EE.UU.:
Un Día de Terror
Primera Crónica
General Después de los
Ataques (septiembre 11 y 12 de 2001)
Por
ALEIDA DURAN
New York-New Jersey
JESUS HERNANDEZ
CUELLAR
Redacción Central - Los
Angeles
La capacidad de Estados Unidos de prevenir ataques
terroristas en contra de sus ciudadanos y de sus símbolos
principales fue puesta a prueba la mañana de ayer, 11 de
septiembre de 2001, cuando un grupo de desconocidos secuestró
cuatro aviones comerciales y estrelló dos de ellos contra
las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, y uno contra
el Pentágono, la sede del Departamento de Defensa, en Washington
D.C. Otro aparato cayó en el estado de Pensilvania.
Se calcula que en el momento en que la primera nave chocó
contra una torre del World Trade Center, podrían encontrarse
dentro de ese gigantesco edificio de 110 pisos en cada torre, situado
en el corazón del distrito financiero de Nueva York, alrededor
de 10 mil personas.
Esto ocurrió poco antes de las nueve de la
mañana, hora del este. Unos 15 minutos más tarde otro
avión secuestrado atravesó la segunda torre, cuando
ya había bomberos, periodistas y cámaras de televisión
en el lugar, que captaron la dramática escena.
Alrededor de una hora más tarde comenzó
el desplome increible de las torres seguido por una gigantesca nube
de polvo y escombros. La televisión mostró escenas
dantescas de personas que se lanzaron al vacío desde lo alto
de las torres, antes del derrumbe, prefiriendo morir de esa manera
y no quemados por los infernales incendios que se producían
dentro del edificio.
"Las imágenes de aviones chocando contra edificios,
incendios y la caída de enormes estructuras nos han llenado
de incredulidad, una tristeza terrible y un enfado indescriptible.
Estas masacres estaban dirigidas a aterrorizar y a acobardar a nuestra
nación y sumirla en el caos, pero no pudieron atacar los
pilares de nuestro país", señaló el presidente
George W. Bush en el discurso que pronunció la noche del
día 11.
"Nuestro país es fuerte y personas fuertes
se han movilizado para defender a nuestra gran nación", agregó
el presidente, que en horas de la tarde, en otro discurso, prometió
a los norteamericanos que su gobierno perseguiría y castigaría
a los responsables de esta tragedia.
Condenas y Solidaridad
Desde las primeras horas del día 11, Estados
Unidos comenzó a recibir mensajes de solidaridad, apoyo y
condolencia de los más importantes líderes mundiales,
mensajes que estuvieron acompañados de las más enérgicas
condenas a los hechos.
El presidente mexicano Vicente Fox, amigo personal
de Bush, condenó los atentados calificándolos de "actos
criminales" y manifestó su "solidaridad con las víctimas
y con los familiares de las víctimas".
En un acto sin precedente, México anunció
también que suspendería las celebraciones de las Fiestas
Patrias por la independencia mexicana, a celebrarse el 15 de septiembre
con el tradicional "Grito" de ¡Viva México! dado siempre
por los presidentes de la nación azteca.
Por vía de su Ministerio del Interior, España
condenó los atentados y dijo que no debían tomarse
sólo como ataques a Estados Unidos, sino a "todas los países
democráticos que viven en libertad".
España ha estado últimamente bajo continuos
ataques terroristas perpetrados por el grupo separatista vasco ETA,
entre ellos 35 asesinatos desde que la organización separatista
puso fin a una tregua adoptada unilateralmente en 1999.
Junto con la solidaridad internacional, se produjeron
también los actos de apoyo internos. Miles de personas acudieron
el mismo 11 de septiembre a centros de la Cruz Roja y hospitales
para donar sangre.
Desde Los Angeles se enviaron equipos y perros entrenados
en tareas de rescate, dada la experiencia de esta ciudad en estas
actividades por los terremotos que la estremecen a cada momento.
En Nueva York, a pesar de la parálisis de la
ciudad y el cierre de calles, los ciudadanos acudieron a los centro
de donación de sangre e hicieron largas filas en espera de
su turno.
El alcalde de la ciudad, Rudolph Giuliani, que estaba
muy cerca de las torres gemelas cuando ocurrieron los derrumbes,
narró a la prensa que el centro municipal de emergencias
había sido ubicado en el World Trade Center, por lo que quedó
inhabilitado. Al conocerse el atentado, él y otros funcionarios
municipales abrieron otro centro a poca distancia de las torres,
pero el desplome de las mismas dejó atrapadas a todas las
personas que se encontraban en el edificio donde se localizó
el nuevo centro.
"Encontramos una salida y caminamos hacia el norte",
relató Giuliani.
El alcalde dijo que varios heridos leves fueron trasladados
por barco a través del río Hudson hasta el Parque
Nacional de la Estatua de la Libertad, mientras que los más
afectados fueron atendidos en hospitales locales.
En los muelles del río Hudson se habilitó
una morgue provisional, donde se fueron colocando los cadáveres
rescatados.
Médicos, enfermeras e inclusive psicólogos
de Nueva York fueron acuartelados en diferentes centros de atención,
ante la enorme cantidad de heridos y personas afectadas tanto por
las explosiones y los derrumbes, como por la nube de polvo y escombros
que cubrió una buena parte de Manhattan.
La mayoría de los expertos coincide en afirmar
que los ataques contra Nueva York y Washington parecen haber sido
cuidadosamente planeados y ejecutados por profesionales con conocimiento
de aeronáutica, dispuestos a morir.
Todos los aviones secuestrados para perpetrar los
ataques eran de gran tamaño, con lo cual se garantizaba la
destrucción inmediata de los objetivos. También cubrían
distancias largas, dirigiéndose hacia el oeste, lo cual significa
que tenían una buena cantidad de combustible, lo suficiente
para ser desviados de sus rutas rumbo al nordeste del país
y provocar grandes explosiones al estrellarlos contra los blancos
de los ataques.
Algunos expertos han señalado también
que los terroristas habrían manejado los aviones ellos mismos,
ya que cualquier piloto comercial estaría dispuesto a morir
antes que estrellar su avión contra un edificio como el del
World Trade Center o el Pentágono.
Nada de lo anterior, puntualizaron, podría
llevarse a cabo sin una logística adecuada, sin información
suficiente de las rutas de vuelo y sin conocimientos de cómo
pilotear un avión.
Otros indicaron que el tiempo que transcurrió
entre el primer y el segundo ataque contra las torres gemelas, parece
haber sido concebido para dar tiempo a la llegada de la televisión
y que las cámaras pudieran captar el impacto contra la segunda
torre.
Un ataque suicida puede ser hecho por un demente,
pero cuatro el mismo día, tres de ellos contra símbolos
muy específicos del poder norteamericano deja fuera de toda
duda que se trató de una conspiración astutamente
diseñada, y llevada a cabo con un alto grado de fanatismo,
supuestamente propio de los enemigos de Estados Unidos en el mundo
árabe.
Posibles autores
Los dedos acusadores apuntaron de inmediato para un
personaje singular, a quien se atribuyen otros atentados. Se trata
del saudí Osama bin Laden, quien había advertido tres
semanas atrás que él y sus seguidores llevarían
a cabo un ataque sin precedentes en Estados Unidos por el apoyo
que este país brinda a Israel, de acuerdo con un periodista
árabe radicado en Londres.
El periodista, Abdel-Bari Atwan, editor del periódico
al-Quds al-Arabi -- y quien tiene acceso al millonario y terrorista
saudí, dijo que fundamentalistas islámicos dirigidos
por bin Laden "seguramente" estaban detrás de los ataques
sufridos por Estados Unidos la mañana del 11 de septiembre.
"Es muy probable que sea obra de grupos fundamentalistas
islámicos. Osama bin Laden advirtió tres semanas atrás
que realizaría un ataque sin precedentes contra objetivos
en Estados Unidos, uno grande", dijo Atwan a la agencia británica
de noticias Reuters.
"Recibimos personalmente información de que
planeaba ataques muy, muy grandes contra objetivos estadounidenses.
Recibimos varias advertencias como esa, pero no las tomamos seriamente,
preferimos ver qué pasaría antes de informarlo", añadió.
Se dice que bin Laden tiene millones de dólares
a su disposición y opera con computadoras y teléfonos
celulares oculto en algún país fundamentalista, que
muchos han identificado como Afganistán, país gobernado
por el Talibán, un sistema político-religioso-militar,
extremadamente tradicional y radical.
Estados Unidos había ofrecido desde antes de
los ataques del día 11, cinco millones de dólares
de recompensa por la captura de bin Laden.
Sin embargo, las autoridades estadounidenses no habían
hecho referencia alguna a este personaje, como posible autor intelectual
de los ataques, al menos hasta la mañana del miércoles
12 de septiembre.
Por su parte, el millonario y terrorista saudí
no había reivindicado los ataques hasta ese día, pero
tampoco había negado ser el autor de los mismos.
El presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat,
dijo sentirse "horrorizado" por las imágenes que había
visto y condenó los ataques, desvinculando así al
liderazgo palestino de posibles sospechas. El enfrentamiento árabe-israelí
ha sufrido una escalada terrible en los últimos 11 meses,
con actos de violencia en Jerusalén y territorios aledaños.
La televisión norteamericana presentó
también imágenes de civiles palestinos, en Jerusalén,
celebrando con algarabía y haciendo señales de la
"v" de la victoria, por los ataques que estremecieron a Estados
Unidos. Los adultos repartían caramelos a los niños,
acción que es un símbolo de fiesta para los palestinos.
Nafez Azzam, funcionario de la Jihad Islámica,
uno de los grupos más activos en contra de Estados Unidos,
también hizo un leve intento de desvincularse, aprovechando
la ocasión para criticar a Washington.
"Lo ocurrido hoy en Estados Unidos es una consecuencia
de las políticas norteamericanas en esta región",
dijo Azzam.
"Estamos en contra de la muerte de gente inocente",
agregó.
El jeque Ahmed Yassin, líder espiritual de
Hamas, otra organización antinorteamericana, también
negó la participación de su grupo.
"Estados Unidos tiene ahora que reconsiderar su posición
y adoptar una postura justa e imparcial en todo el mundo. Hamas
ha reiterado en el pasado y en el presente que nuestra batalla es
por el suelo palestino. Nunca lo hemos hecho ni estamos listos para
transferir nuestra lucha fuera de nuestra tierra palestina ocupada",
declaró Yassin.
Qais abu Leila, líder del Frente Democrático
para la Liberación de Palestina, también descartó
que su grupo haya participado en los atentados.
"No tenemos relación con este ataque. Siempre
hemos sido contrarios a los ataques terroristas contra blancos civiles,
especialmente fuera de los territorios ocupados. Negamos nuestra
responsabilidad y apelamos al gobierno estadounidense a que revise
sus actitudes y posturas con respecto a la cuestión palestina
porque suscitan odio e ira en los pueblos árabes e islámicos,
y les instan a causar daño a los intereses estadounidenses
en nuestra región", subrayó abu Leila.
Cuba criticó los ataques y ofreció sus
aeropuertos para el aterrizaje de aviones norteamericanos si fuese
necesario. El gobierno de Fidel Castro se encuentra en la lista
de promotores del terrorismo que confecciona anualmente el Departamento
de Estado de Estados Unidos.
Desertores de los servicios de inteligencia cubanos
han revelado en varias ocasiones que el régimen de Castro
ha entrenado en su territorio no sólo a guerrilleros latinoamericanos,
sino también a terroristas palestinos e inclusive a comandos
del grupo vasco ETA.
En horas de la tarde del día 11, la cadena
de televisión CNN mostró imágenes de un bombardeo
a un aparente arsenal militar en Kabul, la capital de Afganistán.
Se creyó que el bombardeo podía ser una represalia
de Washington contra ese país, por su presunta protección
a bin Laden. Pero el Departamento de Defensa desmintió inmediatamente
que Estados Unidos hubiese emprendido una ofensiva militar contra
Afganistán.
Durante las horas que siguieron a los ataques, los
aeropuertos norteamericanos suspendieron sus actividades y ningún
avión comercial voló sobre espacio aéreo de
Estados Unidos. Las fronteras con México y Canadá
también se cerraron.
El Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de
Estados Unidos puso en estado de alerta máxima a todo su
aparato militar, dentro y fuera del territorio estadounidense, incluidas
las flotas del Atlántico y del Pacífico.
Aun sin un número específico de muertos,
que se calcula en miles, los ataques del 11 de septiembre podrían
ser el golpe más duro que haya recibido Estados Unidos desde
su guerra civil del siglo XIX, inclusive más dramático
que el ataque a Pearl Harbor en 1941, donde murieron alrededor de
2,300 norteamericanos por una ofensiva militar japonesa. Aquel hecho
provocó la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra
Mundial.
© CONTACTO Magazine
Publicado en CONTACTO Magazine la madrugada del 12 de septiembre
de 2001
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