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Facundo 'Sombra' y la intimidad de Fidel Castro (4)

Historia y ficción del poder en una novela de murmullo público, dos narradores y un intruso



Cuando la ironía se devela paradoja

El punto de vista del narrador implícito es -como ya dije- el fluir del pensamiento de Facundo, un personaje dentro de la historia de la narración y la Historia misma, que se constituye en la intimidad del Jefe. Facundo así deja escapar su ideología castrista. Pero las perspectivas de su pensamiento chocan constantemente con las coordenadas del pensamiento del mundo real, libre, objetivo, y también ya dentro de Cuba, clandestino y subversivo. Frecuentemente, el escolta está ensalzando la figura del Jefe, por sus acciones, su forma de resolverlo todo, de saber hacerlo todo, etc. Y es cuando sentimos la ironía de lo que es el Jefe mismo y que su visión del mundo no tiene nada que hacer con las coordenadas (y digamos también principios) del mundo objetivo. Entonces, la figura de este "líder" se va haciendo -como es en la realidad real, valga la redundancia- tremendamente adversa, sádica, cruel, y es que el choque entre el espejismo castrista creado en la mente de Facundo y el sistema de factores que conforman un pensamiento humanista legítimo hacen que la imagen del "líder" se desmorone y se convierta en una tortuosidad, una distorsión, un disparate y un absurdo. De modo que pudiéramos decir que los discursos de los dos narradores: el implícito y el explícito, entre líneas, llega un momento en que convergen y se convierten en la paradoja de un efecto bumerán; en algo que regresa con su carga de negatividad contra el mismo personaje de los elogios, y da al traste con cualquier mínimo convencimiento que hubiera podido tenerse de la figura del mandatario. Es como si la vida de los cubanos, además de ser el infierno mismo, fuera una broma de mal gusto, en la que la ironía existencial del pueblo (fiestas, apoyo, marchas, consignas, etc.) no deja de ser siempre una patética danza de zombis aplaudiendo al brujo mayor.

La Sombra y el Jefe

Ya se sabe que Facundo es de manera obsesiva la "sombra". Lo que no quiere decir que sea un cobarde o un oportunista que se escuda, para sus beneficios, en ser quien ampara al Jefe. Facundo tiene la estupidez de una robótica deshumanización porque se cree su destino: su misión en este mundo es cuidar del Jefe por encima de todo, y no vacila en dar su propia vida por aquel que lo significa todo para él (hay que recordar que a los 14 años empezó a prepararse para servirle). Ciertamente es un problema de luces y de alma. En verdad, Facundo es servil sólo con su Jefe; es un fanático, un apasionado del ser a quien cuida, a tal extremo que la relación cotidiana que mantiene con él es tan abarcadora que supera en mucho la relación que lleva con su esposa Nora, con quien incluso en los momentos íntimos del sexo no deja de hablarle de Castro (En este sentido, la vida de Facundo es morbosa, totalmente desajustada, una existencia extraña que parece encontrar más placer al lado del dictador que al lado de la esposa). No obstante, es un fanatismo cuerdo, consciente, que convence por la sinceridad y al mismo tiempo por la humana ignorancia que posee para sólo ver las cosas a través del prisma del Jefe. De manera que este fanatismo lo lleva a transparentar el pensamiento de Castro, aun sobre los más cercanos colaboradores, y hasta del hermano Raúl, quien sale muy mal parado en esta historia.

Otro de los logros -junto con el personaje de Facundo- es el sentido de persuasión de la novela, que nos convence de la carga deshumanizada del Jefe como un coprotagonista referencial. Lo que no evita que el lector tenga una identificación con el dictador, aunque adversa pero identificación al fin: lector-figura clave (gracias al fluir del pensamiento de Facundo). A pesar de la desfachatez y deformación del poder, se llega a sentir el carácter hipócritamente paternalista en la relación del Jefe hacia Facundo (pero, claro, es el paternalismo de todo autócrata), mientras que viceversa la proyección es apasionada y, de hecho, embelesada. De modo que Facundo es la sombra, y como tal es ficción (intangible), pero también como sombra es realidad concreta, reflejo de un cuerpo viviente.

Facundo "Sombra" agranda al Jefe, lo anima y le da la garantía de que está vivo y que tiene grandeza histórica. La sombra vive por y para el Jefe:
Vuelve a tener ese chispazo en la memoria: alguien que le dice al Jefe,
"pareces un diablo Fidel", y lo hace sonreír tal vez con esa misma sonrisa
abierta que ha quedado atrapada en este pedazo de papel fotográfico. Lo
conserva con celo. No ha tenido nunca el valor de sacarlo y ponerlo sobre el buró, como algunas de esas otras que tiene delante de los ojos, porque las víboras que siempre abundan en aquel palacio, que reptan, venenosas, por los pasillos, seguro dirían que era un modo muy eficaz de guataquearle al Jefe, como si a él le hiciera falta (pág. 284).

Para una saga del poder

En sentido general, una narración como ésta, por la importancia del tema y por estar bien contada, le deja a uno el sabor de querer seguir leyéndola. Es una manera atractiva de conocer verdades ocultas; o al menos, acercarse un poco más a los entretelones de un entramado histórico, cuya intensidad radica en el ocultamiento sistemático que se ha hecho de cómo verdaderamente ha funcionado ese poder. Por eso me atrevo a suponer que después de esta novela podría surgir otra en la que alguien más continúe esta historia, en su dimensión íntima, psicológica, política. Aunque sé muy bien, por la entrevista citada, que sería muy difícil que el autor volviera a escribir otra novela más del tema. Al preguntarle si su obra pudiera tener una continuación, Amir Valle respondió:

"Puede ser, pero te juro que no me vuelvo a meter en un proyecto tan
ambicioso como éste, de modo que esa otra parte se la dejo al que la desee escribir (...). Pero sí, hay mucho material de donde escoger, y no ya sólo en la historia de nuestro "ilustre" dictador. Hay unos cuantos de esos que se aferran al poder que tienen historias como para escribir una saga al estilo de Galdos o de Balzac".

Las palabras y los muertos fue la rabia inteligente que sacó los demonios de Amir a modo de exorcismo, y que en estos momentos -supongo- le otorgan literariamente una enorme paz consigo mismo. Pero cierto, la saga puede ser interminable, puesto que aún quedan infinidad de cosas por decir. Es la historia de la negatividad y la fascinación del poder en esta figura emblemática del mismo poder, prominente para producir crisis mundiales, hechicero de multitudes, hábil en política internacional, divisor genial para prometer lo que nunca ha cumplido y hacedor del espectáculo, entre tantas y tantas facetas. Y es así que la novelística nos da la posibilidad de adentrarnos en la interioridad de ese poder. Desarrollar el aspecto imaginativo para situar mejor el hecho del atropello realizado diariamente, durante casi cincuenta años con toda impunidad.

Quizás pudiera ser Nora quien discurriera la nueva historia, ¿la fiel esposa de Facundo?, porque supuestamente debe haber seguido paso a paso la vida de su marido y la del Jefe y, por tanto, sea ella entonces quien tenga que contar mucho de su drama familiar y social. O desde otro ángulo: ¿la mujer despechada por haber sido preterida?; ¿la mujer fanatizada también con el mandatario?; ¿la mujer en su papel de nueva sirvienta, a quien se le cambió el nombre y se le puso el de "compañera"?; quiero decir, un ángulo con el que podrían descubrirse otras tantas corrupciones y desvaríos del poder. (Sigue)

Gayol Mecías sobre Las Palabras y los Muertos-- 1, 2, 3, 4, 5





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Amir Valle

Amir Valle, autor de Las Palabras y los Muertos, Premio Internacional Mario Vargas Llosa, 2007.