaron a Roosevelt de socialista y de dilapidar
el dinero de los contribuyentes, y los de afuera celebraron jubilosos el
principio del fin del sistema capitalista mundial, al que le auguraron
unas pocas afeitadas más antes de fallecer y pasar a la historia
como un fracaso.
Casi 80 años después, el presidente de Irán,
Mahmoud Ahmadinejad, al hablar ante la Asamblea General de la ONU el martes
pasado, al referirse a la actual crisis financiera en EE.UU. y el plan
de rescate, dijo lo mismo: "el imperio americano está cerca
del colapso...".
Hugo Chávez llama socialista a Bush, y el senador republicano Jim
Bunning califica de socialismo el proyecto del gobierno.
Este antes y después revela que no hay nada sorprendente en estas
críticas. A la afirmación de que esto constituye el fin de
la ola ¿neoliberal? nuevamente se le ven las costuras ideológicas,
desde la izquierda, como en 1933. Y a quienes rechazan que el gobierno
saque la cara por los ejecutivos y banqueros que otorgaron préstamos
hipotecarios sin averiguar antes si los prestatarios tenían solvencia
económica, yo les pregunto: si por un desliz una joven soltera de
16 años sale embarazada ¿debe ser expulsada de su hogar? ¿No
es la obligación de sus padres darle apoyo por muy disgustados que
estén?
Estoy convencido de que lo saludable para toda economía es que se cumpla la genial frase de los fisiócratas franceses de "laissez faire" (dejar hacer) del siglo XVIII y que el gobierno no meta las narices en el libre juego del mercado y el quehacer económico, y que no pague con el dinero de los contribuyentes los errores de las empresas privadas.
Pero la experiencia es la madre de todas las ciencias
y esta crisis ha evidenciado que el sistema de libre mercado en ocasiones
requiere de ciertas regulaciones para la propia protección del
sistema. No sólo
para evitar los excesos de los empresarios que caen en el trance de ganar
dinero fácil a como dé lugar , sino sobre todo para proteger
a los consumidores y no sean éstos los que paguen los platos rotos.
Casi ocho décadas después, de nuevo la intervención
del gobierno en la economía es una necesidad y no una medida comunistoide
o irresponsable. En época de Roosevelt el gobierno generó empleos,
subsidió a los agricultores, invirtió en programas de apoyo
a la industria y los servicios y creó instituciones fundamentales
como el Social Security y otras. O hacía todo eso, o la depresión
económica habría terminado por engullir hasta los cimientos
de la mas sólida y antigua democracia del mundo.
En aquel entonces Washington puso en práctica por
primera vez la doctrina del economista británico John Maynard Keynes
(uno de los artífices del sistema financiero mundial que emergió de
la Segunda Guerra Mundial con el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial como su espina dorsal), según la cual el estado debe intervenir
en la economía mediante regulaciones y gasto público para
crear empleos y elevar el consumo de bienes y servicios. Keynes sostenía
que las leyes económicas por sí solas no generaban un crecimiento
económico estable. A propósito, el keynesianismo tuvo resultados
tan desastrosos en América Latina –de la mano del populismo
y la sustitución de importaciones-- que aún se siguen arrastrando
sus efectos.
Pero ya durante la Segunda Guerra Mundial, con el auge de la economía,
buena parte de aquellas regulaciones y programas keynesianos fueron desmontados
en EE.UU. Se vio desnuda de nuevo, mejorada, la "mano invisible" de
que hablaba Adam Smith 170 años atrás, como reguladora natural
del mercado y Lámpara de Aladino del crecimiento.
Esa mano que nadie ve, pero siente, fue la que con
la música de
fondo de la revolución industrial inglesa barrió a los estados
monárquicos absolutistas que con sus regulaciones de todo tipo e
impuestos absurdos impedían el desarrollo de las fuerzas productivas
e innovadoras de Europa, y fue la que construyó el mundo moderno
que hoy conocemos y llevó a los terrícolas a caminar por
la Luna.
Como hace tres cuartos de siglo, esta vez también la siempre peligrosa
presencia gubernamental en el quehacer financiero y económico se
hará también a un lado, luego de dejar bien engrasadas las
regulaciones e instituciones imprescindibles que eviten –o atenúen--
lo que Alan Greenspan llama la “exuberancia irracional” del
mercado.
Como atestiguaron nuestros padres y abuelos, lejos de significar el fin
del capitalismo norteamericano, este Nuevo Trato lo que hará será fortalecerlo
y mejorarlo.
De no haber rescate, el terremoto económico podría ser de
proporciones bíblicas y arrastraría consigo a quienes haciendo
gala de su habitual ignorancia, bromean con la camaradería de Bush.
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de Rescate
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La actual crisis financiera que ha llevado al gobierno
de Estados Unidos a solicitar al Congreso un paquete de rescate de 700 mil
millones de dólares, ha abierto un nuevo debate, más bien ideológico,
respecto a la relación existente entre el capitalismo y el gasto social.
Algunas personas piensan que el gasto social es ajeno al capitalismo. Pero
las cifras reales del gasto social dentro del capitalismo, inclusive dentro
del llamado "capitalismo salvaje" de Estados Unidos, son bien claras.
¿Culpable?
La Codicia
Durante los últimos 24 años de ejercicio periodístico
y empresarial, he conocido a muchos hombres y mujeres de negocio, desde líderes
de cámaras de comercio y ejecutivos de corporaciones hasta propietarios
de pequeñas empresas y profesionales que trabajan por cuenta propia.
Con ellos aprendí que hay una diferencia enorme entre el espíritu
empresarial y la codicia. El espíritu empresarial enriquece, genera
progreso, crea empleos, suministra servicios e, inclusive, usa la riqueza para
apoyar causas nobles. La codicia nos lleva a una cadena interminable de castigos.
Es un boomerang que golpea la frente del que la padece y la de quienes lo rodean.
66 Maneras de Ahorrar Dinero