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Ernesto "Che" Guevara y Fidel Castro

Los comandantes Ernesto "Che" Guevara y Fidel Castro, a principios de la década de los años 60, muy poco después del triunfo revolucionario de 1959.

Anatomía del Absolutismo en Cuba- Parte 3

El Buró Político y el Partido Comunista

ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES

• Un Partido Comunista (PC) es un partido político sólo cuando está en la oposición. Si llega al poder se transforma totalmente y de hecho sustituye al Estado. Se autoproclama poseedor de la verdad absoluta –que Marx afirmaba no existe--, se hace cargo de los poderes públicos, de toda la economía nacional, las fuerzas armadas, los medios de comunicación, la educación, la salud, la cultura, y hasta de la vida privada de los ciudadanos.

• La Asamblea Nacional del Poder Popular es una gran maqueta institucional vacía de contenido real. Sesiona ordinariamente sólo seis días al año (algo único en Occidente). Sus 612 “diputados” escuchan, obedecen y levantan la mano para aprobar por unanimidad lo ya cocinado por el dictador y su claque. Nunca en sus 37 años de existencia un diputado ha cuestionado una “orientación” de la cúspide castrista.

• El postcastrismo ya se gesta en la isla. Los generales, coroneles y sus familiares, y las familias de los Castro y los grandes jerarcas de la burocracia civil partidista y estatal hoy se entrenan como gerentes de las únicas industrias y actividades que son rentables o podrían serlo, para convertirse luego en sus propietarios neoliberales.




El Buró Político del PCC, que oficialmente es la mayor instancia de poder en la isla, tiene actualmente 13 miembros luego de la defenestración de Ricardo Alarcón el 2 de julio pasado (2013). Pero sólo cuentan realmente los 8 militares, incluyendo al dictador, que son quienes deciden y “cortan el bacalao”. Los otros 5 escuchan, opinan si los dejan, y votan disciplinadamente lo que deciden los jefes.

Lo mismo ocurre en el Comité Central del Partido, de 118 miembros, cuyos plenos y reuniones periódicas sirven para dar por aprobado lo ya decidido “arriba”.

En cuanto al Partido Comunista de Cuba como institución hay que precisar que no se trata de un partido político propiamente, sino de una organización paramilitar-estatal-administrativa, de carácter represivo, cuya misión es mantener la "lealtad revolucionaria” del pueblo.

Un Partido Comunista (PC) es un partido político sólo cuando está en la oposición. Si llega al poder se transforma totalmente y de hecho sustituye al Estado. Se autoproclama poseedor de la verdad absoluta –que Marx afirmaba no existe--, se hace cargo de los poderes públicos, de toda la economía nacional, las fuerzas armadas, los medios de comunicación, la educación, la salud, la cultura, y hasta de la vida privada de los ciudadanos.

Es más, en la práctica cada Partido Comunista gobernante repite la frase del rey Luis XIV de Francia: “L’Etat, c’est moi” (“El Estado soy yo”). Si las “polis” en la antigua Grecia eran Ciudades-Estado, y las hubo 2,500 años antes en Mesopotamia (como hoy el Vaticano, o Mónaco), en los tiempos modernos existe el Partido-Estado en las naciones comunistas.

Algo que no se conoce bien en Occidente es que cuando un Partido Comunista asume el poder ya sus militantes no se dan cita en locales regionales, provinciales o nacionales para debatir ideas y tomar acuerdos como hacen los partidos políticos en el mundo “normal”, sino en cada centro laboral.

En Cuba los militantes del PCC se reúnen en cada fábrica, empresa, escuela, comercio, hospital, unidad militar, teatro, obra en construcción, medio de comunicación, etc. Hay un “núcleo del partido” en cada centro de trabajo, donde reciben instrucciones de meter miedo, controlar y administrarlo todo.

Imaginémonos "núcleos" del Partido Demócrata --gobierna ahora en EE.UU--en las fábricas de General Motors, en McDonald’s, el Yankee Stadium, The Washington Post, el Pentágono, la NASA, Wall Street, o en Disneyland, con órdenes de Obama de decirle a cada jefe cómo debe hacer su trabajo.

Paradojas

Lo paradójico es que si bien la cúpula partidista es muy poderosa, la masa de militantes de base no lo es. Esta obedece órdenes y no tiene ni la capacidad ni las vías para cuestionar lo que con fuerza de dogma “baja” de las instancias superiores, sobre todo de la oficina de Machado Ventura, encargado de “disciplinar” a la militancia para que no se salga del plato. Porque la cúspide partidista es consciente de que, dada la magnitud de la crisis que asfixia al país, ya los militantes de a pie se dan cuenta de que el socialismo es inviable y que su “actualización” es un disparate.
Por miedo, que conduce a la hipocresía social (la “doble moral”) generalizada en el país, los militantes no lo dicen en sus núcleos, pero muchos de ellos (son 762,000) ya no se perciben a sí mismos como marxistas. Y comentan con sus familias la necesidad de reformas profundas, liberar las fuerzas productivas y captar inversiones extranjeras en grande.

Los jefes de los ministros

No obstante, adherido a la fuerza militar, el PCC desde las altas esferas hasta el nivel municipal controla totalmente todos los estamentos de la sociedad cubana. Tanto, que los jefes de Departamento y de Sección en el aparato burocrático del Comité Central son quienes dirigen a los ministros y a todos los directores de organismos centrales. Y la política exterior no se traza en el Ministerio de Relaciones Exteriores, sino en el Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central. Y así ocurre con todas las ramas del gobierno.

Pregúntele a cualquier ciudadano común el nombre del presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular (el gobernador) y probablemente no lo sabe. Pregúntele por el Primer Secretario del PCC en la provincia, o el municipio, y le dirá el nombre al instante. Sabe que el gobernador no tiene poder alguno y que el jerarca partidista lo puede todo en el territorio.

Sin embargo, la base del PCC está cada vez más permeada por la crisis terminal nacional y va convirtiéndose en un cascarón hueco que eventualmente podría desaparecer sin dejar rastro. De haber cambios radicales muchos militantes botarían o quemarían sus carnets sin “conflicto de conciencia” alguno.

Pero por ahora, con los hermanos Castro al frente, el poder militar-represivo y la cúpula partidista están fundidos institucionalmente y el PCC constituye la expresión estatal civil de la dictadura. Y no es, por supuesto, un partido político. Ese es el gato que Cuba le da al mundo como liebre.

La oligarquía subalterna

Con respecto al Consejo de Estado, el Consejo de Ministros y la Asamblea Nacional del Poder Popular, es poco lo que hay que decir. No deciden nada importante. Están totalmente subordinados a la jerarquía político-militar-partidista.

El Consejo de Estado (de 31 miembros) es el órgano que actúa a nombre del poder legislativo (cada legislatura tiene un mandato de 5 años) durante los 359 días en que ésta no sesiona, y ostenta la representación del Estado.

Del Consejo de Ministros lo más interesante es que 4 de sus 7 Vicepresidentes son también generales y coroneles. El ala formalmente ejecutiva del gobierno castrista está acogotada por la Junta Militar, el Buró Político y la burocracia administrativa del Comité Central del PCC.

La Asamblea Nacional del Poder Popular es una gran maqueta institucional vacía de contenido real. Sesiona ordinariamente sólo seis días al año (algo único en Occidente). Sus 612 “diputados” escuchan, obedecen y levantan la mano para aprobar por unanimidad lo ya cocinado por el dictador y su claque. Nunca en sus 37 años de existencia un diputado ha cuestionado una “orientación” de la cúspide castrista. Es un triste espectáculo.

Patriciado marxista

Constitucionalmente hablando, lo más escandaloso del castrismo es que el derecho a elegir al núcleo institucional de poder en el país es privilegio exclusivo de una especie de patriciado romano al que pertenece únicamente el 8.7% de la población adulta de la isla. Sólo los militantes del PCC pueden elegir a los delegados a los congresos del PCC que designan a los jefes de la “fuerza dirigente superior” de la nación. Los millones de adultos restantes no tienen ese derecho. Son ciudadanos “satos”, de segunda clase, la plebe. Es decir, en Cuba el poder podrá ser constitucional, pero no legítimo.

¿Será Díaz-Canel presidente de Cuba?

He dejado para último al Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y del gobierno, Miguel Díaz-Canel, primer civil y no “histórico” de la Sierra en ocupar esa posición.

Es lógico que algunos acaricien la idea de que él pudiera ser el Mijail Gorbachov criollo. Yo no lo creo. Más allá de llamarse igual (Mijail significa Miguel en ruso), creo que si Díaz-Canel llegase a Presidente se parecería más a Osvaldo Dorticós, el Jefe de Estado cubano de “mentiritas” entre 1959 y 1976.

Para empezar, Díaz-Canel no pertenece a la Junta Militar todopoderosa y no se ubica siquiera en el ala liberal (perdónenme el eufemismo) o reformista de la nomenclatura, que con la salida de Abel Prieto es ahora más débil y pequeña. Es un “yesman” comunista ortodoxo, algo más moderno en sus maneras, que insufla “aire fresco” a la tiranía y la proyecta con una imagen más potable internacionalmente.

En realidad su única importancia es que de morir Raúl antes de 2018 él sería constitucionalmente el Jefe de Estado, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), y jefe del Gobierno. Todo a la vez como estipula la Carta Magna, pero sin ser el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) , que le correspondería al Segundo Secretario, el estalinista José R. Machado Ventura.

Y ahí está el detalle, como diría Cantinflas: Díaz-Canel tendría más poder real que Machado Ventura quien por ser el jefe del PCC sería constitucionalmente el nuevo dictador. Díaz-Canel, sin embargo, sería el comandante de los tres ejércitos de la isla, la fuerza aérea, la marina de guerra, la Seguridad del Estado y todas los cuerpos represivos. Y Presidente con poderes reales.

El ‘hombre fuerte’

Pero estoy convencido de que esta insólita situación no va a ocurrir ¿Destituiría la Junta Militar a Machado Ventura para designar a Díaz-Canel como Primer Secretario del PCC y ungirlo como nuevo tirano y Comandante en Jefe, por encima de generales y comandantes “Héroes de la República” y que son aún “jóvenes” sexagenarios o septuagenarios?

No, la élite militar designaría a uno de sus iguales como nuevo “líder de la revolución” con más “historia” y más joven que Machadito, y a años luz de Diaz-Canel. Y más allá de 2018 es igualmente muy difícil que Díaz-Canel sea Presidente, a no ser que se hagan modificaciones a la Constitución, como las realizadas en la Unión Soviética en 1964, luego de la destitución de Nikita Kruschev, quien era secretario general del Partido Comunista y comandante en jefe de las fuerzas armadas, y jefe del Gobierno con poderes ejecutivos omnímodos.

Mediante una “troika” se repartieron el pastel para que nadie tuviera los poderes de emperador romano que tuvo Stalin sobre todo. Leonid Brezhnev sustituyó a Kruschev como Secretario General del partido y Comandante Supremo. Como jefe de Gobierno quedó Alexei Kosyguin, y Anastas Mikoyan pasó a ser jefe de Estado como presidente del Presidium del Soviet Supremo (Consejo de Estado), ambos con poderes limitados.

Los Castro podrían antes de 2018 hacer una repartición para que nadie más pueda gozar de la omnipotencia feudal que ellos tuvieron. O crear un cargo separado para la jefatura de las FAR, como en China, donde el comandante en jefe es el presidente de la Comisión Militar Central de la República (CMC), al mando de 2.5 millones de hombres. La jefatura de la CMC usualmente la ostenta el jefe del Partido Comunista chino, pero Deng Xiaoping luego de retirarse en 1987 como secretario general del partido la siguió presidiendo.

No obstante, puede que no haya reparto alguno. El caudillismo autoritario, llevado en Cuba a cultura nacional por los Castro, podría prevalecer y quedar todo en manos de un solo líder en aras de la “unidad revolucionaria”. Pero entonces las posibilidades de Díaz-Canel de ser presidente serían aún más remotas.

El presidente ‘cuchara’

Y de serlo, en vez de ser otro Dorticós sería un nuevo Manuel Urrutia, quien hasta mediados de febrero de 1959 tuvo poder ejecutivo real, pero era Fidel, sin cargo alguno en el gobierno, quien gobernaba desde su residencia de Cojímar como comandante en jefe del Ejército Rebelde. Empero, pienso que Díaz-Canel sería un nuevo Dorticós, quien nunca tuvo oficialmente poder alguno.

El 7 de febrero de 1959, nueve días antes de desplazar a José Miró Cardona y asumir como primer ministro, Castro redactó e impuso la llamada “Ley Fundamental”, que dejó sin efecto la Constitución de 1940 y convirtió la figura del primer ministro en jefe del Gobierno, por encima del Presidente de la República; abolió el Congreso y pasó al Consejo de Ministros la facultad de redactar y promulgar las leyes. Devino monarca absolutista criollo con todos los poderes, aunque “provisionalmente”, pues al tomar posesión como primer ministro, el 16 de febrero de 1959, dijo: “No me importa ningún cargo público, no me interesa el poder”.

El presidente de la República pasó a ser un jefe de Estado de cartón. Un cargo protocolar con la misión de recibir las cartas credenciales de los embajadores y representar a Cuba internacionalmente. Recuerdo bien que a partir de entonces, con el clásico humor criollo, a Urrutia la gente lo llamaba “cuchara”, porque “ni pincha ni corta”.

Cinco meses después, el 17 de julio de 1959, cuando Urrutia comenzó a hacer resistencia al rumbo comunista del gobierno, Castro lo acusó de traidor a la revolución y lo obligó a renunciar y nombró en su lugar a Dorticós.

En cuanto a Díaz-Canel, simplemente no tiene “pedigree” castrista suficiente para ser dictador, y sí el necesario para emular con Dorticós, Urrutia, o Mikoyan.

¿Qué va a pasar en Cuba?

Con respecto a qué va a pasar en Cuba, siempre me acuerdo de lo que me dijo Carlos Alberto Montaner hace algo más de dos años en Los Angeles: “En Cuba puede pasar cualquier cosa”.

Cuando llegué a Estados Unidos, en 1995, me pareció genial la consigna de “NO CASTRO, NO PROBLEM”. Eso ha cambiado radicalmente. El postcastrismo ya se gesta en la isla. Los generales, coroneles y sus familiares, y las familias de los Castro y los grandes jerarcas de la burocracia civil partidista y estatal hoy se entrenan como gerentes de las únicas industrias y actividades que son rentables o podrían serlo, para convertirse luego en sus propietarios neoliberales. Y van a querer sustentar el poder político para adentrarse bien protegidos al capitalismo de Estado que ya comienzan a erigir en la isla.

Que lo logren, o no, o si el postcastrismo se parecerá al modelo chino, o al de Putin, o al chavista, o si será una azarosa transición real a la democracia, nadie lo puede saber. Lo que sí sabemos es que para hacer cualquier pronóstico sobre el futuro de Cuba es requisito sine qua non considerar este gradual posicionamiento de los militares y sus familiares de todos los estamentos del poder económico y político en la isla. Ellos no van a renunciar y entregar el poder fácilmente.

La buena noticia es que en política las cosas casi nunca ocurren como son pronosticadas. Esa es mi esperanza. Con los Castro fuera de escena los acontecimientos podrían suceder de forma muy diferente a como hoy los podemos avizorar cuando competimos con los oráculos de la antigua Grecia.

Ojalá pronto veamos una luz al final del túnel.


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