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Agustín Meléndez Eyraud es un joven dramaturgo mexicano, cuyo libro "Graffiti y otros tintes teatrales" contiene cuatro de sus más recientes obras. |
Agustín
Meléndez Eyraud, un
Nuevo Dramaturgo en Los Angeles
Por los laberintos inéditos de Los Angeles aparecen, reaparecen y desaparecen
vínculos importantes con el arte y la cultura latinoamericana. Recién
llegado a esta ciudad, que se la traga Hollywood día a día, minuto
a minuto, está el joven dramaturgo mexicano Agustín Meléndez
Eyraud. Su arribo coincide con, por lo menos, dos producciones de sus obras en
México, y la salida de su libro "Graffiti y otros tintes teatrales",
de la casa editorial Escenología AC.
Meléndez Eyraud es considerado parte de la nueva generación de
autores teatrales bajacalifornianos, y sus obras presentan una
"propuesta temática y estilística fronteriza".
Así lo presenta su editor.
Su libro contiene cuatro obras teatrales: "Graffiti", "Iconos",
"El drama de una comedia... a la antigua" y "La espiral
del silencio". Abanderado de un teatro para el pueblo que muy
poco tiene que ver con la búsqueda de una vanguardia, que
quizás sí lo es muy a su pesar, Meléndez Eyraud
explora las inquietudes de su época, de su gente, ajeno a
las valoraciones de los críticos.
Contacto Magazine y Meléndez Eyraud sostuvieron el siguiente diálogo:
JHC.- Desde hace algún tiempo,
mucha gente ha declarado la muerte del teatro. ¿Es cierto
que el teatro está muerto, frente al empuje del cine, la TV
y las nuevas formas de expresión como los multimedios e Internet?
AME.- El teatro es el padre de la literatura
dramática universal, del cine y la televisión. Su papel
en la historia del hombre es imprescindible para entender a su gente.
Además es el medio de comunicación por excelencia de
los antiguos pueblos de Grecia y de toda la cultura occidental. Ha
sobrevivido por más de dos milenios a todo tipo de acontencimiento
político, religioso y social. De modo que para el teatro las
cosas nunca han cambiado, de ahí su fortaleza, su trascendencia.
En la actualidad podemos decir que vive bajo la amenaza de su competencia
frente a las demandas del mercado capitalista, es cierto. Pero yo
soy un romántico y quiero pensar al revés, el teatro
es inmortal, porque su escencia es el alma de la humanidad.
JHC.- ¿Qué te propones
con tu teatro? ¿Qué temas te inspiran más y
qué
géneros te interesa explorar?
AME.- Mi teatro es teatro para el pueblo.
No para críticos o especilistas en documentar corrientes,
tendencias, escuelas, etc. Tampoco pretendo descubrir el hilo negro,
o mucho menos estoy interesado en crear vanguardia. Mi ejercicio
como dramaturgo nace de la necesidad de autocomplacerme con la creación
de mundos alternativos. Es un ejercicio subjetivo con una finalidad
objetiva, la de transmitir una verdad, que surge de una premisa o
idea, en un escenario frente a un público en vivo. Los temas
y géneros se presentan cuando esta idea de la que hablo es
lo suficientemente fuerte para sorprenderme y atraparme; entonces
sí, digo: esta idea, ¿qué tratamiento me pide? ¿Comedia? ¿Tragedia?
¿Es teatro del absurdo, es naturalismo, qué es?
JHC.- Apenas en septiembre, ha salido
tu libro "Graffiti y otros tintes teatrales". En términos
generales, ¿qué nos dices en esas cuatro obras teatrales?
AME.- Las obras publicadas en este
libro son producto de varias etapas en mi carrera como dramaturgo.
Son tan diferentes unas de otras que sería imposible encontrar
una relación sustancial entre ellas. Sin embargo, contienen
un común denominador: la realidad del hombre contemporáneo
y su necesidad por destruirse a sí mismo.
JHC.- Se te considera parte de la nueva
generacion de dramaturgos bajacalifornianos. ¿Cuán
difícil es para la nueva generación abrirse paso en
el teatro de hoy?
AME.- Desafortunadamente es muy difícil,
y no muchos de los nuevos escritores encuentran un refugio en sus
entidades, por lo cual surge la famosa fuga de talentos. No obstante,
el mesianismo de algunos, (me incluyo) nos ha llevado a buscar nuevos
horizontes. No bastan los premios y becas que el creador pueda recibir
para estimular su actividad como escritor de teatro, cuando sus obras
jamás se montan en un escenario.JHC.- ¿Crees que es
posible trasladar la vitalidad del teatro latinoamericano a una ciudad
convulsa y difícil como Los Angeles?
AME.- Quiero ser optimista en este
sentido. Voy llegando a esta gran ciudad, y creo que toda gran ciudad
tiene grandes oportunidades. Pero, en el fondo, se trata de lo siguiente.
La gente sabe distinguir bien lo que es una obra de arte no comercial
(sea pintura, danza, teatro), y por nuestra condición de consumidores
compulsivos, tenemos la capacidad para agradecer una obra de arte
sincera cuando se nos presenta y paradógicamente nos gusta.
Partiendo de esta premisa, creo que lo que hace falta es formar un
nuevo público presentando obras originales que hablen al subconsciente
latinoamericano, evitando consolidar una estética particular,
o escuela, sino idealizando la presencia de un movimiento teatral
con nuevos autores y directores dispuestos a levantar la voz en favor
de un público cansado del automatismo generado por la guerra
multimedia.
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