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La
Vida de los Ancianos en EE.UU.
Por ALEIDA DURAN
"Acojamos la vejez con un abrazo y amémosla con sosiego.
Está llena de deleites si la sabes usar. Sabrosísimos
son los frutos últimos. Porque la vejez gusta del lento gozo
de no necesitar ninguno".
Fragmento de una carta de Séneca a Lucilio-
La calidad de vida en las personas jubiladas depende de una serie
de factores que incluye la actitud del anciano, el amor o desamor
de su familia, el respeto de una comunidad, y el hecho de que exista
o no una interacción entre las distintas generaciones en la
estructura familiar.
La cultura actual rinde un culto a la juventud que llega a rayar en
la idolatría, lo cual lleva a muchas personas, por una parte,
a tratar de ignorar el decursar normal de la vida que incluye la propia
vejez, y por otra, a segregar a los ancianos por prejuicio, ignorancia
y falta de alternativas y patrones para cuidarlos.
"Ellos son distintos a nosotros y eso nos pone nerviosos, creando
una especie de xenofobia (aversión y desprecio a lo desconocido)
hacia los viejos, que afecta a jóvenes y más aun a los
mayores", dice la psicologa Mary Pipher.
Los jóvenes y los de edad madura no comprenden" la soledad,
la angustia y el horror a la dependencia" que afectan a los mayores,
opina la psicoterapista Nicole Joliet. Acostumbrados a ser independientes
y a dirigir, "de pronto" se encuentran dependiendo de sus
hijos y otros parientes para resolver sus necesidades más básicas.
Se sienten apartados, a menudo criticados y en ocasiones menospreciados.
"Sin darse cuenta, quienes rodean a las personas mayores van
contribuyendo a que éstas pierdan cada vez más la confianza
en sí mismas, lo cual muestra una falta de sensibilidad y un
peligro de que a ellos les suceda lo mismo, por el ejemplo que se
va grabando en la historia colectiva de los pueblos", opina Joliet.
Sin embargo, algunas familias pueden llegar a la abnegacion con sus
mayores. Otras, a la abyección.
Cuando Angel enfermó del mal de Parkison a los 48 años,
su esposa Ofelia advirtió a sus hijos, un varón y tres
mujeres, niños o casi niños todavía, que se portaran
bien y aprendieran a cuidarse entre sí. Ella se dedicó
en cuerpo y alma a su esposo.
Ya casadas las tres hermanas, la más joven, Viola López,
se llevó a sus padres a vivir con ella. Angel Cruzet llegó
a estar 10 años inmóvil sobre una cama.
Ofelia Cruzet sufrió un "stroke" y también
quedó inválida y sin conocer a nadie. Viola y su esposo
Anildo López cuidaron a los dos ancianos con amor y respeto
durante años, hasta que murieron, primero ella, y dos años
despues él . Viola, quien tenía cinco años cuando
su padre enfermó, cuenta que quizás ella aprendió
del ejemplo de dedicación de su madre y del amor que ésta
supo fomentar entre sus hijos.
A pesar de los hogares de ancianos, todavía hay muchos cuidados
en casa por sus familias. Como María Luisa González,
de Miami, quien recientemente, celebró sus 100 años
cuidada por su hija Teresa Fernández, actualmente viuda, y
la atención de sus otros tres hijos y 8 nietos.
La Dra. Pipher afirma que probablemente la actitud que los padres
tengan hacia sus propios padres, será la que sus hijos tendrán
con ellos cuando se conviertan en
ancianos. Los cambios de actitud de la familia hacia los ancianos
llegan conjuntamente con la enfermedad.
Francisca, viuda y madre de un solo hijo, crió a sus nietos
y dirigió la casa mientras el hijo y la esposa de éste
disfrutaban de vacaciones en el extranjero y se ocupaban de un próspero
negocio que tras muchos años, vendieron sin grandes beneficios.
Para entonces los dos hijos de la pareja se habían casado y
vivían en estados lejanos.
La osteoporosis que padecía Francisca provocó la fractura
de varias vértebras y quedó confinada a una silla de
ruedas. Su mente tampoco estaba muy clara. De pronto, Francisca "desapareció".
Siempre estaba "visitando" a uno u otro nieto.
Algún vecino o amigo de la familia parece haber sospechado
que algo "olía mal". Una organización dedicada
a investigar el maltrato a los ancianos tomó cartas en el asunto
y supo que la anciana, de 83 años, no estaba en la casa de
ninguno de sus nietos. A la tercera vez que la trabajadora social
no pudo ver a Francisca (estaba "en la iglesia" o "en
casa de una amiga") consiguió una orden de registro dictada
por un juez y apareció en la casa acompañada por un
policía.
En una pequeña habitación cerrada con llave en donde
antes se guardaban solo utensilios de limpieza, estaban ahora, además,
el camastro de Francisca, su silla de ruedas, un viejo aparato de
televisión, Francisca y "un espantoso olor a desechos
humanos."
La anciana fue trasladada, primero, a un hospital, y después
a un hogar de ancianos. La pension que Francisca recibe, ahora se
usa en las necesidades de ella. Al conocer la conducta de sus padres,
los nietos de Francisca la visitan más a menudo para vigilar
que su abuela esté bien atendida.
La Importancia de los Abuelos
Los abuelos son más importantes de lo que a menudo se nota:
representan el sentido de identidad, una de las necesidades más
profundas y menos reconocidas del ser humano. Los jóvenes que
viven o alguna vez vivieron con abuelos son más maduros y seguros
de sí mismos.
En una muestra de 32 personas entre los 25 y los 40 años que
se criaron con abuelos, esto pudo constatarse: Se formuló una
sola pregunta: "¿Qué significaron tus abuelos para
tí?" Todos, sin excepción, mostraron entusiasmo
y emoción al hablar de sus mayores, muchos de ellos ya fallecidos.
A Roberto González, de 32 años, técnico de Rayos
X en un hospital, se le iluminan los ojos. "Mis abuelos eran
mi vida. Cuando hace cinco años murió la última,
mi abuela materna, creí que el mundo me caía encima",
dice.
Juan Luis, de 25 años, relata que vivio con sus abuelos paternos
hasta hace siete años cuando de traslado con sus padres a Estados
Unidos.
"Mis abuelos fueron muy importantes para mí. Mi papá
y mi mamá trabajaban pero mis abuelos siempre estaban ahí
cuando yo los necesitaba. Agradezco a mi abuela que yo haya estudiado
la secundaria. A ella le daba lo mismo que a mi no me gustara la escuela.
Estaba dispuesta a estudiar conmigo pero no a transigir.
Había que estudiar...sin discusión", cuenta. "Me
daban "berrinches": hoy se lo agradezco".
A pesar de esto, la soledad fue el sufrimiento mayor que encontró
la trabajadora social Lidia Gil-Ramos cuando trabajaba en el programa
de Refugiados Cubanos del Departamento de Bienestar Social ("welfare")
durante los años de 1960-70, en la zona norte del Condado de
Hudson, N.J.
Los cubanos, que entonces constituían cerca del 80 por ciento
de la población local, luchaban por salir adelante, y por afianzarse
ellos mismos en una nueva sociedad. Pasaban mucho más tiempo
fuera del hogar, trabajando. Sus padres ancianos vivían la
angustia de la soledad. Aislados por el idioma, el clima y una sociedad
que no comprendían, no encontraban el modo de salir de su aislamiento;
no eran capaces de establecer contacto ni con su vecino norteamericano
y, muchísimo menos, de participar en los programas locales
para ancianos que ya existían. Se avergonzaban de no hablar
inglés.
Gil- Ramos creó el programa de recreación dominical
"Tertulias de Antaño", que funcionaba con el trabajo
voluntario de ella y un pequeño grupo de otros voluntarios.
Comenzó en 1974 con 13 ancianos y llegó a contar con
más de 200 miembros de varias nacionalidades hispanas.
Graduada de la Escuela de Servicio Social de la Universidad de La
Habana, Gil-Ramos se había especializado en los problemas de
los ancianos y había dirigido en Cuba un asilo para 40 hombres
ancianos incapacitados.
En "Tertulias de Antaño" los ancianos fortalecieron
su autoestima. Recuperaron el gusto por vestir elegantemente y de
relacionarse con los demás. Eran visitados por artistas de
la talla de Celia Cruz, autoridades locales y estatales y por personalidades
que visitaban la zona. Eran tomados en cuenta como parte de la comunidad.
A su vez ellos aprendieron a participar en fiestas, excursiones, comedores
y programas norteamericanos para ancianos.
El programa fue cerrado el último noviembre por motivos de
salud de Gil_Ramos. Pero ya había cumplido su cometido. El
perfil de la ancianidad había cambiado en North Hudson.
"Necesitamos nuevas palabras del estilo de "interdependencia"
y "reciprosidad" para terminar con la marginación
de los ancianos. Una buena salud mental para todos no implica ni la
independencia ni la dependencia: simplemente una aceptación
digna y elegante de la etapa de la vida que estamos viviendo",
apunta Pipher, autora de la obra "Another Country".
El Costo de la
Ancianidad
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